Álvaro Gil atiende a una mujer en su despacho de la Unidad de Familia y Asistencia a la Mujer en Segovia. / NEREA LLORENTE

La red de protección a las víctimas de violencia de género asume el reto de conciliar su seguridad sin que ello suponga crear un estigma. En la provincia de Segovia hay 166 mujeres con protección de Policía y Guardia Civil, que van desde llamadas periódicas a una escolta 24 horas al día. Los casos oscilan según los niveles de riesgo: no apreciado (37), bajo (107), medio (15), alto (3) y extremo (2). La labor policial se aúna con un trabajo de sensibilización para prevenir la violencia e invitar a las víctimas a denunciar.

La Unidad de Familia y Asistencia a la Mujer (UFAM) de la Policía Nacional se dedica a la protección de las víctimas y a la investigación. Su base de datos recogía ayer 74 casos activos en la ciudad de Segovia: 16 con riesgo no preciado, 39 bajo, 16 medio y tres alto. Son sus funcionarios quienes toman la denuncia a una mujer, investigan el caso y, si corresponde, detienen al agresor. Este grupo de policías hace también la primera valoración inicial del riesgo que afronta la denunciante. La información para esa decisión viene de diferentes fuentes, desde la víctima al agresor, pasando por testigos o servicios sociales.

“Hay que detectar al agresor sin que la mujer lo perciba. No hay que revictimizar”, subraya un inspector de la policía nacional

Esta información sirve para completar un amplio formulario de preguntas que van desde la situación laboral de la víctima a antecedentes de la víctima: desde drogas a agresiones previas, con la víctima de la denuncia o con otras. También valora la obediencia del agresor a la autoridad o si tiene un carácter celopático. El sistema Biogen analiza los datos y, mediante un algoritmo, decide el nivel de riesgo. “Nosotros tenemos la posibilidad de modificar esa valoración al alza, nunca bajarlo”, subraya Álvaro Gil, inspector de la UFAM en Segovia, que también se encarga de valoraciones periódicas y del acompañamiento a juzgados o servicios sociales. Cuando hay un riesgo extremo, el departamento de Seguridad Ciudadana se encarga del dispositivo.

Cada nivel implica una serie de medidas que van desde mantener contacto periódico con la víctima cuando no se aprecia riesgo. “Que ella nos vaya informando de cómo va la situación”. En función del riesgo, los agentes vigilan las salidas del trabajo, de casa o la recogida de los niños al colegio. “Tenemos que estar pendientes para detectar la presencia del agresor sin que ella lo perciba. Porque no se trata de revictimizar”.

Escolta personal

El riesgo extremo implica poner una escolta personal a la víctima. “Hay un momento que entraña un riesgo notable; el que va desde que la víctima pone la denuncia hasta que el agresor es detenido. Si el episodio de violencia ha sido grave y el agresor no ha sido detenido, la víctima precisa una protección elevada”. Se mantiene hasta la detención o hasta comprobar que el autor está lo suficientemente alejado y carece de motivación para acercarse a la mujer. Un caso reciente en la ciudad ha requerido de una escolta policial durante más de una semana hasta que ese factor de riesgo se ha disipado. El acompañamiento del escolta se prolonga las 24 horas del día y no siempre lo hace personal uniformado.

A ello se añaden los dispositivos telemáticos de control. El agresor debe llevar la pulsera para asegurar su distanciamiento con la víctima, que lleva otro dispositivo, en su caso externo: como un teléfono móvil. Eso permite un seguimiento preciso de las órdenes de alejamiento a partir de un radio de exclusión ante la víctima, su domicilio o el lugar de trabajo. El Centro de Control de Medidas Telemáticas de Alejamiento gestiona la aplicación. “Si el tío los traspasa, saltan todas las alarmas”.

Si víctima y agresor se cruzan de forma fortuita no supone un quebrantamiento, pero las alarmas saltan igualmente. “Nos ponemos en contacto con la víctima, la pedimos que vaya a un lugar frecuentado por mucha gente y va una patrulla para allá. Hablamos con el agresor y le decimos por dónde tiene que alejarse”. Esas coincidencias ocurren también cuando no media dispositivo de detección. Por ejemplo, en un bar. “En ese caso, el que se tiene que ir es él, aunque hubiera llegado antes. Pero lo que suele suceder es que es ella la que se da media vuelta y se va porque no quiere verle ni en pintura”.

“Es clave que no esté sola al denunciar, hay mucha violencia oculta”, apunta la jefa de la unidad en la subdelegación

La jefa de la Unidad de Violencia Contra la Mujer de la Subdelegación del Gobierno en Segovia, Carmen Meléndez, hace el seguimiento de los casos. Su unidad realiza campañas de sensibilización y acude a los centros escolares. “El uso de redes sociales no puede servir como excusa para el maltrato. Este problema está creciendo en la juventud, en gran parte porque se están educando a través de la pornografía”.

Meléndez valora el camino por recorrer. “Otras reivindicaciones de las mujeres han tardado décadas y siglos en lograrse. El machismo sigue muy presente y hay muchísima violencia oculta sin denunciar”. Y subraya la importancia de acompañarlas a dar el paso: “Es lo más difícil. Es clave que busque el apoyo antes de dar ese paso, es muy importante que no lo haga sola. La relación afectiva es tan profunda que es muy difícil exponerla; y en muchos casos se creen que es algo privado y no tienen que contárselo a nadie”.

Las cifras

216 denuncias entre enero y junio de este año. En ese semestre en 2019 hubo 259.
167 órdenes de protección en vigor. Entre enero y marzo se decretaron 27 en la provincia.
34 casos con renta de inserción por violencia de género entre enero y septiembre.
13 mujeres con dispositivos telemático para protegerse de sus agresores.

“La única forma de que todo acabara era que él muriera”