Las alcaldesas de 2020 bailan con sus sucesoras una vez producido el cambio de montera. / KAMARERO
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La grandilocuencia de la jornada dominical, con la entrega de los reconocimientos de Matahombres de Oro, Ome Bueno y Leal y Aguederas Honorarias e Perpetuas en una abarrotada plaza de las Alcaldesas de Zamarramala dejó paso un año más a un acto final más ‘familiar’ de las celebraciones en honor a Santa Águeda, que este año han cumplido su 793 aniversario.

Las zamarriegas, no obstante, no escatiman en entrega cuando de honrar a su patrona se refiere y ese mismo entusiasmo fue el que las Alcaldesas de este año, Mónica Martín Gil y Yolanda Cubero Otero, trasladaron a sus dos sucesoras en el cargo, Laura Gil Pascual y Patricia Merino Gil, en el que fue al mismo tiempo epílogo de las celebraciones de la condición femenina en 2020 y prólogo de la festividad del año 2021.

Al son de la dulzaina y el tamboril se produjo el emotivo cambio de montera en el escenario de la plaza de las Alcaldesas, donde las cuatro grandes protagonistas (entrantes y salientes) danzaron ante el júbilo de las zamarriegas.

Previamente, las aguederas se dieron cita en la iglesia parroquial para asistir a una misa solemne por las Alcaldesas fallecidas, tras la que se desplazaron, tajada mediante, hasta el Centro Cívico Pinilla para llevar a cabo el tradicional ‘baile de galas’.

Acompañadas por la asociación de Damas Diplomáticas, las Alcaldesas bailan una jota con cada una de las mujeres que forman el Concejo de Aguederas para, posteriormente, recoger la ‘gala’ en forma de aportación económica para sufragar los gastos del mandato.

Como manda la tradición, al salón de actos del centro cívico solo entran las mujeres, con la excepción de músicos y fotógrafos, esperando los hombres en una sala contigua a la finalización del baile.

Para la tarde quedaron “las inmejorables alegrías, reservadas para las mujeres”, tras lo cual se inició la cuenta atrás para la próxima edición de esta centenaria tradición en la que durante unos días se le concede el mando al género femenino en recuerdo de aquellas zamarriegas que en el año 1227 distrajeron a los sarracenos que ocupaban el Alcázar, permitiendo su reconquista por los segovianos.