David Mingot.
David Mingot.

El 20 de diciembre de 2022 El Adelantado de Segovia informaba a nuestros lectores de la tala de 28 árboles ubicados en el cinturón verde del casco antiguo, en un artículo donde el Ayuntamiento comunicaba la contratación a tal efecto de una empresa especializada a la que ha destinado un presupuesto de 18.000 euros, señalando que el mal estado de los ejemplares, de avanzada edad, y el riesgo de caída aconsejan su retirada.

Posteriormente, el 12 de febrero, el ex presidente del Foro Geobiosfera de Segovia, Javier Sáez Frayssinet, pedía, también desde las páginas de nuestro periódico, sensibilidad con aves y vegetales en intervenciones del patrimonio cultural, asegurando que compatibilizar la protección de monumentos con la biodiversidad urbana es posible con programación y presupuestos reducidos. En concreto, sobre la tala realizada, calificó de arboricidas al actual edil de Izquierda Unida, Ángel Galindo, y a los técnicos de la Concejalía, por la decisión de destruir ejemplares que -en su opinión- cumplían una función ornamental pero -sobre todo- ecológica, porque formaban parte del hábitat de especies protegidas, como el águila calzada, entre otras. Por su parte, el Foro Geobiosfera ha solicitado al Ayuntamiento los informes técnicos que hayan servido de justificación para esta decisión, a lo que esta administración ha respondido diciendo que no dispone actualmente de personal para facilitar esta información.

Estamos dando un paseo con David Mingot, Ingeniero de Montes, especialista en arboricultura urbana y gestión y conservación de árboles singulares, por el Paseo de Santo Domingo de Guzmán, uno de los espacios que han sufrido recientemente estas talas.

—A la vista de estas cortas ¿qué nos puede decir sobre la tala de árboles?
—En primer lugar, he de deciros a los que vivís en Segovia, tenéis la suerte de tener doble patrimonio: uno, histórico-cultural, indiscutible, con fondos asignados para su conservación y otro, natural, de gran belleza y no menos importante al que también es necesario cuidar. Por ejemplo, impresiona la fuerza del río que acabamos de pasar, la arboleda, tan fresca y bonita, por la que paseamos, el que -en estos momentos- nos sobrevuelen dos buitres negros, especie en peligro de extinción, o que, en lo que fue este castaño de indias -dice, señalando el tocón de uno de los árboles talados- haya anidado un águila calzada… todas estas cosas son auténticos tesoros.
Por todo ello, los árboles ubicados en un entorno urbano han de mantenerse en un adecuado estado de conservación, que garantice un nivel de seguridad elevado frente a posibles riesgos y afecciones a los usuarios o sus bienes. Estoy seguro que son objeto de revisiones frecuentes y de labores de mantenimiento que aseguren la permanencia con los mayores grados de seguridad posible. Desde luego, la tala ha de ser la última decisión a tomar por el gestor y siempre conviene justificar, en la medida de lo posible, la ejecución de las mismas para que los ciudadanos entiendan que no es una tala indiscriminada. Podemos decir que -en cualquier caso- la tala de los árboles es el fracaso de la gestión.

—Hemos ido observando, durante nuestro paseo, cada uno de los tocones que han quedado tras la tala. ¿Qué nos puede decir de lo observado?
—Desconozco los motivos por los que se han cortado estos árboles. La administración responsable debería disponer de un informe técnico que recomiende la tala de cada uno de los árboles que se han cortado. Obviamente, entiendo que estos informes han debido ser realizados por técnicos cualificados y contener una evaluación completa del estado de cada ejemplar recomendando –en su caso- como última solución, la tala. Además, por tratarse de un asunto de alta sensibilidad para los ciudadanos, parece conveniente que se dé un grado alto transparencia, asegurando que la ciudadanía sea informada sobre la decisión y sus motivos. Debemos tener en cuenta que el arbolado forma parte de nuestro patrimonio, así como lo que representa, en relación con el cambio climático.
En general, los tocones de los árboles talados no presentan signos de patologías o plagas relevantes ni de deficiencias estructurales que puedan justificar su abatimiento. Sólo en algún caso aislado se han encontrado síntomas de la presencia de termitas de acción oportunista en el duramen de un castaño de indias.
El análisis del entorno cercano a los ejemplares talados no presenta variaciones significativas de nivel que pudieran hacer sospechar posibles cambios en la zona de compresión de raíces; tampoco se ha observado de visu una presencia relevante de cuerpos de fructificación de hongos de pudrición, ni tampoco he visto encharcamientos en sus alrededores.

