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Pablo Zamarrón fue alumno de la primera promoción de la Escuela de Dulzaina en 1982. / E.A.

Durante toda su vida, trabajó como ingeniero técnico. Con esto “alimentaba su cuerpo”. No su alma: a esta la nutre la música. Incluso suspira. No sabe qué responder cuando le preguntan qué significa para él la música. “Es muy importante”, sintetiza Pablo Zamarrón. En especial, la dulzaina. A ella se unió cuando era un niño. Ahora, tras su jubilación, le dedica todo su tiempo. No es de extrañar: la considera una de las herencias más preciadas. Siempre ha sentido un profundo interés por “las cosas de la tierra”. Sobre todo, por “su” tierra: Segovia. La misma que hoy le honrará. La Escuela de Dulzaina le homenajeará en la Plaza Mayor a las 21:00 horas, tras el tradicional pasacalles que arrancará a las 20:00 horas en la iglesia de San Millán.

En su casa no había instrumentistas. Aunque sí que se cantaba. Fue él quien se encargó, cuando tuvo “un poco de conciencia”, de que sus padres le cantaran. Al principio, Zamarrón fue autodidacta. Poco después, pasó a la Escuela de Dulzaina de León, donde estuvo un año. Al tiempo, vino a vivir a Segovia. Aquí, en 1982, se convirtió en alumno de la primera promoción de la Escuela de Dulzaina.

Piensa que, con la dulzaina, “cubre una necesidad”. Pero lo más importante para él es que toca un instrumento folklórico. Tradicional. “Heredado”, dice con firmeza. Es en esto, en la tradición, en lo que hace especial hincapié. Cree firmemente en la obligación de mantener su uso. “Y pasarlo a las siguientes generaciones”, asegura. Tanto el repertorio heredado. Como lo que se va a incorporando.

Zamarrón considera que las fuentes primarias son claves. De ahí la importancia de conservarlas. Es investigador del folklore. “La transmisión oral desaparece”, lamenta. A su juicio, la única forma de combatir este problema es registrando “lo que se está perdiendo”. En la actualidad, bucea en las profundidades de la zona de El Carracillo. Este trabajo le está “absorbiendo”. Pero le satisface.

También es académico de San Quirce. Tanto su discurso de ingreso como el de la inauguración del curso pasado, fueron temas musicales. Siempre que “puede”, le concede un papel principal a la música “heredada”. De hecho, sigue tocando con ‘Los Zamarrones’, ‘Carrapinar’, ‘Vila Sirga’ y ‘La Órdiga’, entre otros. A Zamarrón le queda música para rato.