La magia de reinventar palabras

Hace 23 años que la vida de Adolfo Muñoz dio un gran giro. Pasó de ser profesor de secundaria de Lengua y Literatura, a traducir la segunda parte de una de las sagas más exitosas a nivel mundial: Harry Potter

Adolfo Muñoz tradujo la segunda, tercera y cuarta novela de la saga de J. K. Rowling. / EL ADELANTADO
Adolfo Muñoz tradujo la segunda, tercera y cuarta novela de la saga de J. K. Rowling. / EL ADELANTADO

No hay ningún rincón en el mundo en el que no se haya oído hablar de esta saga. Su magia impregnó a niños, jóvenes, adultos y mayores. Daba igual el tipo de público. Nadie lograba escapar de un hechizo que fue capaz de cambiar la vida de Adolfo Muñoz. Era profesor de Lengua y Literatura en un instituto. Hace 23 años publicó una novela en la editorial Salamandra. Fue “un fracaso en ventas”, asegura. A cambio, le dio un gran regalo. En aquel momento, le ofrecieron la posibilidad de traducir obras del inglés al castellano. Y no se lo pensó. Poco después, se convirtió en el traductor de Harry Potter.

No se lo esperaba. Iba a ser el encargado de darle una voz española a los personajes que habían cautivado al planeta. Le pusieron encima de la mesa el segundo libro de la saga de novelas de J. K. Rowling. Les había “gustado mucho” la primera traducción que hizo. “Fue la suerte que tuve”, garantiza. Esto sucedió al comienzo de su carrera: en 1998. La editorial quedó tan satisfecha con su trabajo que le encargaron el tercer y cuarto libro.

“Por cosas raras que pasan, luego cambiaron de traductor”, lamenta. Nunca ha sabido qué ocurrió. Esto le transformó la vida y no tiene quejas al respecto. Le hizo descubrir un mundo que, “en realidad, le encantaba”. Dejó las aulas por un oficio que se convirtió en su gran pasión, aunque reconoce que está lleno de “pequeños problemas interesantes”.

Pese a ello, no todo fue tan bueno. Desde entonces, lo “encasillaron” en la literatura juvenil, sobre todo, fantástica. Sabe que puede traducir “cualquier tipo de obra”, en contra de lo que tienden a pensar las editoriales. No obstante, “esto no es malo y es lógico”, sostiene.

Hay algo llamativo en esta historia: para él, traducir el universo de Harry Potter era solo trabajo. Y disfrutó haciéndolo. No era fan de esta historia. “Tampoco tengo edad”, bromea. Le gustaban los problemas que planteaba: la invención de palabras. En el original hay “muchas palabras inventadas”. Y él las reinventó en castellano.

Sabía que millones de personas leerían cada una de sus letras. En su momento sintió la presión. “Cuando uno va cerca de un precipicio, lo mejor para avanzar es no mirar hacia abajo porque te puede entrar vértigo y a lo mejor te caes”, relata. Esto pensaba cuando sentía presión. Se abstraía y trataba de hacer el trabajo lo mejor posible.

En la traducción “casi todo” es difícil. Al hacerlo, llega a platearse cuestiones para las que no hay una solución perfecta. Traducir consiste en decidir qué se conserva del original y qué se pierde. No se puede conservar todo; cada lengua es un mundo y en cada una de ellas se expresan de una forma. “En ocasiones, un juego de palabras, un chiste o una referencia oculta no es posible trasladarla”, manifiesta. Entonces entra en juego la voluntad de Muñoz; decide lo “verdaderamente importante” del original. De ahí que para traducir haya que ser, sobre todo, un buen lector.

“No sé de dónde soy porque he vivido en muchos sitios”, afirma. Lo que sí sabe con certeza es que hace cuatro años que vive en La Granja. Tenía ganas de estar en un sitio de montaña con buen clima. La localidad le gustaba y “como le han tratado bien”, ahí se quedó.

Ahora realiza desde aquí un trabajo que le parece “precioso”. Pero tiene un “problema”: no siempre se aprecia y “suele estar muy mal pagado”, critica. Es una labor artesanal. Cada uno lo hace de una manera distinta. Está traduciendo una novela fantástica de Melissa de la Cruz, ‘Never After’. Hace años que quedó hechizado por el mágico mundo de Hogwarts. Y por la traducción. Desde entonces no se ha separado de ella.