La generosidad desde el anonimato

Hace cerca de cuatro décadas, Ángel Román se convirtió en el secretario general de la Hermandad de Donantes de Sangre. Desde entonces, sabe de la bondad de los segovianos que, con un simple gesto, logran salvar vidas

Román siente la necesidad de felicitar a esos cerca de 10.500 donantes que tiene en sus archivos. / KAMARERO
Román siente la necesidad de felicitar a esos cerca de 10.500 donantes que tiene en sus archivos. / KAMARERO

Para él, no es un orgullo tener este cargo. Sí lo es el bien que sabe que su trabajo hace a la sociedad. Esto no sería posible sin ellos; aquellos que, de forma anónima, salvan la vida de un buen número de personas con un sencillo gesto. El segoviano Ángel Román es el secretario general de la Hermandad de Donantes de Sangre desde hace 39 años. Desde entonces, tiene claro que la generosidad juega un papel clave en la vida.

Hace cerca de cuatro décadas, salió la plaza de secretario general de administrativo de la Hermandad. Él estaba entre los que se presentaron. Superó los exámenes y, tras un mes de prueba, se quedó con el puesto. Cuando se enteró de que salía esta plaza, no dudó en opositar. Siempre se ha movido por la bondad.

Explica su situación de “una manera muy sencilla”: de 8 a 15 es “el empleado” de la Hermandad. Y de 15 a 20 es el secretario general. Está todo el día a disposición de las posibles necesidades que se puedan plantear en este “maravilloso” mundo que es la donación de sangre. Piensa que hay mucha gente que, “con gran generosidad”, está salvando la vida de otros.

Los donantes contribuyen a que la sociedad sea mejor. Y más saludable. Lo hacen desde el anonimato y el altruismo. Uno solo “logra salvar la vida de tres o cuatro personas”, explica Román.

Sabe bien de lo que habla. Tiene un familiar que hoy vive gracias a los donantes. De no haber sido por ellos, “no podría haber continuado con su hermosa vida”. Román no tiene dudas; “no hay nada más grande que tener salud”, asegura.

De ahí que desempeñar este cargo sea para él “un servicio”. Se considera un privilegiado de la propia vida. Se deshace en elogios cuando habla de la función de la entidad.

Se considera uno más. Su trabajo consiste en estar “muy atento” y en atender todas las necesidades para que “en ningún momento” un enfermo deba enfrentarse al que es uno de sus mayores miedos: que tenga que esperar la sangre porque no hay reservas. “Esos casos no suelen darse”, sostiene. En parte, lo evita el banco del centro de Hemoterapia y Hemodonación de Castilla y León.

“Con la época estival, todos nos relajamos un poco”, lamenta. Están más bajos de los grupos negativos: 0, A, B y AB. No obstante, están dentro de los límites para mantener un stock adecuado. La ciudad puede estar tranquila. No tiene quejas. Le enorgullece ser segoviano. Es más, siente la necesidad de felicitar a esas cerca de 10.500 personas que tiene en sus archivos y que están deseosos de poder donar sangre.

Gracias a la generosidad de los segovianos, se ha mantenido el nivel en la Hermandad. “Diez minutos de tu vida, dedícalos a salir y a acercarte a un punto habilitado para la donación”, subraya. La sangre sigue siendo necesaria. Y no solo por la pandemia que sacude al mundo. Sino por otras enfermedades que, aunque hay para quienes parecen haber desaparecido de la faz de la tierra, siguen existiendo.

No quiere hablar de los que han batido “récords de donación”. “Eso suena a olímpico”, manifiesta. No es cuestión de esto cuando está en juego una vida. Pese a ello, hay quienes “han superado las 150 donaciones a lo largo de su vida”, dice Román.

“El donante es la maravillosa persona que pone el brazo sin pedir nada a cambio”. Sabe la definición que merecen este tipo de personas. Igual le ocurre con la palabra generosidad. Esta la puede combinar con otras como entrega, altruismo o voluntariedad. Los donantes dan lo más importante que uno tiene: su sangre. ¿Su objetivo? Que otros disfruten de la vida que ellos tienen.