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Portada del libro que el arquitecto y pintor Vaquero Palacios dedicó a la arquitectura virreinal del país de su mujer. / E. A.
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La Universidad de Valladolid publica un libro inédito de Joaquín Vaquero Palacios sobre las iglesias coloniales de El Salvador, que ha sido rescatado por Javier Mosteiro, catedrático de la ETSAM, y Francisco Egaña Casariego, profesor de la UVa en el campus María Zambrano.

El arquitecto y pintor Joaquín Vaquero Palacios (1900-1998), ligado estrechamente a Segovia, falleció sin llegar a publicar este trabajo, que hoy, más de medio siglo después de su conclusión, ve la luz a través del Servicio de Publicaciones de la Universidad de Valladolid. Vaquero realizó este estudio sobre las iglesias históricas salvadoreñas durante dos largas estancias en El Salvador en 1945 y 1961. Hay que recordar que “el artista contrajo matrimonio en 1928 con la salvadoreña Rosa Turcios Darío, sobrina carnal del poeta nicaragüense Rubén Darío, circunstancia que vinculó su vida y su obra al continente americano”, apunta el profesor Egaña Casariego.

En esos dos periodos —1945 y 1961— Vaquero recorrió el país para conocer sus viejas iglesias y obtener datos históricos, arquitectónicos y artísticos; dibujarlas, realizar levantamientos, fotografiar sus fábricas, analizar las estructuras de cubierta y describir sus retablos y ornamentos. Los autores del libro editado por la UVa aseguran que esta tarea de toma de datos supuso un esfuerzo abrumador y lleno de dificultades, derivadas principalmente de las malas comunicaciones, llegando a adquirir en ocasiones tintes de aventura al toparse con carreteras anegadas por las crecidas de los ríos o caminos engullidos por la vegetación selvática. Otras veces, por las pernoctaciones en poblados de chozas a falta de otras opciones de alojamiento. En su estudio Vaquero dejó constancia de algunas de estas vivencias, así como de los insólitos paisajes sobre los que se levantaron estos templos del virreinato de Nueva España. Y, naturalmente, como pintor, no desaprovechó la ocasión para realizar numerosas pinturas de aquellas iglesias encaladas, que destacaban con fuerza sobre el verdor oscuro de la selva y que se hallaban rodeadas por montañas y volcanes.

El libro, que estudia un total de veinticinco templos coloniales, llegó a ser concluido, tanto en el texto como en la relevante documentación fotográfica aportada, en 1961; pero vicisitudes sobrevenidas ocasionaron que haya permanecido inédito hasta la fecha. La publicación consta de 225 páginas que incluyen plantas y dibujos de iglesias y fotografías del propio Vaquero. Su redacción resulta muy ágil y amena, por lo que se abre a distintos perfiles de lector.

El estudio que ahora se publica constituye una aportación original y relevante para el conocimiento de la arquitectura virreinal, adquiriendo un extraordinario interés al haber desaparecido algunas de estas iglesias bajo los efectos de los frecuentes terremotos o haber sido transformadas.
El extenso y documentado estudio preliminar de los profesores Mosteiro y Egaña sitúa este trabajo en el amplio contexto cultural de Vaquero, particularmente, en lo que atañe a su intensa relación con El Salvador. Los editores incluyen, además, una bibliografía y una sinopsis del artista. El prólogo del libro ha sido escrito por el catedrático de la Escuela de Arquitectura de Valladolid, Carlos Montes Serrano.

Esta publicación contribuye a ensanchar la dimensión humanística de este relevante artista asturiano, cuya vida y obra cubren casi por completo el siglo XX. La obra de Vaquero, muy extensa y de un enorme poder creativo, se desarrolló en los campos de la arquitectura, la ingeniería, la escultura, la pintura y el diseño industrial, llegando a integrar estas disciplinas en un conjunto de cinco centrales eléctricas de la sociedad Hidroeléctrica del Cantábrico en Asturias. Precisamente, la Fundación ICO de Madrid acoge hasta el próximo mes de mayo una exposición sobre su labor de integración de las artes en estas centrales eléctricas (‘Joaquín Vaquero Palacios. La belleza de lo descomunal. Asturias, 1954-1980). “Una obra plástica y arquitectónica de carácter marcadamente vanguardista —señala Francisco Egaña — que resulta tanto más sorprendente si se tiene en cuenta que fue realizada en paralelo a la restauración de destacados monumentos históricos en Segovia, como son su propia casa-estudio de la calle de Velarde (1964-1967), el Torreón de Lozoya (1970-1974) o el Torreón de Rueda (1973-1980), en la calle Escuderos”. Para el profesor de la UVa todas estas obras “dan cuenta no sólo de su condición de artista integral, sino de su extraordinaria sensibilidad”.