Fotograma de la película ‘El Cisne negro’ con Natalie Portman.
Fotograma de la película ‘El Cisne negro’ con Natalie Portman.

Ya la locura se fue de mi . Me siento bien cuerdo, con mis libros, mi doctora de cine, caminando, mirando el sol y las nubes, sintiendo que no vivo en un juego aterrador. Pero nunca está demasiado lejos la enfermedad. Acecha como un tigre apenas visible. Quizá sólo espanté por un rato a ese tigre. De repente el territorio se confunde, es una frontera en la que cohabitan locura y cordura. Cruzas una, vuelves a la otra sin darte cuenta, sin que eso salga a la luz. Es la locura como una llamada telefónica. Empiezas a hablar con el interlocutor y mientras das la vuelta a una manzana del barrio, el veneno actuó. Y tú ni te has enterado.

Mi locura surgió de mi viejo cine. No sé ni sabré convivir con el duelo y nunca lo supero ni lo superaré. Tras la desaparición hubo confianza en que saldría adelante, confianza en que mi cordura era permanente. Me sentía fuerte. Pero apareció el insomnio y pronto estaba completamente equivocado; sólo los míos podían salvarme, encontrar la cura.

Hay un hombre en su cama. Algo le ha sucedido pero no sabemos qué es. Parece completamente aplastado. No duerme. De hecho lleva días, quizá más tiempo, sin poder dormir. Puede haber perdido un ser querido y algo le ha invadido. Es un virus, una bacteria, un organismo veneno para el que necesitamos el mejor microscopio. Y ese organismo se propondrá ir minando a la víctima, acobardándola, puede que intentando destruirla.

Las protagonistas de ‘Locas de alegría' en un fotograma de la película.
Las protagonistas de ‘Locas de alegría' en un fotograma de la película.

Todos. Todos somos susceptibles de ese ataque. En la frontera, al sur del equilibrio aparece la subdepresión, luego la depresión, que en sus últimas fases puede ser espeluznante, el abismo. Al norte surge la manía, hipomanía y después, más lejos, la locura. Más allá de la locura, en sus últimas fases, también lo espeluznante, el abismo.

Pero nuestro héroe imaginario no pide ayuda. Quizá no sabe y tampoco como hacerlo. Pero oye voces en su cabeza, las voces del villano, del organismo veneno.

¡Hay tantas locuras en el cine! ¿Cuándo se produce el ataque?

En ‘Joker' no podemos especificar cuando se produce exactamente. No es fácil. La película de Todd Phillips (2019) es inquietante. Arthur Fleck (Joaquin Phoenix) sólo desea hacer reír a su público, habita una ciudad sucia, pestilente, fea, deshumanizada. Fleck necesita imperiosamente su medicación, pero la ciudad, la medicina, le dará la espalda. Y si eso sucede, si le dejan tirado ante el organismo veneno, las consecuencias sobre la violencia que Fleck sufre se volverán contra la ciudad. Todos hemos construido esa ciudad en la que vive Fleck. Lo hacemos cada día, bombardeando ambulancias, matando al prójimo, despreciando, torturando, maltratando.

La ciudad sólo quiere ingresar a esos locos en el Asilo Arkham, al Joker, al Pingüino, a Enigma, a Mr. Freeze. Así sucede en ese mundo de Batman. Pero Arkham no ofrece soluciones, sólo parece una prisión para los villanos de la historia.

Fotograma de la película ‘Alguien voló sobre el nido del cuco' protagonizada por Jack Nicholson.
Fotograma de la película ‘Alguien voló sobre el nido del cuco' protagonizada por Jack Nicholson.

Es fundamental una buena medicación, atinada, y un buen sanatorio, respetuoso con sus enfermos. Y cada uno de nosotros vive en su propio sanatorio.

Charlie me habla de ‘Corredor sin retorno', de Samuel Fuller, de ‘El invisible Harvey' de James Stewart, de ‘El rey pescador' de Terry Gilliam, de ‘Criaturas celestiales' de Peter Jackson.
Terry Gilliam es una predilección, un cineasta que no es un cuerdo contando historias de locos. Gilliam ya era el loco de los Monty Python, un animador, un personaje que mostraría un mundo al que nadie se ha acercado del modo en el que él lo hace. Ahí está ‘El rey pescador', ‘Brazil', ‘Miedo y asco en Las Vegas'.

Rubén me recuerda ‘Alguien voló el nido del cuco' y ‘Black swan'.

Milos Forman logró con el cuco una película que se convertiría en un clásico, una película anclada en un fuerte humanismo, un paciente interpretado por Jack Nicholson, pero también en todo el conjunto de esos “presos”.

