“En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares”. Aceptar el discurso que Francisco Franco pronunció el 1 de abril de 1939 da entrada al periodo que históricamente se conoce como ‘posguerra’. Hundimiento demográfico, represalias, carencias, fin a las leyes republicanas, un pueblo deshermanado, repudio al nuevo régimen y oligarquía.

La miseria apenas dejaba atisbo de luz. Solo las días mayores en torno al patrón lograban poner un prisma diferente y recomponer la unión que tanta diferencia había marcado y tanta inquina desató. Después de años en los que se suspendieron todo tipo de fiestas a consecuencia de la Guerra Civil, incluso los ‘sanfermines’ de Pamplona se cancelaron por completo en 1938 o Las Fallas en Valencia tuvieron un parón entre 1937 y 1939, el pueblo pedía el regreso de sus costumbres.

Aunque actualmente se relaciona al mundo taurino con la derecha política, los toros tuvieron un marcado acento republicano. De hecho, en la antesala al arco de la Puerta Grande de Monumental de Las Ventas de Madrid, que da entrada al olimpo taurino, luce el cartel inaugural de la plaza del 17 de junio de 1931 en una cuidada composición de cerámica, que viene firmada por ‘Mateu’ Madrid, Genaro Roldán y María Schumann, con la bandera tricolor: una corrida organizada por el Ayuntamiento de Madrid y “a beneficio del fondo para remediar la crisis motivada por el paro obrero”.

El festejo tuvo lugar apenas dos meses después de que se proclamara la Segunda República aún sin estar terminados los accesos a la plaza. No faltaron el alcalde socialista Pedro Rico, el presidente provisional del Gobierno Niceto Alcalá Zamora (el 11 de diciembre pasaría a jurar cargo como Presidente de la República) y el miembro de dicho Gobierno Alejandro Lerroux. Para la ocasión, actuaron hasta ocho espadas: Diego Mazquiarán ‘Fortuna’ (hizo lo más destacado y dio una vuelta al ruedo), Marcial Lalanda, Nicanor Villalta, Fausto Barajas, Fuentes Bejarano, Vicente Barrera, Fermín Espinosa ‘Armillita Chico’ y Manolo Bienvenida

En Segovia el impacto bélico también hizo que se saldara con la supresión de actos festivos en 1937, año en el que solo “se celebró en la Catedral la solemnísima salve, costeada por el Ayuntamiento, en honor de la excelsa Patrona de Segovia y su tierra, la Virgen de la Fuencisla, único festejo verificado con motivo de las ferias de San Juan, suprimidos los restantes a causa de la espantosa guerra que sufrimos” (El Adelantado, 28 de junio de 1937).

En 1938 hay constancia de la celebración de un “magnífico” festival a cargo de Joselito de la Cal, Félix Almagro y Luis Díaz ‘Madrileñito’, en el que según el cronista que firma como Eliseo -De Pablo- fue “difícil precisar quién cortó más orejas y rabos”: “El público, que se hallaba en trance de simpatía hacia los novilleros, no escatimó ni sus condiciones ni sus aplausos para con ellos. Los entusiastas llegaron a tomar en hombros a Madrileñito y a pasearle en triunfo por las calles de la capital”.

Pese a este jovial festejo, las secuelas de la Guerra Civil continuaron prolongándose en Segovia en 1939, a pesar de que Franco ya había dictado el 1 de abril’ la victoria’ del bando nacional. De nuevo, al igual que en años anteriores, tuvo lugar la misa en honor a La Fuencisla y el resto de festejos fueron “suprimidos” (El Adelantado, 27 de junio de 1939).

El retorno de las ferias fue en 1940, aunque el “justificado interés” que despertó uno de los actos centrales de la programación, la corrida de novillos del 29 de junio, día de San Pedro, fue ‘doblemente’ suspendida “a causa de la persistencia de la lluvia”. El cartel lo componían Joselito de la Cal, Varelito Chico ‘Fresnillo’ y Siro Rea. De nuevo, sin toros.

El regreso volvió a frustrarse también dos meses después cuando para el 8 de septiembre la plaza de Segovia tenía previsto un mano a mano con cuatro novillos de las ganaderías de Antonio García y Juan Bautista, antes Carlota Sánchez de Terrones, para Florentino Ballesteros y uno de los diestros que estaba previsto que torease en junio, Siro Rea. Finalmente fue aplazada para el día 15 del mismo mes y aquellas personas ansiosas de toros tuvieron que planear un desplazamiento a la localidad de Santa María la Real de Nieva, que un día después, el 9 de septiembre, anunciaba una novillada de Germán Gamazo, conocido previamente como Raso de Portillo, para Manuel del Pozo ‘Rayito’, Manuel García ‘Revertito’ y Raimundo Serrano.

Peculiaridad de la época

Las peculiaridades de la época dejan circunstancias hoy en día impensables como que el primer espada, el sevillano Rayito, que había tomado la alternativa en 1926 en San Sebastián renunció a su estatus de ‘matador’ en 1938 para volver a ser novillero, un hecho ‘normal’ en aquellos años. Además, en 1935 se cortó la coleta en Olivenza (Badajoz).

