Tras el socavón ocasionado por el torrente de la tormenta del lunes en San Millán el viernes comenzó a proyectarse hormigón para rellenar la oquedad. / Rocío Pardos
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La fuerte tormenta de la tarde del lunes pasado ha puesto en evidencia que la capacidad del colector del arroyo Clamores es insuficiente cuando las precipitaciones superan los 30 litros por metro cuadrado en poco espacio de tiempo y se suma a la ya larga lista de inundaciones de este afluente del Eresma, alguna relativamente reciente como la de agosto de 1981 que, al igual que ha ocurrido esta semana, causó un gran socavón en el barrio de San Millán. Un estudio científico, presentado en un congreso internacional hace 16 años por los geólogos Andrés Díez Herrero y José María Bodoque del Pozo, entre otros, alertaba ya entonces de la peligrosidad de este cauce que transcurre bajo la ciudad a lo largo de cuatro kilómetros de sureste a noroeste.

Este estudio, cuya principal conclusión es que el desarrollo urbano de Segovia a lo largo de la historia reciente, sobre todo, ha incrementado las puntas de crecida del Clamores, fue trasladado también a los servicios técnicos de las concejalías de Urbanismo y de Obras, según sostiene Díez, segoviano e investigador científico de la Unidad de Riesgos Geológicos del Instituto Geológico y Minero de España (IGME).

Este experto, además, lanza una propuesta, entre varias posibilidades, como solución para evitar la sobrecarga de este colector, consistente en utilizar el Lago Alonso, en las inmediaciones del barrio de Nueva Segovia, como tanque de tormentas.

La citada investigación sobre los efectos del desarrollo urbano histórico sobre la peligrosidad por inundaciones del arroyo Clamores es fruto de una tesis doctoral anterior de Bodoque, de la que Díez fue también uno de los directores.

Ya se advertía en ese momento que en la actualidad si se produjera una tormenta similar a la ocurrida en Segovia el 23 de junio de 1733, que según las crónicas causó nueve muertos, daños importantes en 300 viviendas y 540.000 ducados en pérdidas, el caudal punta de crecida resultante se incrementaría en torno a un 35% en relación con el de ese momento, porcentaje que subiría hasta el 43% cuando se ejecuten los desarrollos urbanos previstos en el Plan General como, por ejemplo, los de Prado Bonal.

Cauce impermeable

Este trabajo, en base a un modelo científico con técnicas y aplicaciones hidrográficas e hidráulicas, realiza además una simulación –con técnicas paleohidrológicas–, ya que toma como referente el citado evento de inundación del siglo XVIII, al ser el más extremo ocurrido en la cuenca del Clamores, e incide en la modificación de la respuesta hidrológica de una cuenca por cambios en el uso del suelo.

Díez hace hincapié especialmente en el desarrollo urbano en barrios como el de Nueva Segovia. Eso ha llevado a la disminución de la permeabilidad de la cuenca, ya que en torno al 40% de la misma se corresponde con superficie impermeable.

Así, el resultado de la urbanización progresiva, ocasiona que el Clamores, cuya cuenca tiene una longitud de 5,2 kilómetros pero solo un kilómetro en la cabecera conserva el cauce natural, sea en la actualidad un colector de aguas residuales. La canalización y el posterior recubrimiento de este arroyo se realizó en diferentes etapas entre 1893 y 1952, con más de una docena de intervenciones a lo largo de ese periodo.

Ese 40% de superficie impermeable de la cuenca vertiente del Clamores se corresponde con un uso del suelo urbano (las áreas con presencia de edificios, calles, aparcamiento, etc.), mientras que un 46,7% son espacios abiertos (pastizales, jardines), otros espacios (pistas, parques) representan el 6,8% y un 6,2% son zonas boscosas.

Posibles Soluciones

Andrés Diez explica que las posibles soluciones para evitar el colapso del colector del Clamores suponen “hacer circular esos caudales extremos sin que causen los problemas que han surgido esta semana” y una opción sería ampliar el colector actual, algo que, sin embargo, adelanta que es inviable, tanto por las dificultades técnicas como por el elevado coste económico. Supondría levantar avenidas como la de la Constitución, calles como Cantarranas e Independencia, varios edificios en la zona entre esta última vía y el barrio de San Millán; es decir, garajes y sótanos y añade que “me consta, porque así me lo hicieron saber en su momento técnicos municipales, que estaríamos hablando de centenares de millones de euros”.

