Desarrollo de las conferencias
Desarrollo de las conferencias

Con este fin al menos y el del recuerdo de su majeza, ha sido el ideario tratado en la última revisión que se ha planteado para el conocimiento y divulgación, siempre necesaria, de la indumentaria tradicional segoviana del pasado sábado día 11 de septiembre en La Matilla. Ante un nutrido público de vecinos, estudiosos, aficionados y gustosos de la tradición precedentes de las localidades segovianas de Riaza, Ayllón, San Pedro de Gaíllos, Caballar, Cerezo, Olombrada, Carbonero el Mayor, Pinarnegrillo, Tabanera, Casla, Orejana, etc. así como otros grupos particulares que se sumaron de Madrid, Zamora, Burgos, Palencia y Valladolid se desarrollaron unas completas jornadas teórico-prácticas en un agradable día de propuestas y planteamientos. Todo ello a partir de la documentación y el necesario estudio de archivo y de recopilaciones en los pueblos de esta memoria, más urgente cada vez.

Las jornadas realizadas a lo largo del día en la localidad serrana fueron diseñadas y coordinadas por Carlos Porro, especialista en tradición oral y en diferentes aspectos de la etnografía como la música, la indumentaria, el baile o el romancero. Desarrolladas desde la Diputación Provincial a través del Instituto de la Cultura tradicional segoviana ‘Manuel González Herrero’ contaron además con el apoyo municipal local, pues La Matilla, a pesar de ser una pequeña entidad, viene destacándose desde hace mucho tiempo por su interés en el desarrollo social y cultural de la zona con gran energía siguiendo la brecha abierta hace décadas desde San Pedro de Gaíllos —pueblo, escuela, danza y Museo del Paloteo— quien ya en su tiempo apostaron claramente por el apoyo del patrimonio tradicional segoviano de toda índole y su dinamización.

La idea de poner en valor este olvidado patrimonio del traje y la artesanía del bordado se desarrolla en gran medida partiendo de la intención —de este como de otros proyectos— que se plantean siempre para localidades pequeñas, con el mismo derecho y respeto que ha de darse en las de mayor cuantía poblacional, y en todos los tiempos anuales, alejados de la concentración veraniega que acapara en un mes toda la programación cultural de muchas localidades. Se evita así que de esta manera queden huérfanas de otras manifestaciones otoñales o invernales, en los tiempos en los que con gusto y gana quedamos muchas gentes viviendo en los pueblos o con ganas de volver a ellos para disfrutar de jornadas como la presentada.

Las dos conferencias impartidas por la mañana por Carlos Porro versaron sobre el complicado —por abundante— espectro de la indumentaria segoviana, que amplia y varia como pocas en nuestra comunidad apenas se muestra en los tipificados trajes llamados de alcaldesa, de labradores ricos, de danzanta y de espigadora, que encorsetados en estereotipos desde los años cuarenta del siglo pasado hicieron sucumbir la majestuosa indumentaria mostrada por fotógrafos, pintores y ricamente conservadas en las arcas de las abuelas y que poderosamente llamaron la atención a escritores y cronistas de los siglos XVIII y XIX. Los trajes de La Churrería con esas almillas de seda brocada o paño rojo bordadas de estambre variados, los de calzón y chaleco de cuero curtido hasta hacerlo casi terciopelo pespunteados en bramante de colores de los pastores, los de las pastoras de la sierra, arcaicos y recios con los pañuelos franceses colocados ‘a la cebollera’ y sus manteos urdidos de cáñamo, tramados de lana y crines, los más modernos de fino mantón de Manila y pañuelos de cuarterón, los de boda de paños azulones finos de Segovia, los de casada de media roja, mantilla y montera, los de paño de Santa María o de Bernardos, los de borceguíes y polainas repujadas… Un repaso breve analizó los variados peinados de trenzado picaporte, de coletas finas trabadas a la espalda, de rodetes laterales sujetos con las horquillas de filigrana y la rosca a la nuca ensortijada de cuatro cabos de pelo. El adorno se completó con una muestra de la joyería de plata y coral, suntuosa como pocas en España, que protege a la mujer con los cristos triperos, las cruces de Caravaca, las medallas del Henar, de la Fuencisla, de Nieva, de Hornuez, o de Valdejimena, los granos y las cuentas de coral o de cristal de las numerosas sartas, los castilletes, bollagras y avellana de plata afiligranada, los pendientes de mazo, los de gajos de aljófar o coral y los de una, dos o tres carreras de oro o de plata que lucen aún con orgullo muchas mujeres de estas tierras.