—Hemos visto un tocón que presentaba oquedades.
—La presencia de oquedades es signo de podredumbre del tronco, pero no por eso el árbol es necesariamente peligroso y debe ser talado. Con ese criterio ¡también tendríamos que quitar las farolas del paseo!. Hay que tener en cuenta otros factores, por ejemplo, lo que en arboricultura se denomina “espesor de pared residual suficiente”, esto significa que cuando el espesor de la pared residual no es inferior a un tercio del radio del tronco se considera que el ejemplar es estructuralmente seguro. En este tocón, la pared residual sí es suficiente, por lo que la oquedad que presenta a esta altura no serviría para justificar su tala.

—¿Se puede ‘ver' un árbol por dentro en vivo?
—Si, existen diferentes instrumentos; por ejemplo, se utiliza el tomógrafo, aparato semejante al utilizado en hospitales. Una tomografía manda una señal eléctrica a dos sensores. La velocidad de transmisión de la señal da el grado de conservación de la madera. Con esto sabremos la densidad del tronco y tendremos más información para tomar decisiones adecuadas.

—También hemos visto un tocón que indicaba que el árbol se encontraba inclinado, concretamente un sauce llorón. ¿Debe esto considerarse peligroso?
—El hecho de que un árbol se encuentre inclinado no lo convierte en peligroso de por sí, dado que éste ha podido desarrollar mecanismos de equilibrio estructural con el sistema radicular durante los años de su vida; también hay que tener en cuenta su entorno, ya que pueden estar dominados por arboles laterales más vigorosos y grandes. Se convertiría en peligroso si existen variaciones en su exposición a los vientos o se observaran síntomas indicativos de alteración en su estabilidad, como variaciones en su inclinación, que nos harían sospechar una posible rotura radicular. En fin, no existe una receta rápida de “árbol inclinado = árbol peligroso”. Los árboles tienen que ser seguros en la ciudad y hay que poner los medios para que lo sean. Por supuesto, si no se puede asegurar la estabilidad de un árbol hay que plantearse su sustitución, pero siempre hay que justificar bien esa necesidad. Las razones de seguridad también hay que justificarlas técnicamente.

—¿Qué otros aspectos sería importante tener en cuenta en la valoración del estado de estos árboles talados?
—Dada la imposibilidad de analizar el tronco y las ramas, tras su abatimiento, podemos recurrir al programa Google maps, donde encontramos fotografías continuas del paseo tomadas en julio de 2022, en verano, en el momento en el que los árboles situados en el entorno de clima mediterráneo continental sufren un mayor nivel de stress hídrico y están en una situación más limitante. En este caso, el paseo se sitúa en la ladera norte de la ciudad, en situación de umbría, por lo que la exposición a la luz solar es más reducida que en otras partes de la ciudad. Al observar estas fotografías, en la gran mayoría de ejemplares no se aprecian elementos estructurales secos (salvo algunos elementos menores que pueden ser tratados mediante podas de mantenimiento) y los ejemplares presentan un nivel de desarrollo foliar y de densidad de copa muy aceptable, aunque hay que señalar que los troncos están colonizados por hiedra, que puede ayudar a no detectar a simple vista defectos o huecos relevantes.

—¿Qué otras razones, entonces, podrían justificar ésta tala?

—Es posible que existieran deficiencias estructurales en el tronco o en las ramas o patologías y plagas que, tal y como hemos indicado antes, no se puedan apreciar en las fotografías y que pudieran constituir un elevado riesgo para los usuarios de la zona. Entiendo –por supuesto- que para cualquier Administración responsable la seguridad debe ser prioritaria. Aún así, si fuera un problema de ramas principales secas, se podría entender la intervención en estas estructuras peligrosas y la reestructuración y reequilibrio del resto del árbol, pero no su tala como primera opción. Si fuera el caso de problemas en el tronco, se podría valorar, antes de la tala y en función de la localización del problema, la posibilidad de trasmochar o terciar el ejemplar, siempre que éste quedara estructuralmente asegurado y no perdiera su capacidad de aportar su belleza al conjunto de la arboleda. Respecto a plagas y patologías, no se han observado signos o síntomas en árboles de las mismas especies colindantes que puedan hacer sospechar la presencia de estos problemas, pero esta última extrapolación debe tomarse con precaución, dado que es posible que si existieran algunos problemas localizados en estos árboles y que todavía no se hubieran desarrollado en el resto por lo que no es posible valorar la actuación sin los informes correspondientes.

