Castaño de Indias, de la plaza de la Merced de Segovia. / AGP

“Se trata de instituir la Fiesta del Árbol; esto es, el establecimiento de la costumbre de sembrar un árbol en determinado día cada uno de los niños de las escuelas, dependientes de la autoridad, empleados, etc.

— Qué gusto, dirán los enemigos del arbolado, que en Madrid son muchos…
— ¡”Cuántos árboles nuevos que poder arrancar!”

Estas líneas publicadas en el periódico La Lidia el 12 de agosto de 1894 nos dan una idea de la sensibilidad, del valor que tenía el arbolado en España a finales del siglo XIX.

La prensa de la época decía que la idea de celebrar un ‘Día del Árbol’ surgió gracias al periodista Julius Sterling Morton y a su esposa Carolina, que fomentaron la plantación y el cuidado de los árboles en el territorio de Nebraska, destinando un día específico, desde el 10 de abril de 1872, a celebrar esta fiesta.

Sin embargo, algunos estudiosos colocan el origen de la fiesta del árbol en España. En el pueblo cacereño de Villanueva de la Sierra se celebra desde el año 1805 el día del árbol. Ese año, una tormenta quemó la arboleda del pueblo. El párroco, D. Ramón Vacas, un cura afrancesado amigo de la Ilustración, ante el desastre que se había originado vio la solución en la plantación de árboles para reparar la pérdida de los que se habían quemado. Convocó a los vecinos, incluidos los escolares, y el 26 de febrero de 1805 realizaron la plantación de nuevos árboles. Hasta hoy. Es obligatorio mencionar la figura de D. Joaquín Costa, publicista, periodista, diputado. A través de sus numerosos artículos promovió el interés por el árbol en España, dando un carácter pedagógico a sus ideas, pues creía que la solución al vandalismo arboricida estaba en la educación en las escuelas. De ahí la presencia de escolares en la ‘fiesta del árbol’.

Sea como fuere, las noticias sobre la ‘fiesta del árbol’ empezaron a ocupar páginas en todos los periódicos, los de la Corte y también los de provincias, que copiaban las noticias de la prensa de la capital. Para muestra lo que decía el periódico La Unión el 7 de noviembre de 1895:

“La comisión provincial de Madrid, a propuesta de un señor diputado, ha acordado la celebración anual de la fiesta del árbol. En el corriente mes se inaugurará, confiando a mil niños y mil niñas la plantación de otros tantos árboles, que después serán cuidados por sus plantadores […] La sistemática guerra al árbol tiene despoblados nuestros campos de toda vegetación […] Pues bien, educando a los chiquillos destructores, se suprime el principal enemigo del árbol de España. Inclinándole a que plante un árbol, haciendo después un mérito del hecho de cuidarlo hasta que se haga grande, se consigue lo ame, y cuando ama a su árbol amará a todos los árboles.
El niño que ha plantado y cuidado a un árbol, no solamente es amigo de los árboles, sino propagandista del respeto que merecen.”

Y sí. Se celebró la primera fiesta del árbol. Tuvo lugar en Madrid el 26 de marzo de 1896 bajo la protección de la Reina Regente y de S.M. el Rey Alfonso XIII, que también plantó su arbolito en la zona conocida como el ‘cerro del centinela‘, lo que luego conoceremos como Ciudad Lineal, al igual que lo hicieron otros dos mil niños y niñas de las escuelas de Madrid que recibieron una medalla conmemorativa del acto.

La Fiesta del Árbol llega a Segovia. D. Mariano Sáez y Romero

D. Mariano Sáez y Romero nació en Segovia en la Plazuela de las Arquetas el 6 de diciembre de 1867. Fue el único hijo varón del matrimonio formado por Dª Valentina Romero Gilsanz y el notario D. Gregorio Sáez Sánchez, ambos naturales de Fuentepelayo.

Después de la primera enseñanza D. Mariano pasó al Instituto General y Técnico donde ganó el grado de Bachiller en 1882. Estudiante aplicado y brillante, se trasladó a Madrid y en su Universidad Central obtuvo las licenciaturas en Filosofía y Letras y también en Derecho Civil y Canónico, doctorándose en Derecho.

Justo cuando empezaba su carrera de abogado en la Corte fue nombrado alcalde de Segovia en julio de 1897. En su discurso D. Mariano solicitó la ayuda de todos, “hijos de una madre común, Segovia”. Sus palabras cayeron en saco roto. Tanto es así que en octubre de ese mismo año ya había realizado una petición al rey en la que solicitaba aceptasen su dimisión como alcalde.

Aún así, D. Mariano siempre trabajó para mejorar Segovia. Con sólo 25 años, como socio de la Sociedad Económica Segoviana de Amigos del País, presentó una proposición, quizá demasiado avanzada para la época, para que hombres y mujeres recibiesen clases de Adorno; tuvo poco éxito. También, desde su puesto de concejal, realizó numerosas y útiles mociones para lograr el avance de Segovia: la instalación de pararrayos en distintas zonas de la ciudad; un gimnasio para las escuelas de primera enseñanza, o que el ayuntamiento instituyese la ‘fiesta del árbol‘.

El 3 de agosto de 1900 D. Mariano Sáez propuso la celebración del día del árbol: “El Concejal que suscribe tiene el honor de proponer a la Corporación Municipal estudie la organización y en su día realice debidamente, la llamada Fiesta del Árbol contando para ello con los niños de las Escuelas Públicas Municipales.

La defensa de esta proposición que no se hace hoy por no molestar a la Excma Corporación, está dispuesto a hacerla el que suscribe, en todas ocasiones que le sea pedida, pues su aspiración no es otra que el pueblo de Segovia pueda tener esa fiesta que tan alto pondrá su deseo de adecentamiento y mejora moral y material”.