Otra de las conferencias, la de la tarde, impartida por el investigador Carlos del Peso, refería la gran importancia del trabajo del centeno en la artesanía local de esta provincia en relación a otras de la comunidad, no solo para la fabricación de cestos y cestillas, marcos de fotografías o cajitas sino especialmente en el trabajo de las sombreras de paja trenzada y elegantes rosetones y ‘charoles’ que hasta hace no muchos años gastaron las mujeres serranas y otras segovianas como parte del vestir cotidiano y que ellas mismas fabricaban en La Cuesta, Arroyo de Cuéllar, Turégano, Valle de Tabladillo, San Pedro de Gaíllos, Collado Hermoso, Pelayos del Arroyo, etc. En dicha ponencia contamos con la presencia como asistente del mayor especialista nacional en el conocimiento de la artesanía vegetal y su trabajo en castaño, centeno, mimbre, esparto, etc. Carlos Frontales, residente segoviano para más señas.

La tarde se determinó con una conferencia ilustrada donde se visualizaron un centenar de imágenes originales y antiguas a partir de las cuales se analizaron los tiempos de la creación del estereotipo actual del llamado ‘traje regional segoviano’, desde los tiempos de su olvido en el uso diario a finales del siglo XIX hasta las fases en las que se fue organizando: las muestras de trajes y concursos de 1923, 1925 y 1926, la incorporación de la montera como icono imprescindible de la mujer y su estereotipo en la alcaldesa, los trabajos de la sección femenina desde su participación en 1942 en el primer concurso español de coros y danzas donde logró el segundo premio nacional, el desarrollo del traje de ‘corregidora de Cuéllar’ desde 1967 y las revisiones y actualizaciones del mismo a partir de 1980.

Tras ello se habló largo y tendido acerca de la exclusividad del vestir serrano, de trajes de ‘estezado’, dengues, medias azules de caracoles, camisas de ‘acorchados’ de mangas tableadas en fuelle, manteos berrendos y de tramado, albarcas de cuero y calzaderas, fardelas, calzonas de cuero y mandiles floridos de algodón. Se insistió más en el trabajo aún por realizar en gran medida aprovechando los interesantes datos de anteriores trabajos de otros escritores, pintores o documentalistas como Antonia Antoranz, Ángela López, María Eugenia Gil o los pintores o fotógrafos Tablada, Sorolla, Zuloaga, Mencía, Ortiz Echagüe, Laurent, Cossío y Benito de Frutos, además de la revisión de fondos del Museo de Segovia y El Museo del Traje de Madrid de donde se mostraron algunas de las gorras de centeno o los trajes que desde 1925 se conservaron entre los fondos textiles de este museo nacional.

Con esa información y el anterior trabajo realizado por el ‘Colectivo Corrobla de bailes tradicionales’ se presentaron ante el público -que llenaba la sala en un aforo completo de casi sesenta personas- una muestra y colección en directo de ocho trajes al modo antiguo donde entre piezas históricas se vistieron las galas de la novia de Orejana, que Irene vistió en las piezas originales que conservaba de su bisabuela, la pareja de serranos de El Arenal, que se reprodujeron a partir de las piezas antiguas del pueblo, otra pareja de segovianos del llano vestidos lujosamente de montera y mantilla labrada en hilos de sedilla, talcos y lentejuelas de colores copia de una de las escasas mantillas originales que nos han llegado. Otro modelo lucido fue el de mujer ataviada a modo de media fiesta con sayas y mantón del ramo de merino color aceituna prendas centenarias y un hombre de edad de ‘elástica’ encarnada junto a otro más joven al estilo de principios del siglo XX de traje largo de paño pardo doceno y sombrero ‘pararrayos’ de los que fabricaron en Segovia.

Como dato a tener en cuenta se planteó un proyecto local de recuperación de la antigua indumentaria de la danza de paloteo propia, que sería iniciado por un taller artesano que copiase los centenarios gorros floridos de plumas, sedas y galones de oro y plata que aún se conservan en el pueblo y se usaron en la danzas hasta el año 1920 y que forman parte del común vestir que con gala se muestranvitales en Valleruela de Pedraza entre otros pueblos. La danza de palos matillanarecuperada hace unos pocos años ilustró el cierre de las jornadas en la concurrida plaza al son sentidode las gaitas y el tamboril tañido por el propio alcalde descendiente del tío Valentín ‘Pitite’, antiguo tamboritero localque junto con el veterano dulzainero Gregorio García de 95 años, aún en activo,tocaba las danzas y los bailes de rueda de la comarca. Aquel bailede rueda cerró en el cercado de la plaza, junto con la jota los actos de este día interpretados por la comparsa de gaiteros antes mencionada.

Las diferentes instantáneas que se publican aquí del encuentro fueron realizadas por Jon Quintano, diseñador y fotógrafo de origen vasco asentado en Burgos, uno de los grandes especialistas en la fotografía artística etnográfica que asistió también al encuentro. Unas jornadas desde luego para repetir en cualquier momento y localidad que en esta situación trágica de la salud se presentan como un aliciente visual y espiritual que reconforta y calma el ánimo en esta pandemia, en el tiempo que seguimos apostando por la riqueza de las manifestaciones tradicionales con el respeto y el cuidado en todas las situaciones.