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En la actualidad, Raúl Martín investiga cuatro yacimientos en la provincia de Segovia. / EL ADELANTADO

Su trabajo le ha llevado a adentrarse en lo más profundo de diversas regiones españolas. Pero hace años que el hijo pródigo de la arqueología rural regresó a Segovia. A Raúl Martín, su profesión le genera “mucha satisfacción”. No por los yacimientos que ha descubierto (que también), sino porque ha podido volver al pueblo de sus abuelos: Navas de Oro. Esto le permite tener una cercanía absoluta con su trabajo y, lo que más le importa, con los segovianos. Contribuye a que estos descubran el patrimonio “que les pertenece por derecho”. Es lo que más le enorgullece.

Estudió la carrera de Historia. La arqueología era uno de los campos entre los que podía escoger. Por aquel entonces ya había hecho sus primeras excavaciones. No tardó en descubrir su pasión. Ahora, 22 años después, reafirma cada día la decisión que tomó y que le permite desempeñar una profesión no demasiado común.

Cuando le preguntan cómo es el trabajo de un arqueólogo, tiene clara la respuesta: “Es duro”, afirma de manera rotunda, aunque con un toque de humor. Martín pone en marcha proyectos de investigación vinculados al patrimonio arqueológico del medio rural. Para ello, antes debe establecer un contrato con la administración. Esto no siempre es sencillo.

Durante el verano, su labor adquiere mayor visibilidad: excavan en el campo. Ahora estudia cuatro yacimientos: en Navas de Oro, Nava de la Asunción, Bernardos y Armuña. Conoce de sobra el territorio segoviano. En esta tierra no solo ha nacido: en ella tiene la fortuna de desarrollar su vocación.

Lograr intervenir arqueológicamente cuesta muchísimo por los presupuestos tan bajos que manejamos”, lamenta. El momento culmen de la carrera de todo arqueólogo es descubrir un yacimiento. Y si es en una provincia como esta, con una dilatada biografía arqueológica, mejor.

Para ello es necesario algo que echa en falta: el apoyo de la administración. Ni siquiera el vivir en la Comunidad con más patrimonio por kilómetro cuadrado de toda España, les hace recibir “la dotación económica suficiente”, sostiene. Esta es la única vía para investigar el patrimonio y ponerlo al servicio de la ciudadanía. “La arqueología no solo investiga”, afirma. Devuelve la memoria a la sociedad. Martín se ocupa de que los segovianos ejerzan un derecho fundamental: disfrutar del patrimonio que ha marcado la historia de la humanidad.