Y Darren Aronofsky es un caso similar al de Terry Gilliam, el de un cineasta que parece vivir en un mundo de locura, de su propia locura, un mundo de cine contado con el corazón, lejos del cine cerebral de los cuerdos.

El Diccionario de la Real Academia da cuatro sentidos a la palabra “locura”: “1. privación del juicio o del uso de la razón. 2. Despropósito o gran acierto. 3. Acción que, por su carácter anómalo, causa sorpresa. 4. Exaltación del ánimo o de los ánimos, producida por algún afecto u otro incentivo”.

Más películas, como ‘El desencanto' de Jaime Chávarri, un tesoro de nuestro cine, la locura ahí delante de nosotros. Podemos verla. Es real, documental.
‘El resplandor' de Kubrick es inclasificable. La he olvidado. Recuerdo a Jack Nicholson desatado, a un Kubrick extremadamente cerebral y cuerdo en lo que está contando. Y ojo, no sé si eso es bueno o no. Pero la película nunca me apasionó.

Como ‘Psicosis' de Alfred Hitchcock, que tal que ‘Vértigo' nunca me dijeron nada.

Escena de ‘Joker' película protagonizada por Jared Leto.
Escena de ‘Joker' película protagonizada por Jared Leto.

Entiendo que no es mi tipo de locura.

Tengo en la memoria ‘M, el vampiro de Dussedorf'. ¡1930! Y Peter Lorre con sus ojos inconfundibles, con su locura psicópata, aterradora, deambula por la ciudad buscando a las víctimás más frágiles, los niños.

Esa locura psicópata está cerca de nosotros, siempre. ¿Qué la produce? ¿Es simplemente maldad? ¿Es sólo maldad Hannibal Lecter en ‘El silencio de los corderos'?
¿Es maldad la del protagonista de ‘Te doy mis ojos'?

Por un momento me voy a otra locura, que también existe, la de la amistad posible, como la estupenda película ‘Locas de alegría', de Paolo Virzi. Es una película escondida, pero todo lo escondido también puede encontrarse. Quiero descubrir películas y quizá tengo la ilusión de descubrir yo alguna película a algún lector.

Seamos extremadamente cuidadosos. En la película de Virzi como en otras. Nunca se sabe lo que va a suceder. A menudo el enfermo cree estar sano. Y a veces lo está. Pero… ¿y cuándo no lo está?

Mis papeles escritos a mano son siempre mis clavileños, para volar, para recordar a Daniel Day-Lewis, al que yo llamo actor “poseído”, el mejor que conozco. Dice Zweig que “toda creación verdadera sólo acontece mientras el artista se halla hasta cierto punto fuera de sí, cuando se encuentra en una situación de éxtasis”.

‘¡La guerra de los locos!' es otro título tesoro de nuestro cine, con un paciente (magnífico José Manuel Cervino) suplantando al doctor. ¡Es el doctor!
El loco a veces es un reptil, a veces una mariposa blanca. Y todos somos locos y somos doctores.

Paco Ibáñez canta y canta. Canta a León Felipe, “Pero ya no hay locos”: “(…) y ¡Ni en España hay locos! ¡Todo el mundo está cuerdo, terrible, monstruosamente cuerdo!…/ ¡Qué bien marcha el reloj! ¡Qué bien marcha el cerebro!/ Este reloj…, este cerebro, tic-tac, tic-tac, tic-tac, es un reloj/ perfecto…/ perfecto, ¡perfecto!”.

¿Ya no hay locos como el Kevin Costner de ‘Campo de sueños', dispuesto a jugársela porque se lo indica un fantasma? Pensemos que existen, que esto no es una pura pesadilla, que hay un inventor loco y simpático como el Doc de ‘Regreso al futuro'.

Película ‘Las horas'.
Película ‘Las horas'.

Vuelvo a ver ‘Las horas', de Stephen Daldry, y leo un fragmento de ‘Las olas' de Virginia Woolf: “Ahora de mí pueden manar los pensamientos. Puedo pensar en mis flotas navegando en el mar alzado el oleaje. Estoy a salvo de los difíciles roces y los choques. Navego sola, junto a blancos acantilados. ¡Pero me hundo! ¡Caigo! (…) Quiero salir de estas aguas. Pero se amontonan sobre mí misma, me derriban, estoy tendida entre esas largas luces, esas largas olas, esos interminables senderos, esas gentes que me persiguen, me persiguen. (…) No sé como pasar de un minuto a otro, de una hora a otra, resolviendo minutos y horas gracias a cierta fuerza natural, hasta que constituyan esa masa indivisible y unitaria a la que vosotros denomináis vida. (…) No tengo rostro, soy como la espuma que se desliza sobre la playa”.

