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José Ángel Vaquero muestra las prendas de rebajas de Tiendas Badalona. / NEREA LLORENTE

Las rebajas de verano apenas sirven como paliativo para el comercio segoviano. Entendida más como una necesidad logística que permita vaciar stock que como una verdadera lanzadera de clientes, la campaña estival que se despide estos días se ha caracterizado por su irregularidad, llena de altos y bajos. Los datos regionales del sector ilustran una caída en julio respecto al año pasado. A diferencia de otros sectores, el impacto de la pandemia no es coyuntural; el comercio físico lleva años cayendo y este no ha sido la excepción. Ante este panorama, los establecimientos continúan su batalla por la supervivencia.

El presidente de Comerzio José Zorrilla, Roberto Manso, corrobora el diagnóstico: en junio y julio hubo menos ventas que en 2020. “No se han recuperado ni siquiera respecto al año pasado, que es algo sorprendente”. No solo es que cada tienda haya vendido menos, sino que hay menos tiendas. En resumen, no salen las cuentas. “El comercio iba en caída antes de la pandemia, cada año bajaba un poquito. La pandemia lo que ha hecho es consolidar esa caída y aumentarla. Recuperaremos la caída lenta, pero no vamos a volver a 2019 o 2018. Cuando pase, el descenso será más suave, pero seguirá”.

Roberto Bartolomé tiene una zapatería centenaria en la calle del Roble con su apellido, el de su abuelo Mariano, fundador de una tienda que estuvo ocho décadas en la Calle Real. Relata una campaña “con días de mucho y otros de nada”. Un día bueno, más de 40 pares; en uno malo, apenas entra gente. Septiembre empezó este miércoles con buen pie tras un mes de agosto “muy malo”. Julio no fue mejor, aunque explica que la comparación con 2020 no es justa porque aquel mes, superado el primer estado de alarma, “fue una locura” para las zapatillas o las persianas. “El año pasado no se fue la gente y eso en mi sector se notó”.

Su sector es el de zapatillas de estar en casa y trata de ofrecer un producto bueno, su forma de competir frente a los bajos precios de las superficies chinas. “Prefiero vender calidad que hacerlo barato”. Bartolomé considera desvirtuado el concepto de rebajas. “No me gustan nada. Desde que empezaron los grandes a ponerlas tres meses antes ya hay rebajas todo el año. Las de toda la vida eran 15 días; lo que te sobraba y punto”. Con todo, asume los dos meses de rebajas: de un 20 a un 50% con los sobrantes. “Suelo poner todo el género, esté más o menos rebajado”. Su experiencia dice que el efecto en las cuentas es reducido. “Se vende más o menos lo mismo. El que lo quiere lo ha comprado antes y el que se espera se queda sin ello”.

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Roberto Baratolomé, en la puerta de su tienda. / NEREA LLORENTE

Las tiendas de barrio

La historia de Tiendas Badalona es el ejercicio de supervivencia de una tienda de barrio en peligro de extinción. Así lo resume su propietario, José Ángel Vaquero, tras una campaña “regular, pero mejor que el año pasado”, con un aumento del 15% de las ventas en julio y agosto. Si hay recuperación es “muy, muy, muy lenta”. Sus rebajas son de primeros de julio a últimos de agosto e incluye el 100% del stock: con descuentos de un 10 a un 60%. Su gama de ropa es amplia; también su clientela, desde adolescentes a jubilados. La tienda trabaja con firmas como Spagnolo o marcas nacionales menos conocidas.

Su negocio lleva desde 1984 en su mismo emplazamiento, en la calle Gobernador Fernández Jiménez. De alguna forma, su historia es paradigmática del comercio físico. “Empezamos muy bien y ha ido aflojando siempre un poco. Somos una tienda de barrio en proceso de extinción, esto desaparece”. Él, a sus 52 años, sigue porque no le queda otra, dice con un toque de humor, aunque espera seguir hasta que se jubile en la tienda que fundó su padre, Chechu.

Unos metros más abajo, Nur Queens mantiene su negocio gracias al regreso de celebraciones como bodas o comuniones. Las rebajas han ido bien, con “más movimiento” que el año pasado. “Se ha notado que la gente ha salido más”. Sus ofertas se centran en la ropa casual del día a día, con perfiles de todas las edades. Las tallas son amplias, desde la S a la 54, con la intención de dar servicio a un público lo más amplio posible. La tienda empezó con ofertas en junio. “Hemos tenido muchas promociones, incluso en invierno”. Han extendido a todo el año el concepto de “precios bajos”: desde 15 euros en una tienda en la que el 90% oscila en torno a los 25. “Se vende incluso sin rebajas”. Su peso relativo es cada vez menor.