Por fin en Segovia: ‘La mejor novillada de la temporada’

La espera en la plaza de Segovia se mitigó con ‘la mejor novillada de la temporada’, según tituló El Adelantado en su edición del día después (16 de septiembre). El público, pese a que la empresa encabezada por Juan Bautista se mantuvo en modo comedido, evidenció ganas de toros tras tanta espera y antes del inicio “mozos y viejos saltaron al ruedo despojados de chaquetas”: “Ese instinto de espectadores de capeas que llevamos latente muchos españoles”, relata el cronista que firma abajo como ‘RIX’. La “ilusión” de un pueblo.

Ballesteros destacó a la verónica “de modo espectacular” y “armó un escándalo con la muleta”, con el balance de aplausos y petición en el primero de su lote y “oreja, rabo y vuelta al ruedo” en el segundo -un resultado ‘chocante’ para el baremo actual-. Rea, por su parte, estuvo “elegante” con el capote y “desdichadísimo” con la muleta e incluso “suicida” en actitud, al arriesgar tanto que resultó corneado. Ovación y oreja, rabo y vuelta. A la salida del festejo, la gente pedía al empresario que se repitiera este mano a mano.

La vuelta por San Pedro: ‘¡No tenemos suerte, señor!

La tradicional fecha taurina de San Pedro se recuperó en 1941 con ganado de Coquilla y Fermín  Sanz y con una entrada “completa”, motivada por el dicho “una vez al año no hace daño”, por “todavía no haber comenzado las faenas de recolección” y principalmente por “las noticas de la marcha de la guerra en el Este” (El Adelantado, 30 de junio de 1941). Aunque no se llegó a poner el ‘no hay billetes’, en la crónica del decano de aquel día, que viene sin firmar -como el resto de informaciones de la época-, lanza la siguiente pregunta con una metáfora sarcástica: “¿Ustedes no creen que esto último contribuyó a que imitásemos a las sardinas en lata?”.

Abrió plaza Ballesteros, que repitió tras el éxito de la temporada anterior, aunque en esta ocasión en el segundo de su lote fue la “víctima propiciatoria”. Le tocó ‘en suerte’ un novillo “semiciego” y “traicionero”, y la lidia fue “indescriptible”. No obtuvieron mejor rédito sus compañeros de terna, Valerito Chico, que resultó “víctima de su propia inexperiencia”, y Casarrubios, en una de sus “primeras novilladas”. El resultado fue un titular que resume el festejo como ‘¡No tenemos suerte, señor!’; dejando entrever el escaso contenido artístico para el esplendor que lucían los tendidos y las ganas desmedidas que tenía el público tras los años de ausencia de espectáculos taurinos en el coso de la capital.

En 1942 también se celebró novillada por San Pedro, José Parejo, Jesús Fuentes y Eugenio Fernández ‘Angelete’ lidiaron astados de Juan Gallardo, en ‘un espectáculo tan sin relieve como breve’ (El Adelantado, 30 de junio de 1942). En los años posteriores, conforme fue evolucionando la sociedad tras encarnar las consecuencias del impacto de la Guerra, Segovia fue adquiriendo categoría y en su fecha taurina por excelencia vio en sus carteles a los hermanos Mejías ‘Pepe Bienvenida’ y ‘Antonio Bienvenida’, Carlos Arruza, Fermín Rivera, Manuel Rodríguez ‘Manolote’, Antonio Ordóñez, Miguel Báez ‘Litri’ o el sepulvedano Victoriano de la Serna, entre otros.

De la Serna deja “una deuda artística” con Segovia

En 1944 se recuperó el esplendor con una terna compuesta por Pepe Bienvenida, De la Serna y Luis Gómez ‘El Estudiante’ y ganado de Félix Gómez, de Colmenar Viejo. “Había más público que localidades”, destaca la crónica de Eliseo de Pablo. Sin embargo, la expectación que genero apenas dejó calado artístico por el pobre juego de los astados. La nota negativa corrió a cargo del diestro segoviano, que según refleja el relato su actuación fue “penosa”. “Todo el mundo anhelando glorificar al paisano, pero Victoriano se olvido de ellos: dejó una deuda artística y un pabellón lasernista desgarrado”.

De la fractura de clavícula de Manolete a la apoteosis de Arruza

Al año siguiente (1945) estaba cerrada la contratación de Manuel Rodríguez ‘Manolete’, pero resultó cogido en Alicante la tarde de antes y no pudo actuar en Segovia. El parte médico habla de “fractura completa de la clavícula izquierda por su tercio medio. Pronóstico reservado”. Ante esta circunstancia y con el objetivo de que la cita de San Pedro -en esta ocasión fue el día 30 al caer en sábado- no perdiera categoría, el alcalde Andrés Reguera salvó el contratiempo de madrugada con la sustitución de otra de las figuras del momento, el mexicano Carlos Arruza.

Pese a que con Manolete en el cartel estaba vendido casi todo el papel, el público asumió el cambio como “sedante” y pocos fueron los que optaron por devolver las entradas. Fue una “corrida memorable” y el mexicano no defraudó: ‘Triunfo apoteósico de Arruza’, titulo RIX en El Adelantado. Cortó cuatro orejas y dos rabos a su lote de la divisa de Pérez de la Concha. Completaron la terna Emiliano de la Casa ‘Morenito de Talavera’ (padre del recientemente fallecido Gabriel de la Casa), en una “brillante actuación” con una trofeo; y Rafael Vega ‘Gitanillo de Triana’, en “una actuación gris”.