Varios clientes hacen cola en un supermercado de Mercadona en Segovia. / ROCÍO PARDOS
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Si el personal sanitario lleva meses sometido a un estrés excesivo, el tejido de ONG asumen su papel en el disparadero. Tras una década paliando las carencias del sistema durante la anterior crisis, se preparan para otro chaparrón sin que haya terminado de salir el sol. Y en tiempos de pandemia las cosas se complican. La Gran Recogida del Banco de Alimentos 2020 ha eliminado la entrega física de comida para no poner en riesgo a sus voluntarios y evitar contagios. Y Rufo Sanz, presidente de la organización en Segovia, se muestra pesimista. “Va a ser resultar una campaña tan triste como la época en la que estamos”.

Sanz entiende que no era el momento para el cambio. “Aunque algunos establecimientos han puesto los indicativos y han informado al consumidor, esto se ha adelantado demasiado. Se podría haber hecho dentro de cuatro o cinco años. O haberlo hecho de las dos maneras. Ni se ha hecho a tiempo ni se ha hecho bien. Y los resultados que estamos viendo no son los indicados”.

Las previsiones son muy lejanas a las 25 o 30 toneladas de alimentos que se recogen otros años. “Ni mucho menos. Unos son reacios a dar dinero y a otros les gustaba el sistema anterior. En algunos sitios está resultando mal, sinceramente”, señala Sanz, que habla más de costumbres que de falta de solidaridad. Que aunque el coste sea el mismo, es mucho más agradecido gastarse un euro en un paquete de arroz que incluirlo en la cuenta de la compra al pasar por caja.

A eso se añade la ausencia de información. “No es que el público no colabore, sino que no se entera. No es lo mismo tener los voluntarios ahí con los petos y los folletos que hacerlo de una manera tan fría. Al final, la cajera da al botón del Banco de Alimentos como da el de los tomates”. La decisión se justifica para evitar contagios al entender que concentrar a muchos voluntarios en un mismo espacio añade riesgos. “Es una decisión a nivel nacional y nosotros poco podemos decidir. La verdad es que no han contado con nosotros”.

En la campaña participan unos 45 establecimientos en la provincia. Hay diferentes formatos; desde añadir una donación en el paso por caja hasta ‘comprar’ unas pequeñas chapas con cantidades redondas que se incluyen como cualquier otro producto, pero el importe se dona al Banco de Alimentos. La campaña lleva activa desde el lunes. Mañana es el último día de recogida.

Una situación difícil

El presidente de la ONG subraya que será muy difícil comparar euros con toneladas. La incertidumbre es mayor porque en años anteriores se hacía un recuento aproximado a final de cada jornada en los grandes establecimientos. “Aunque la solidaridad de los segovianos siempre ha sido especial, las cosas están muy mal”.

Pese a la necesidad de comida, Sanz señala otras prioridades a la hora de paliar el impacto de la pandemia. “A nosotros nos viene muy bien, pero el apoyo principal hay que dárselo al empresario y al autónomo para que no se pierdan puestos de trabajo y que todo tire para delante”.

Aunque el resultado de la campaña sea una cifra, la ONG reconoce su necesidad de alimentos. “Lo que se saque, que esperamos que sea poco, la verdad, porque este cambio influye mucho, nosotros lo transformaremos en establecimientos en alimentos. Es una época mala, que cada día se presenta peor y no se ve el apoyo propicio. Estamos pendientes que caiga el chaparrón, que va a ser muy grande”. Cuando aún no había terminado de escampar.

“Habrá menos alimentos, pero hay”

El Banco de Alimentos no descarta ninguna alternativa para hacerse con comida y asegura que habrá suficiente para aquellos ciudadanos que lo necesiten. “Lo principal es indicar a los segovianos que no lo están pasando bien que se acerquen a sus trabajadores sociales y ayuntamiento. Habrá menos, pero hay alimentos”, señala Rufo Sanz.