Tampoco sería suficiente “redimensionar, ampliar y fortalecer las paredes del muro del colector en una zona, donde es fácil, porque el efecto ariete que hace la punta de la crecida en esas otras zonas no fortalecidas lo destruiría todo, se formarían cuellos de botella, estrechamientos y embudos”, dice.

Otra posibilidad es construir otro colector. Afirma este experto que en la actualidad los tres grandes colectores siguen los valles del río Eresma y los arroyos Clamores y Tejadilla, encauzando las aguas residuales y de lluvia de La Albuera, San Lorenzo y parte del recinto amurallado el primero y los de los polígonos de Hontoria, El Cerro, barrio del Puente de Hierro y parte de la carretera de Villacastín, el último. Un cuarto colector podría recoger las aguas de El Palo-Mirasierra y de Nueva Segovia para liberar en parte al del Clamores “pero en un punto determinado se tendría que derivar al del Eresma o al de Tejadilla porque no hay otro valle que cruce la ciudad, no hay por donde llevarlo ni se puede levantar toda Segovia”.

Lago Alonso

La tercera solución, y en principio la más viable, a falta de los correspondientes estudios, consiste, en opinión de Díez, en rebajar el caudal de cuenca mediante un sistema de tanques de tormenta, “que son simples depósitos a los que se conduce la punta de caudal y donde se va almacenando y llenando el tanque como en una cisterna, de manera que cuando está llena va rebosando lentamente, disminuyendo la punta y aumentando el tiempo en el que está drenando”.

Cuenta este geólogo segoviano que hay miles de tanques de tormenta en toda España, en las principales ciudades, siendo uno de los más espectaculares el situado en el subsuelo del aparcamiento del Camp Nou, en Barcelona, de 30 metros de altura.

Construir un tanque de tormentas con capacidad suficiente en el núcleo urbano de Segovia supone otro problema, por falta de superficies adecuadas y por el coste, pero Díez indica que una posibilidad a tener en cuenta es utilizar el Lago Alonso “porque ya está hecho –es una antigua cantera de áridos de machaqueo– y se podría utilizar el colector que drena Nueva Segovia, desde el Conservatorio al parque de Bomberos, con un baypass hidráulico que, en el caso de tormentas torrenciales, canalizaría el agua hasta el lago y liberaría el colector del Clamores. No creo que así este último entrara nunca en carga pero esta es una idea que hay que estudiar, dimensionar y presupuestar”, concluye.

Una fuerte tormenta inundó parte del barrio de San Millán en agosto de 1981

El Clamores tiene un largo historial de crecidas

La tesis doctoral de José María Bodoque del Pozo, dirigida por el geólogo segoviano del IGME Andrés Díez y por el profesor de la Complutense José Francisco Martín Duque en 2006, recoge las inundaciones históricas por crecidas y precipitaciones in situ en la ciudad de Segovia desde 1.500 hasta 1999. Aunque hay más inundaciones del río Eresma, la más dañina, porque causó muertes y daños en 300 viviendas, fue la ocasionada por la crecida del arroyo Clamores el 26 de junio de 1733.

Este trabajo doctoral recoge también la documentación fotográfica publicada en El Adelantado de Segovia en agosto de 1981, cuando otra tormenta causó daños en viviendas, sótanos e infraestructuras. En ellas se pueden apreciar desde objetos y productos dañados en las bodegas ubicadas en la hoy plaza de la Universidad, junto al Regimiento al nivel del agua en el barrio de San Millán, anegando plazas enteras con vehículos con el agua hasta las ventanillas, y un boquete junto a una de las aulas prefabricadas que entonces había en la zona conocida como polígono de San Millán. En septiembre de 1999 las fuertes precipitaciones casuaron inundaciones que afectaron sobre todo a puntos de los barrios de San Millán, San Marcos y San Lorenzo.