Faltó tiempo para que recibiese el apoyo del periodista José Rodao en su sección ‘De Domingo a Domingo’ del Diario de Avisos del 19 de agosto de 1900:
“Yo no se si nuestro Ayuntamiento, hoy hondamente preocupado con la provisión de la vacante de Secretario, podrá prestar toda la atención que merece a la idea iniciada por Mariano Sáez, en una de las últimas sesiones.

Quiere ese ilustrado concejal que se organice en Segovia la llamada fiesta del árbol y sólo elogios merece tan noble propósito, como habrá de merecerlos el Municipio segoviano si acoge con entusiasmo un pensamiento de tan fácil realización y de tan provechosas enseñanzas […] aquí, a pesar de los esfuerzos de segovianos tan distinguidos como Félix Gila, no hemos podido reincidir en lo de la colonia escolar, hermosa obra que no ha pasado del prólogo, bueno sería que declarando guerra sin cuartel a los enemigos del árbol —que por desgracia no escasean en esta tierra — realizáramos la fiesta iniciada por Mariano Sáez mi querido compañero de cuartillas.

Debe el Ayuntamiento sin andarse por las ramas, que eso no estaría bien aún tratándose de la fiesta del árbol, patrocinar tan plausible idea, porque de lo contrario llegaría a creerse por alguien que en Segovia no pueden aclimatarse más que los árboles de los cuales se saca el corcho y que esos solían también echar raíces en la Corporación municipal”.

Y la propuesta pasó a las comisiones, y allí durmió el sueño de los justos. Eso sí, se pedía información a otros municipios, Zaragoza, Burgos, o diputaciones como la de Madrid para que les facilitasen noticias acerca de la celebración de otras fiestas del árbol, de las que habían organizado o las que proyectaban realizar.

El tiempo iba pasando. Había que buscar un sitio donde realizar las plantaciones. El director de arbolado debía estudiar la situación, la orientación, la clase de tierra, su fertilidad, el número y tipo de árboles… también había que contactar con los maestros de las escuelas públicas para que explicasen a los niños lo que se iba a realizar y pudiesen estar preparados en la fecha señalada. Tanto se tarda que da tiempo a que el 17 de noviembre de ese año de 1900, el arquitecto Municipal, D. Joaquín Odriozola presente un “…proyecto de Parque en la proximidad a Chamberí limitado por la Plaza de Toros, la Casa de Mistos [sic], los Depósitos de Agua y la Carretera de la Granja”.

Finalmente, después de algunos acalorados debates municipales, en los que se discutió acerca de la cantidad de dinero destinada para la merienda de los niños —que pasó de la friolera de 80 pesetas (la prensa decía que el ayuntamiento quería evitar indigestiones a los escolares), a intentar suspender la fiesta por parte de algunos concejales y por último a un presupuesto definitivo de 150 pesetas—, se celebró la primera fiesta del árbol el 13 de abril de 1901 en los altos de Chamberí. Se plantaron 500 árboles y se dio merienda, escasa, a los escolares.

El secretario de la corporación municipal levantó acta, que firmaron las autoridades asistentes, incluido el autor de la idea, D. Mariano Sáez.

D. Mariano Sáez recibió numerosas felicitaciones y parabienes de sus compañeros de la prensa, no en vano fue director durante algunos años del Diario de Avisos.
También se celebró esta fiesta en 1902, exactamente el 3 de abril y la plantación que en principio estaba pensada realizar en los altos de la dehesa de San Andrés, terminó realizándose de nuevo en los altos de Chamberí, con bendición por parte del Ilmo Sr. Obispo, palabras de los maestros y del Sr. Alcalde y con la distribución de 1200 meriendas para los niños asistentes, todo amenizado por la banda de música de la Academia de Artillería.

Sin embargo, en 1903 D. Mariano había dejado la política; los árboles no tuvieron defensor y la fiesta no se volvió a celebrar por más empeño que puso cada año la prensa local. D. José Rodao seguía siendo muy duro con los munícipes. En el Diario de Avisos del 18 de febrero de 1903 no dejaba títere con cabeza: “Buscaba yo en las Notas Municipales del otro día algo trascendental e importante, que justificase lo de las tres horas de sesión […]aunque no hay en Segovia crónica que pueda ponerse en parangón con nuestra indecencia, que es mucho más crónica todavía; esperaba ver en estas columnas que los representantes del pueblo se proponían como en años anteriores celebrar la llamada Fiesta del árbol, que inició durante su época de concejal Mariano Sáez; o hacer que los bandos antiperrunos se cumplieran al pie de la letra, para que Segovia no llegue a conquistarle en la Historia el título de muy leal y muy perruna, que tiene ya sobradamente ganado desde hace algún tiempo… pero nada de eso, ni de lo otro me encontré en la reseña de tal sesión…”.

Segovia tuvo que esperar hasta 1907 para ver una nueva plantación. La Asociación de los Gremios de Construir presidida por D. Cándido López solicitó permiso al ayuntamiento para celebrar una nueva Fiesta del Árbol, y se realizó, de forma discreta, en la zona de la carretera de La Granja, cercana a la residencia de las Hermanitas de los pobres.

Nuevas plantaciones se realizaron en 1920, en la subida del Pinarillo, o se intentaron, como en 1926 en los Altos de San Lázaro, pero el mal tiempo lo impidió finalmente.

Sirvan estas líneas para recordar la figura de D. Mariano Sáez y Romero, abogado, escritor, alcalde y concejal, impulsor de la ‘fiesta del árbol’ en Segovia, conocido por todos aquellos que en algún momento han leído o escrito sobre la ciudad de Segovia.


(*) Doctor en Pedagogía.