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El embalse del Pontón Alto. / JAIME GUERRERO

En un periodo del año donde las precipitaciones -ya sean en forma de nieve o de lluvia- deberían ser las protagonistas, contra todo pronóstico están brillando por su ausencia. Los agricultores segovianos ya han dejado de mirar con temor al cielo, ahora observan la tierra y los campos alarmados por las grandes pérdidas que prevén si la situación no cambia en los próximos días.

De hecho, este preocupante episodio también se extiende a los embalses de la provincia, los cuales se mantienen a tan solo el 65,4 por ciento de su capacidad total, mientras en el mismo periodo del año pasado se posicionaban cerca del 93 por ciento, según los datos ofrecidos por el portal digital Embalses.net, que ofrece el estado actual de los principales pantanos de la provincia –Linares del Arroyo, Burgomillodo, Pontón Alto y Las Vencías– a partir de los datos ofrecidos por el Ministerio de Transición Ecológica.

Sequía en pleno febrero, en pleno invierno, hasta el punto de que muchos ayuntamientos están recuperando y emitiendo los bandos sobre el ahorro y uso sostenible del agua que normalmente hacían públicos en julio y agosto. Ciertamente, aunque el porcentaje de agua embalsada registrada esta semana se haya incrementado algo más de un uno por ciento respecto a los últimos siete días, las perspectivas de estas variaciones no son halagüeñas. Y no porque el ritmo sea descendente precisamente, sino porque no se prevén precipitaciones, al menos, durante los próximos días, según pronostica la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).

Actualmente, la provincia de Segovia contabiliza 53 hectómetros cúbicos de agua embalsada respecto a los 81 totales, lo que son cuatro puntos menos que la media registrada en los últimos diez años y, a su vez, 22 menos que en el mismo periodo del año pasado, cuando se anotó uno de los mejores datos de la última década.

Situación de los pantanos

Del total de pantanos que hay en la provincia, el embalse de Linares del Arroyo, en la cuenca del Duero, es el que más volumen de agua soporta, con una capacidad total de 54,4. Sin embargo, este viernes contabilizó tan solo 31,9, lo que supone cerca del 59 por ciento. Por otro lado, el de Burgomillodo, que se nutre del río Duratón y puede acoger hasta 14 hectómetros cúbicos de agua, se sitúa al 71,4 por ciento de su capacidad total al registrar un repunte del siete por ciento en la última semana.

Un porcentaje que se eleva significativamente si se observan los últimos datos ofrecidos por los pantanos de Las Vencías y el del Pontón Alto, pues disponen de una menor capacidad para almacenar agua. De hecho, este último se encuentra al 99,8 por ciento de su capacidad total, con 7,4 hectómetros cúbicos, una cifra que generalmente permanece estable durante las primeras y últimas semanas del año, aunque disminuya significativamente a finales de verano.

De este modo, los embalses segovianos se encuentran por encima de la mitad de su capacidad. No obstante, el conjunto de España ofrece una cifra alarmante, pues la cifra total de agua embalsada cae al 44 por ciento y continúa así la tendencia descendente de las últimas semanas y que, desgraciadamente, proseguirá en los próximos días.

Peligro de incendios

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Mapa indicador del riesgo de incendios a causa de la sequía. / ICAL

En esta misma línea, es menester remarcar que la sequía en pleno invierno no solo afecta a los cultivos y al desabastecimiento de las localidades, sino que también tiene otros efectos colaterales más desconocidos, como es la propagación de incendios. A diferencia de lo que se piensa, la temperatura no es el único factor determinante de un alto o bajo riesgo. De hecho, la Junta de Castilla y León prorrogó este viernes, por tercera vez, el nivel medio de peligro de incendios forestales, el cual se extenderá, al menos, hasta el próximo jueves, 24 de febrero.

Por su parte, Abel Calle, investigador de la Universidad de Valladolid (UVa) ha advertido de este peligro, según recogió ayer la Agencia Ical. Así, enuncia que la sequía “no está determinada por rápidas variaciones de lluvia”, sino que “tiene en cuenta la persistencia de ella”. De este modo, su ausencia prolongada en el tiempo, junto a otros efectos estacionales, pueden determinar el riesgo de los incendios. Así, aunque la situación sea “dinámica”, la ausencia de humedad en las capas internas de la vegetación y suelo invitan a pensar que un fuego que pudiera originarse a día de hoy “podría alcanzar grandes proporciones”, concluye.