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Primeros visitantes de ARCE 2021 que reúne a talleres varias provincias españolas, y uno de Portugal. NEREA LLORENTE

El agua y la tierra se convierten en dos pócimas mágicas en las manos del artesano capaz de transformarlas en una paquidermojarra, un portaflores, una cajita para guardar dientes de leche, flores que no marchitan nunca o en un puchero para cocinar a fuego lento. Toda esta fantasía, y la que conforman miles de piezas únicas que nacen del ancestral oficio de artesano, se expone en la  XXVII Feria Internacional de Cerámica y Alfarería de Segovia  ‘ARCE  2021’ que se celebra en la avenida del Acueducto hasta  la noche del 8 de diciembre.

La muestra fue inaugurada ayer, pasadas las 13 horas, por la alcaldesa Clara Luquero, que se mantiene fiel a esta cita porque valora el trabajo de los alfareros y ceramistas y porque entiende que la feria es una actividad cultural y comercial importante para Segovia en un puente festivo que disfrutan los segovianos y los visitantes en la ciudad. También participaron en el paseo inaugural los concejales  Alberto Espinar, Ángel Galindo, Guillermo San Juan Benito, Jesús García,  José Luis Horcajo y Julio Santos Pastor.

La comitiva institucional fue guiada por Emilio Carrasco, representante del Colectivo Ceramista de Segovia (Cocerse), que organiza la muestra.

En el recorrido, alcaldesa y concejales  visitaron los 25 expositores que finalmente configuran ‘ARCE 2021’ y conversaron con los alfareros y ceramistas  llegados de Portugal, así como de Asturias, Castilla-La Mancha, Comunidad de Madrid,  Galicia y de distintas provincias de Castilla y León, con especial dominio de talleres segovianos.

Antes de que se llevara a cabo la inauguración oficial, el público ya se presentó ante los expositores situados en la avenida del Acueducto para preguntar detalles de  los talleres y de las piezas, y hacer las primeras compras.

Ni siquiera la lluvia que cayó durante gran parte de la mañana aguó el reencuentro. Y es que en esta feria, los ceramistas gustan al público y el público a los artesanos. “Aquí siempre nos reciben bien, se vende bien y se nota el interés de la gente por la artesanía” comentaba un ceramista de Asturias a pocos pasos de donde unos niños se sorprendías con las originales formas de un palillero y una pareja tomaba las medidas de una lámpara para llevar a su casa. “Hay muchas ganas de sacar las piezas a las calle y también se nota que la gente quiere ver y comprar” comentaba Emilio Carrasco recordando que en algunas ediciones se han registrado más de 30.000 visitantes, aunque al tratarse de un recinto abierto es muy difícil sacar números.

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Color y calor

El tiempo, sobre todo la nieve o la lluvia y el viento, es uno de los factores más influyentes aunque está claro que no decisivo. El representante de Cocerse precisa que todo el recorrido ante los puestos está cubierto y protegido con carpas. Además, recuerda Emilio Carrasco que, por frágil que parezca, la cerámica aguanta todo, es ‘atemporal’ en todos los sentidos.  “Si haces un agujero en el suelo —dice el artesano segoviano— lo que te puedes encontrar de la historia es un hueso o un trozo de cerámica, nada más, porque es lo que perdura en el tiempo”. También aguanta las adversidades. Por eso, a pesar del daño que ha causado y sigue causando la pandemia del Covid, y de la necesidad de seguir siendo extremadamente prudentes incluso en espacios abiertos, la cerámica  irradia calor y color desde ayer en la avenida del Acueducto para todos aquellos que quieran acudir de 11.00 a 21.00 horas.

El recorrido por la Feria comienza cerca del Acueducto con un estand dedicado a la alfarería tradicional, que abre Juan Carlos Martín, de Fresno de Cantespino. Después sigue la exposición con las obras más creativas y una gran variedad de técnicas. “Si hay 25 artesanos—dice Carrasco—, hay 25 técnicas  distintas porque así es la cerámica”. Cada puesto tiene personalidad propia, “cada puesto es un mundo porque la cerámica se puede hacer de mil maneras distintas y hacer que cada pieza sea única”, remarca el representante de Cocerse. Así, por ejemplo, por los módulos de la exposición se reparten obras de cobre fugitivo, de reflejos metálicos o de modelado alfarero heredado del siglo XVIII.

Hay además una gran variedad de precios, con regalos que se pueden adquirir por 10 euros, y de objetos. Gana presencia de piezas que, además de bellas, pueden tener uso sobre las que son puramente decorativas, pero la muestra equilibra ambas tendencias para dar gusto a todos los públicos.

Los visitantes pueden ver y adquirir desde los elementos de alfarería más tradicionales, como fuentes, cazuelas, morteros, pucheros, candiles, vasijas, orzas, botijos y otros utensilios de cocina, así como las huchas de toda la vida, a diseños innovadores y actuales, que se centran sobre todo en el ámbito de la decoración. Una amplia variedad de piezas, entre las que se encuentran bandejas, cajas, maceteros, percheros  y cuadros que conviven con pendientes, collares, broches, y anillos. Entre las propuestas más originales, todas ellas utilizando la cerámica como base, lámparas,  portaflores, toalleros, portarrollos, marcapáginas, juguetes, tapones, incensarios, diademas así como impresionantes murales y esculturas.