Caminan en paralelo, o en tiempo distinto, o al mismo tiempo. Son tres mujeres interpretadas por Meryl Streep, Julianne Moore y Nicole Kidman, que interpreta a Virginia Woolf. Las tres intentan averiguar como pasar de un minuto a otro, de una hora a otra. Streep intenta averiguar como ayudar a Ed Harris, que está en grave peligro de suicidio. No sabemos si está “exactamente” loco. Julianne Moore está acosada por ella misma, dentro de una familia feliz. ¿Qué le sucede? ¿No está en sus cabales?

Nicole Kidman es una prodigiosa y sensible actriz, entregada al personaje de Virginia Woolf. Posiblemente es el papel de su vida y ella está enterada de esto.

Virginia Woolf, cerebral, sufre; escribe a su marido. Sabe que el asesino no tendrá piedad con ella: “Me siento segura de estar nuevamente enloqueciendo. Creo que no podemos atravesar otro de estos terribles períodos. No voy a reponerme esta vez. He empezado a oír voces y no me puedo concentrar”.

‘Las horas'. ¡Qué película!

Y se me acumulan las películas. Enloquece Frank Sinatra en la magnífica ‘El hombre del brazo de oro', o enloquece Ray Milland en ‘Días sin huella'. Achab (Gregory Peck) persigue la ballena blanca en el ‘Moby Dick' de John Huston. La novela de Herman Melville es el puro placer de la lectura, uno de mis libros favoritos. El lector ha de esforzarse en la persecución, tanto como el obsesivo y quizá loco Achab.

Me refugio en mis películas, siempre, en mi pequeña mochila, en Peter Weir, uno de mis dos o tres cineastas favoritos. Su cine es cine de vida, sensato, una mirada a la locura en ‘Sin miedo a la vida', con un Jeff Bridges que sobrevive a una catástrofe aérea. Loco, se cree invulnerable. Recorre lo que le rodea, la ciudad, la familia, en estado visionario.

Y también de Weir, la reflexiva ‘La costa de los mosquitos'. Un chalado Harrison Ford pretende construir una monstruosa y gigantesca máquina de hielo en plena selva. Persigue un ideal, no sabemos si imposible. No hay manera de intentar que recupere la cordura. Arrastra a su familia hasta el final de esa ilusión.

Somos Jekyll y Hyde. Somos ambos. Nada como esa historia de Robert Louis Stevenson: “Al día siguiente me llegaron noticias de que el asesinato había sido investigado, que la culpa de Hyde era patente ante el mundo y la víctima era un hombre que gozaba de alta estimación pública. No solamente era un crimen, sino que había sido una trágica locura”.

Hyde es el “escondido”. No sabemos que produce el veneno, o el alcohol que consume Jekyll, aquello en lo que le convierte. Es una historia que ha interesado al cine, que ya tuvo su versión muda en 1908. Jekyll es nuestro héroe. No podemos dejar de sufrir por él, de ponernos en su lugar.

Cierro los ojos e intento dejarme llevar por el Cine Imaginación, que me permita salir de mi propia locura. Tic-tac, tic-tac, tic-tac. El cerebro manda. El cerebral hará de loco y el loco hará de cuerdo. ¿Cómo vivir? ¿Cómo convivir con esto? Con la muerte, el bombardeo a ambulancias, jóvenes asesinados en un festival de música. ¿Cómo llegamos a eso? ¿Qué locos monstruosos generará eso? Más violencia y más violencia sobre el cuerdo, volviéndolo loco, o sobre el loco, convirtiéndolo en más loco.

El ‘Lawrence de Arabia' de David Lean es una historia llena de historias. Lawrence busca a su amigo en el desierto. Es una de las mejores escenas que conozco. A costa de todo, cuando el amigo está perdido, Lawrence es capaz de jugarse su propia vida. No da la espalda a su amigo, se interna en el desierto en soledad, para encontrarlo. No sabemos si es un cuerdo o un loco. Cualquiera diría que es un loco.

Me despido con ‘Un loco' de nuestro Antonio Machado: “(…) Por un camino en la árida llanura./ entre álamos marchitos./ a solas con su sombra y su locura/ va el loco, hablando a gritos./ Lejos se ven sombríos estepares./ colinas con malezas y cambrones./ y ruinas de viejos encinares./ coronando los agrios serrijones./ El loco vocifera/ a solas con su sombra y su quimera./ Es horrible y grotesca su figura;/ flaco, sucio, maltrecho y mal rapado,/ ojos de calentura/ iluminan su rostro demacrado”.