Los niños fueron los verdaderos protagonistas de una jornada en la que la ilusión y la alegría fueron las notas más características. / EL ADELANTADO

Este año no se les pudo ver recorriendo las calles. El coronavirus hizo imposible las multitudinarias recepciones a Sus Majestades los Reyes Magos, y a pesar de los avances tecnológicos que acercaron su presencia a través de los medios audiovisuales, los niños se acostaron ayer con alguna duda sobre la capacidad de Melchor, Gaspar y Baltasar para llevar a cabo su misión y satisfacer las peticiones expresadas en sus cartas.

En una noche especial y marcada por las medidas sanitarias, los Reyes Magos se esforzaron más que nunca por cumplir su compromiso anual con los niños, y tanto ellos como sus pajes trabajaron sin descanso durante toda la noche de forma silenciosa y discreta, contando con la autorización gubernativa para sortear el toque de queda al considerar su trabajo de primera necesidad.

De este modo, en la práctica totalidad de los hogares segovianos, los zapatos de los niños y niñas fueron rodeados de sus regalos preferidos en mayor o menor medida, y aun siendo un día de fiesta, los pequeños madrugaron para comprobar impacientes e ilusionados la eficaz presencia de los Reyes en sus casas.

Con el sueño pegado en los ojos, los pequeños desenvolvieron sus paquetes, y la somnolencia de sus caras fue dando paso a la alegría al constatar que sus deseos se hicieron realidad, e incluso vieron que los Magos de Oriente dejaron también alguna que otra sorpresa para los papás y los abuelos.

Como en todas las mañanas de Reyes, la jornada se desarrolló entre envoltorios, cajas de cartón, instrucciones de montaje y pilas, pero también hubo tiempo para iniciar el día con un buen desayuno aderezado con el exquisito roscón de Reyes, siendo éste el único día del año con un postre especialmente elaborado a tal fin.

La imparable magia de los Reyes llena los hogares de ilusión

Las autoridades sanitaras recomendaron que este año se evitaran los intercambios de regalos, y se restringieran a la unidad familiar, sugerencia que se cumplió en gran medida, aunque en otros casos se optó por llevar los regalos a las casas para evitar concentraciones. De este modo, el carácter familiar de la fiesta que pone el punto final a la Navidad se vio truncado por la pandemia, a la espera de que vengan tiempos mejores y que los reyes de 2022 sigan siendo igual de generosos y añadan a sus sacos la posibilidad de abrazar y besar a los seres queridos.