La inseguridad convertida en logro

La segoviana Rosana Hernández acaba de publicar su primera novela, ‘La hija del pasado’, después de que las “nuevas circunstancias” de su vida le volvieran a acercar a la que siempre ha sido su gran pasión: la escritura

rosana Hernandez Libro
En su obra, Hernández relata dos historias paralelas: una transcurre en el siglo XI y otra en el presente. / E.A.

Su vida dio un giro de 360º. Nadie está preparado para recibir esa noticia. Las que a partir de ese momento se convertirían en sus “nuevas circunstancias” truncaron su carrera profesional: tuvo que dejar su trabajo en una entidad bancaria. Hace once años (tenía 37), a Rosana Hernández le diagnosticaron una leucemia con la que aún hoy convive. Aunque nunca se había distanciado del todo, durante años dejó de lado la que siempre había sido su gran pasión. Al conocer su enfermedad, no lo dudó: decidió dedicar su tiempo a la escritura. Y hace unas semanas acaba de publicar su primera novela, ‘La hija del pasado’. En un principio no se creía capaz de ello. No estaba segura de que lo lograría. Ahora disfruta del que considera uno de sus mayores logros personales.

Creció rodeada de libros. Desde que era niña, le gustaba escribir. Cuando estaba en el instituto, sus profesores de Lengua y Literatura le animaron a hacerlo. Se decantó por los relatos. Participó en algún que otro concurso local.

Poco después de recibir la noticia sobre su estado de salud, la segoviana se apuntó a un taller de escritura. Eso le renovó las ganas de hacer lo que le gusta. Sus amigos saben que esto le hace feliz. De ahí que, hace unos años, le propusieran participar en el Certamen de Carmen Alborch en Fuenlabrada (Madrid). Ganó el primer premio.

Hacía tiempo que una historia rondaba en su cabeza. Nunca se había decidido a darle forma: le parecía que escribir una novela “eran palabras mayores”. En el taller, hizo una novela en un mes. Sin correcciones. Esta la tiene guardada en un cajón. Pero fue el empujón que necesitaba para adentrarse sin miedo en el mundo de las letras.

Hernández hizo su segunda novela. Esta sí quería que viera la luz. Sabía que el mundo editorial no es sencillo. Consideraba que “a sus años” (48), se le había pasado su momento. No se rindió: quería cumplir su sueño. No necesitaba a ningún editor. Envió su historia a varios amigos escritores. Le impulsaron a publicarla. Y lo hizo a través de una plataforma digital. Un fotógrafo (también amigo) le diseñó la portada y se encargó de la maquetación. Se “lanzó”. Y no le ha salido mal.

“Si tienes las ideas, escribir no lleva mucho tiempo”, asegura. Hernández sabía lo que quería contar. No se puso límites. El proceso fue tedioso. Después del primer paso, llegan las correcciones. Esto lleva “mucho tiempo”. Ella misma debía corregir su obra, lo que le hizo sentirse “más insegura”. Llegaba a dudar “hasta de lo que sabía”, bromea.

En su obra relata dos historias paralelas: una transcurre en el siglo XI y otra en el presente. Está ambientada en el pueblo de su marido, Liétor (Albacete). Cuando lo visitó por primera vez en 1992, le llamó la atención “su pasado”: los restos que se habían encontrado en una cueva en el 85, el trazado de las calles, el sistema de cultivos a través de bancales…

Quería unir el pasado con el presente. Encontró la forma de hacerlo. A su protagonista también le diagnostican una enfermedad “como la mía”, dice. Tras el shock inicial, decide darle un cambio a su vida. En sus sueños aparece el pasado. Unió así los dos periodos.

La literatura lo es “todo”. Le ha ayudado en los momentos de soledad. De tristeza. Y de alegría. No recuerda un instante en el que los libros no le hayan acompañado. En sus viajes, son sus imprescindibles. Son sus “joyas” más preciadas.

No vive de la literatura. Esto no le preocupa. Su sueño era ver su nombre en la portada de un libro. Es de las que creen que no hay edad para poder alcanzarlos. Hernández seguirá poniéndose metas. Y adaptándose a las “nuevas circunstancias” que le plantee la vida.