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La colección de García Rodero se compone de 74 fotografías. / KAMARERO

Su colección ha recorrido el país. De hecho, se gestó en diversos puntos de la geografía nacional. Su propósito no es sencillo; trata de reflejar las raíces y la autenticidad de cada comunidad. Es esto lo que le dio fuerza a la artista Cristina García Rodero (Puertollano, 1949) para seguir con su trabajo más longevo. Es la octava vez que se puede ver en España, pero la primera que estará disponible en Castilla y León y, en ese periplo, Segovia ha tenido la suerte de que recaiga en ella. Hasta el próximo 24 de julio, el Torreón de Lozoya acogerá la exposición de fotografía ‘España oculta’, compuesta por 74 imágenes de alto valor documental, antropológico y artístico realizadas en blanco y negro entre los años 1975 y 1988.

“Me dan la oportunidad de que la exposición siga viva y pueda ser compartida, disfrutada y entendida”, aseguró ayer Rodero durante la presentación de la colección en la Sala de Tapices del Torreón de Lozoya, donde estuvo acompañada del director del Área de Negocio de Segovia de CaixaBank, Pablo Gómez, y la vicepresidenta de la Fundación Caja Segovia, María Jesús Hernando de Frutos. Fue precisamente en Segovia donde dio sus primeros pasos puesto que, en 1971, participó en el curso de pintores pensionados, y fue aquí donde realizó su primera exposición como pintora.

La muestra trata sobre la ‘España de los pueblos’ que la artista ha conocido mientras la recorría y la vivía. En sus travesías iba descubriendo distintas sociedades gracias a la gente que se cruzaba en su camino y le tendía su mano. A lo largo de su intervención, recordó algunas anécdotas y las dificultades a las que tuvo que hacer frente en los innumerables viajes que realizó y que le prepararon para estar en otros países “más duros”, como la India.

Así, hizo especial hincapié en que son quienes aparecen en las fotografías los “verdaderos protagonistas” de unas imágenes que fueron el resultado de una hospitalidad inusitada. Ella, por su parte, era “la persona paciente que esperaba toparse con los momentos más interesantes”.

García Rodero documenta las fiestas, las tradiciones y las formas de vida ligadas al entorno rural con una original mirada que rehúye los tópicos visuales. La fotógrafa inició esta serie, con imágenes de gran profundidad artística, hace más de 40 años. A lo largo de este tiempo, ha conservado intacta la que es su seña de identidad y el motor que le llevó a la realización de este trabajo. “Soy una persona aventurera”, garantizó, a la que le gusta descubrir el mundo, la cultura, estar cerca de la gente y las diferencias y similitudes que hay entre los seres humanos.

Un clásico de la fotografía

‘España oculta’ se ha convertido en un clásico de la fotografía contemporánea. Cuando García Rodero inició este proyecto, se distanció de la España negra de aquella época y de los tópicos visuales, y concibió su obra como un vasto trabajo de investigación sobre los rituales, las creencias y los usos y costumbres.

Gracias a esta visión, su obra constituye la documentación visual más importante sobre folclore y ritos religiosos de España. Al mismo tiempo, trasciende los límites de la sociología y adquiere una gran profundidad artística.

Empezó a fotografiar la fiesta en España en 1973, en un momento en que los ritos y las costumbres aferradas a la tradición desaparecían y quedaban pocos rastros de su autenticidad. Sin embargo, los comienzos de este proyecto no fueron sencillos, a pesar de que con él encontró su aliento y su meta. “No sabía las costumbres que había en España”, pero se propuso descubrirlas y así lo hizo. Su intención era que se conocieran las fiestas ocultas que tienen una gran tradición en otras partes del país, más allá de la Semana Santa sevillana o de los Sanfermines.

Uno de los rasgos característicos de este trabajo es la constancia de la fotografía ya que, año tras año, repite cada ceremonia con los mismos participantes, gestos e indumentaria. Pero cada vez encontraba “más cosas diferentes”, le gustaba más su trabajo y se relacionaba más con la gente.

García Rodero está satisfecha; considera que se le ha reconocido su trabajo porque habla de emociones. “Son las emociones las que me hacen apretar el obturador”, sostuvo, al tiempo que advirtió de que, el día que se aburra, dejará de trabajar. No obstante, por el momento, a sus 72 años, no tiene intención de dejar la cámara, y espera recuperar el tiempo que la pandemia le ha robado para terminar algunos de los proyectos que aún tiene pendientes.