—¿Qué impacto ambiental tiene la pérdida de estos árboles?
—Es un tema de máxima importancia y del que existe actualmente información y métodos de evaluación. El arbolado urbano ofrece numerosos beneficios a la ciudad, los denominados servicios eco-sistémicos. Estos servicios contribuyen a mejorar la calidad del aire, la regulación térmica, la gestión del agua de lluvia y el incremento de la biodiversidad. La disminución de la masa arbórea implica una pérdida de los servicios aportados.

—¿Es posible poner en valor esos servicios eco-sistémicos?
—Si, es posible. De hecho, en cada uno de los tocones que hemos visto se podría poner un cartelito informando de los servicios eco-sistémicos perdidos y su valor económico. Los servicios eco-sistémicos que se valoran son: eliminación de contaminantes, escorrentía evitada, secuestro de carbono (el CO2 absorbido en un año de crecimiento del árbol), almacenamiento de carbono (todo el CO2 que un árbol almacena hasta un momento dado), producción de oxígeno… hay un método de cuantificación y valoración específico para arbolado urbano llamado i-tree (www.itreetools.org). Todos estos parámetros se pueden luego valorar económicamente. Un modelo es el diseñado por Ambiental Agencia de Protección de los EEUU de Mapeo y Análisis de Beneficios Ambientales Programa (BenMAP). El cálculo de los servicios eco-sistémicos y su valoración económica nos ayuda a entender mejor su importancia y -por consiguiente- tomar mejores decisiones de manejo.

—¿Es posible sustituir con nuevas plantaciones lo que se ha perdido?

—Sin duda, hay que reconstruir esta parte de la arboleda y sustituir lo que se ha abatido plantando nuevos árboles, es un derecho que tienen las generaciones venideras; pero la mera reposición con árboles más jóvenes no va a ser suficiente para sustituir adecuadamente los servicios que los ejemplares talados ofertaban al conjunto de la ciudadanía, en términos de fijación de CO2, de biodiversidad, de sombra y frescor, de belleza paisajística… Quiero señalar también que la mera sustitución no recupera la masa arbórea anteriormente existente, no es lo mismo un árbol con 50 cm de diámetro que uno de 5 cm: tienen que pasar muchos años para recuperar lo perdido y no siempre está garantizado. En resumen, pasará más de una generación de segovianos hasta recuperar el tamaño de los ejemplares abatidos más añosos, y esto es una pérdida irrecuperable para la mayoría de la población.

—Dada su experiencia profesional en el arbolado urbano y su gestión, ¿qué nos podría recomendar para mejorar la gestión de nuestras arboledas?
—Desde la distancia, lo primero es indicar que desconozco la realidad del día a día de la gestión del arbolado urbano de Segovia, hablar a tiro pasado es relativamente fácil. Quizás, la solución está en la aplicación de la legislación y normativa vigente. Me consta que la ciudad de Segovia es pionera en poseer una normativa de gestión del arbolado a través del Plan Verde para una Ciudad Patrimonio de la Humanidad.
Es importante indicar que en muchas ocasiones, las decisiones del técnico de arbolado están matizadas por aspectos como urgencias, recursos limitados o inexistentes y cuestiones políticas, entre otras. En la medida de lo posible, el trabajo técnico no ha de verse influenciado por estas cuestiones, pero la realidad es que son factores que aparecen casi siempre en el trabajo diario. Esperemos que en un futuro se puedan diluir estos condicionantes y que la gestión sea meramente técnica.
Como despedida, me gustaría volver a incidir en la riqueza patrimonial de Segovia, que permite al visitante disfrutar de un entorno único y maravilloso que todos los segovianos tienen el privilegio de poder contemplar día a día; un patrimonio rico en arte, historia y etnografía, pero también muy rico en .