El presidente del sector de José Zorrila habla de las rebajas como un elemento “testimonial” para eliminar el stock pendiente. “Además de la tradición, es verdad que en esas fechas necesitas quitarte todo para dejar sitio y poder comprar la mercancía de la siguiente temporada”. El problema añadido es que no vender en rebajas impide preparar la campaña siguiente con garantías. La patronal del barrio salva a los sectores relacionados con el hogar, que sí han mejorado. Lo explica así. “La gente ya se ha acostumbrado a comprar por internet. Y segundo, se está perdiendo la ilusión de pasear por las calles; con la pandemia parece que a la gente la da miedo ir a las tiendas. Solo van a lo imprescindible, nada de picar y llevarse alguna cosa”.

Con el agua al cuello

Manso asume que el sector tradicional no puede competir con las grandes superficies. Y cita el músculo de Carrefour o el de las tiendas chinas. “Compiten ya entre ellos, a los demás ya casi no nos pueden quitar nada. No es ya guerra de precios, porque en realidad esas tiendas son más caras que las normales, sino en variedad o exposición. Contra eso no podemos competir. Sabemos que hay naves que pierden dinero”.

El comercio segoviano refrenda la irregularidad del verano. Manso lo achaca en parte al tiempo. “No influye tanto que haga bueno o malo, sino los cambios bruscos. Si de repente te viene una ola de calor, la gente no sale. No es como en invierno, que vienen 20 días malos, hace uno bueno y la gente sale de golpe”. También a las vacaciones de última hora, donde han ido unos fondos que podrían haber terminado en el comercio.

Manso lamenta el “fiasco” de las ayudas propuestas y está más preocupado por el futuro inmediato que por el presente. No han caído tantos negocios como cabía esperar. “Hay créditos ICO, la gente tiene un fondo de reserva de años buenos, ayudas familiares o han disminuido empleados. Así que no han cerrado. El problema vendrá cuando haya que empezar a pagar los ICO. Cuándo se acabe la pandemia y las ventas no se recuperan, ¿qué haces? Una pastelería puede cerrar en una semana, pero un comercio como el mío (Todo Útil) necesita dos o tres años para ir quitando comercio mercancías”. No son tantos los ahogados como los que viven con el agua al cuello. Desde hace ya tiempo.

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Una empleada retira el cartel de rebajas en Nur Queens. / NEREA LLORENTE

Una campaña agresiva que se queda a medias

La Confederación del Comercio de Castilla y León hace una valoración agridulce de la campaña de rebajas de verano, que ha mostrado un comportamiento irregular en un momento en el que el comercio necesita recuperarse de la falta de liquidez provocada por la caída del consumo durante un año y medio de cierres, limitaciones y restricciones provocadas por la pandemia, valora la entidad, integrada por las nueve agrupaciones provinciales, incluida la Agrupación de Comerciantes Segovianos.

“Ha sido una campaña extraña, llena de altibajos, con gran preocupación entre empresarios y autónomos que la iniciaban con un estocaje importante en el comercio, y la necesidad de inyectar liquidez a sus negocios para poder evitar cierres de actividad”, reconoce Adolfo Sainz, presidente de la patronal regional. “Nos encontramos en un momento de mucha incertidumbre, a caballo entre una profunda crisis económica derivada de la pandemia y el inicio de la recuperación”, reflexiona Sainz, que considera que “al comercio le queda aún mucho camino que recorrer hasta poder respirar con algo de calma”.

La campaña –que preveía al inicio, en junio, una mejora de las ventas con respecto a las del pasado año– ha sido irregular, tanto por la facturación, como en análisis por subsectores. “Comenzamos junio con muy buenas sensaciones ante unas rebajas agresivas en las que teníamos el objetivo de recuperar las ventas de 2019 tras caídas, el pasado año, que en subsectores como el textil llegaron a ser del 40%, pero julio ha sido un mes raro en el observamos un frenazo del consumo”. Según los analistas, la quinta ola ha podido frenar a los consumidores, que pudieron replegarse en junio a tenor de lo sucedido en el conjunto del país. En agosto, las ventas han mostrado, no obstante, cierta mejoría.

Calzado y textil

Según Pulso, una herramienta que permite analizar en tiempo real la recuperación del consumo y la actividad comercial , las ventas en sectores como el textil o el calzado han sido en junio y julio inferiores a las registradas el pasado año, consiguiendo repuntar en agosto. Si bien el subsector calzado conseguía superar el 100% de las ventas en junio hasta situarse en el 121% con respecto a junio de 2020, la actividad caía en julio hasta el 88,54% respecto al mismo periodo del año anterior. El textil, por su parte, sólo alcanzó en julio el 94,02% de las ventas realizadas en julio de 2020.

La actividad comercial se ha reactivado en agosto y, a falta aún de datos definitivos, subsectores como el textil podrían haber superado ligeramente lo vendido en agosto de 2020, si bien está aún lejos de consolidar las ventas de 2019.

“Observamos algún motivo para la esperanza, como la reactivación del gasto del consumo final en los hogares registrado por la Junta en la contabilidad del segundo trimestre, pero estamos muy preocupados por la supervivencia del comercio minorista que ha registrado en julio su primer retroceso del año, superior en Castilla y León (-4,2%) al observado en el conjunto del país (-0,1%)”.