Victor Herrero Casa Joven
Víctor Herrero posa en la Casa Joven de Segovia. / KAMARERO

Víctor Herrero Miguelsanz (1 de febrero de 1982) es uno de los cuatro nominados a los VIII Premios Juventud de Castilla y León en la categoría ‘Trayectoria en la defensa de los valores de la juventud’, cuyo fallo se dará a conocer el viernes. Aquel voluntario que iba a campamentos de verano pasó a ser responsable de asociaciones y sacó la plaza en el Ayuntamiento de Segovia, cuya escuela de tiempo libre dirige.

— ¿Por qué entró en ese mundo?

— Participaba en campamentos todos los veranos porque mis padres, para facilitar la conciliación, nos apuntaban a mi hermano y a mí. Con 17 años, en vez de irme al extranjero a aprender inglés, empecé a hacer como monitor lo que había hecho como acampado. He tenido años de estar como voluntario en cuatro campamentos pasando el verano. No aprendí idiomas, pero conocía a mucha gente.

— ¿Por qué confía en las capacidades de la juventud?

— La juventud tiene un potencial que la sociedad no sabe exprimir; no tenemos las herramientas ni los mecanismos para darles la posibilidad de demostrar lo que tienen dentro. Me he llevado muchas sorpresas con adolescentes que tenían ideas geniales y nadie les ha dado la oportunidad de sacarlas. Últimamente, la juventud está muy criminalizada con la pandemia y me da mucha rabia. La mayoría ha cumplido y se criminaliza a todos.

— ¿Qué herramientas faltan para no desaprovechar su talento?

— Trabajar con adolescentes es complicado. La estamos tratando como una edad de paso en la vida; ya llegarán a adultos, ya serán responsables, ya te darás cuenta cuando trabajes… No prestamos atención a ese momento, y cada vez se va alargando más, como la juventud. Igual que tenemos jóvenes empresarios de 45 años, hemos aumentado la adolescencia por abajo (11 años) y casi hasta los 20. No podemos pretender que siete años de vida sean de paso; tenemos que aprovecharlos. Y el sistema no genera mecanismos para ello. Las personas mayores tienen programas, ayudas y espacios; para adolescentes, los recursos se reducen al mínimo. ¿Profesionales de juventud? Podemos hablar del monitor de tiempo libre, que es mundialmente conocido. Pero cuando digo que soy técnico de juventud parece que es el tío que va a una fiesta de cumpleaños a que la gente lo pase bien. Se está profesionalizando mucho más despacio que otros campos.

— Dice que la juventud está muy criminalizada. ¿Por qué?

— En esta ‘postpandemia’, tengo la experiencia de ver a adultos cambiar de acera porque iban en el mismo sentido que un grupo de adolescentes. ¿En qué momento puede pensar que puede contagiarse antes por ellos que por un grupo de adultos que está tomando algo? Cuando pasas al lado de una terraza, no cambias de acera. Nos hemos dejado llevar por una opinión mayoritaria, de medios de comunicación y del propio Gobierno: “Los jóvenes nos están contagiando”. Creo que se ha criminalizado injustamente a la mayoría cuando el 95% ha cumplido con las normas.

— ¿Cómo está llevando la juventud ese sambenito?

— Mal. En la concejalía pusimos en marcha una campaña, con 15 casos concretos que han desarrollado iniciativas para ayudar a otras personas de forma altruista, y les preguntábamos: “¿Qué te duele de esto?” La respuesta era: “Nos están poniendo en el lugar de un porcentaje muy pequeño de la población joven cuando el resto estamos cumpliendo. Llevamos un año en casa, yendo al instituto ocho horas con mascarilla, sin movernos de nuestro metro cuadrado de pupitre”. ¿Cómo se siente la juventud? Cada vez más despegada del sistema, del mundo adulto. “Si es que esto no va con nosotros. Encima de que no nos preguntan y no podemos tomar decisiones, nos hacen culpables”.

— ¿Qué consecuencias tiene ese desapego?

— Lo estamos viendo. Niveles de abstención en voto muy grandes; cada vez pasan más de las normas establecidas, de la vida habitual… No tienen referentes en política, en justicia. Es una juventud totalmente paralela al mundo en el que vive.

— ¿La tecnología es una oportunidad o una amenaza?

— Una oportunidad, totalmente. Es una amenaza para los adultos que no conocemos todo el potencial de la tecnología y nos da miedo que una persona sepa utilizar aparatos que nosotros ni conocíamos.

— ¿Falta comunidad entre ellos?

— Se echa en falta socialización. Estamos en un mundo competitivo; hay que ser los mejores desde pequeños, nos están calificando continuamente. Lo que antes veíamos más normal, como que se juntaran 20 chavales en una plaza, ahora no lo vemos, pero porque la propia sociedad se está convirtiendo en eso, más individualizada.

— ¿Cuál es el principal reto pendiente de los jóvenes?

— Crear espacios para que se escuche lo que tienen que decir. Si hablamos del sistema de pensiones, no hay ninguna voz de un joven, que es la persona que tiene que pagarlas. O cuando se habla de la subida del alquiler. Estamos buscando respuestas a los problemas de los jóvenes sin escucharles.

— ¿Qué le diría ahora a su yo adolescente?

— No tengas miedo. Y sé tú mismo.