Pensión del poeta. Revista Crónica (abril de 1927). Ilustración de Gabriel García Maroto.
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2019 fue un año de celebraciones y actividad cultural en Segovia en torno a Antonio Machado, que llegó a la ciudad en noviembre de 1919, como la Concejalía de Cultura recreó con un acto conmemorativo en la Casa de la Lectura. Pero la estancia del poeta fue larga, casi 13 años y, aunque se ‘escapaba’ cuando podía a Madrid, no cabe duda de que dejó huella en la sociedad segoviana de la época y participó activamente en la vida cultural y política de la Segovia de los años veinte.

Cuando Machado llegó a Segovia ya era un poeta reconocido en toda España y durante su estancia aquí se publicaron algunos de sus libros de poemas más destacados como ‘Proverbios y cantares’ y ‘Nuevas canciones’. También fue época de grandes triunfos teatrales, junto a su hermano Manuel.

Precisamente, la obra de Antonio Machado ha pasado a ser de dominio público desde el pasado 1 de enero, al igual que la de otros 180 autores fallecidos en 1939.

El dominio público engloba el patrimonio intelectual que está libre de toda exclusividad en su acceso y utilización; es decir, obras sin derecho de autor establecidas, así como obras literarias, artísticas o científicas en las que ha expirado el plazo de protección del derecho de autor. Cada legislación nacional contempla una serie de años contados desde la muerte del autor para que estos derechos expiren.

Según el Convenio de Berna, que la mayoría de los países han firmado, todas las obras intelectuales conservan derechos de autor y pasan al dominio público a los 50 años de la muerte del autor. El plazo para el ingreso de las obras en dominio público se calcula a partir del 1 de enero del año siguiente de la muerte del autor. Sin embargo, este convenio reconoce el derecho de esos mismos países a ampliar el plazo de la protección. En el caso de España, por ejemplo, con la aprobación de la actual ley de 1987, 70 años después de la muerte de un autor sus obras pasan al dominio público, con la excepción de los fallecidos antes del 7 de diciembre de 1987, que se rigen por una normativa anterior que protegía los derechos de autor hasta 80 años después de fallecido. ​

Obra de Machado en Segovia

La obra literaria de Machado no estuvo tan ligada a Segovia como lo había estado antes Soria, especialmente ‘Campos de Castilla’, pero son 13 años fructíferos en los que, además de publicar los citados libros de poemas y sus ‘Obras completas’, a lo largo de la década de los veinte se suceden una media docena de estrenos teatrales, donde comparte la autoría con su hermano Manuel Machado.

Destaca sobre todo el gran éxito de ‘La Lola se va a los puertos’, en 1929, que en el Teatro Juan Bravo de Segovia se estrenó al año siguiente aunque el poeta no pudo asistir “por encontrarse indispuesto”. Curiosamente, en uno de los homenajes que recibieron los Machado a raíz de ese éxito teatral, el ofrecido en el Hotel Ritz de Madrid, presidió el comité organizador “el joven abogado José Antonio Primo de Rivera”, según el Heraldo de Madrid.

El Adelantado tiene el honor de haber publicado un poema de don Antonio al poco de su llegada a la ciudad, el 16 de diciembre de 1919. Se trata de ‘Elogio’: “… quedó la melancolía / vagando por el jardín…”. Fue en la página literaria que semanalmente coordinaba el también escritor José Rodao, con quien Machado colaboraba en la Universidad Popular de Segovia, fundada al poco de llegar él a la ciudad.

Segovia y su Universidad Popular se beneficiaron del prestigio de Machado, que era mucho en Madrid, y así queda reflejado en la prensa madrileña de esos años, donde no pasan desapercibidos los actos en los que participa el poeta.

Habitación de Antonio Machado en su pensión de Segovia. Revista Crónica (abril de 1927). Ilustración de Gabriel García Maroto.

Poeta y, a su pesar, personaje

Cuentan las crónicas que Machado, aunque colaborador de varios periódicos y revistas, era reacio a las entrevistas. César González-Ruano publicó en El Imparcial en 1929 que un buen día le dijo: “Mire usted, no me gustan las entrevistas. Se falsea lo que se habla”. Abundan, sin embargo, artículos sobre su bonhomía y también algunos comentarios sobre las particularidades de su carácter.

Algunos apuntes da en El Adelantado el 22 de marzo de 1922 Francisco de Cossío, que dedica un artículo al encuentro que había mantenido Machado con Miguel de Unamuno en Segovia el mes anterior. “… Pude advertir el contraste admirable que formaban Machado el poeta y Unamuno el político. En los ojos del poeta se reflejaba la paz dorada de la ciudad. Machado es el hombre que sabe escuchar, que tiene siempre en los labios una sonrisa de benevolencia, que jamás contradice. Difícilmente el batallador Unamuno puede hallar un interlocutor más comprensivo, más silencioso y más discreto… Unamuno es el hombre que habla y Antonio Machado el hombre que escucha…”.

En 1927 la revista Nuevo Mundo publica un reportaje sobre la vida del “egregio poeta” en Segovia “a quien obligaciones apremiantes del vivir han hecho profesor modesto, aunque honesto, de bachilleres provincianos”. El autor (de texto e ilustraciones) es el artista vanguardista Gabriel García Maroto. Describe su pensión, hoy Casa-Museo, como “pobre, recogida y perdidiza” y cuenta que el poeta espera “en lo más hondo de la casa, anegado en libros y revistas, apretado por el silencio, cabe el brasero tibio…”

Machado sabía reírse de sí mismo. A un reportero de la revista Crónica le confesó en 1931 que su mayor defecto era la distracción y añadió una anécdota ocurrida con el barbero días antes cuando este le preguntó “¿Qué va a ser?” y, olvidado ya de dónde estaba, respondió “café con medias”.