La feminista que propulsó el turismo en Segovia

Creemos que la ocasión lo merece. El Adelantado de Segovia publica un especial sobre María Espinosa de los Monteros dentro de sus habituales Crónicas del 120 aniversario. María propulsó el turismo de Segovia con una política de fomento, propaganda y creación de producto

Lunes 2 de agosto de 1926. Hacía calor esa tarde en Segovia; desde días atrás un bochorno se había apoderado de la ciudad. A primera hora estaban citados en el domicilio de María Espinosa de los Monteros, concejala de Turismo en el Ayuntamiento de Segovia, Segundo Gila, veterano presidente de la Diputación Provincial, Fernando Rivas, alcalde de la capital desde principios de enero de 1926, y Alberto Camba, comandante de Intendencia y colaborador habitual de El Adelantado de Segovia. En ese periódico la concejala de Turismo y Alberto Camba se habían dirigido sendos artículos unos meses antes sobre el turismo en Segovia. Ahora, esa tarde calurosa del mes de agosto se iban a discutir las acciones que se emprenderían en los próximos meses. El turismo estaba en el programa del gobierno dirigido por Primo de Rivera como cuestión estratégica. Dos años después, ese mismo ejecutivo pondría en marcha la construcción de los albergues carreteros, que luego darían paso a los Paradores de Turismo. También dos años después, El Adelantado de Segovia veía con claridad la cuestión: Segovia, ciudad de turismo, debe atraer al turismo. Así abría el periódico su edición del 10 de mayo de 1928.

A María Espinosa de los Monteros (1875-1946) le gustaba recibir en su casa. Su condición de empresaria, de mujer con carácter, capaz de presidir una empresa o de pronunciar conferencias que alertarían al propio doctor Marañón, no le alejaban de su posición de mujer burguesa, con unas pretensiones sociales que le alentaron a duplicar sus apellidos, de Espinosa y Díaz, como la bautizaron e inscribieron en el Registro Civil de Estepona, su lugar de nacimiento, a Espinosa de los Monteros y Díaz de Santiago, una costumbre muy extendida en la España de la época. A María le gustaba recibir, he dicho. Unos años antes de esa reunión de Segovia, en donde se iba a trazar el futuro de la organización turística en la provincia, también ejercía de anfitriona. Esta vez el lugar era distinto, como también lo era el motivo. Retrocedemos al 20 de octubre de 1918, y al domicilio de María Espinosa de los Monteros en Madrid, en la calle Barquillo, 4. Allí se constituyó formalmente la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, embrión, junto con otros grupos análogos formados en Valencia –Liga para el progreso de la mujer y Sociedad Concepción Arenal- y Barcelona –La Progresividad Femenina y La mujer del porvenir-, del primer feminismo organizado en España. Los cinco grupos se agruparon en el Consejo Supremo Feminista de España, que en su principio presidiría María.

CRÓNICAS DEL 120 ANIVERSARIO | La feminista que propulsó el turismo en Segovia

Unas horas después de comenzada la reunión en Segovia, y sin ningún nexo de causalidad con ella, el general Primo de Rivera iba a sufrir una astracanada en forma de atentado con arma blanca de las que han ocurrido históricamente en Barcelona; el carácter del dictador le llevó a salir de su coche e intentar acometer con su bastón de mando al agresor, que terminó atropellado por el coche de un escolta. Lo dicho: una astracanada.

Primeras concejalas de Segovia

Probablemente Primo estuviera detrás del nombramiento como concejala en Segovia de María Espinosa de los Monteros, a quien conocía personalmente. El general era de nación jerezano, de Jerez de la Frontera, como lo era el ex marido de María y también la compañera de vida de la concejala en ese momento, Ana Picar. Quiero decir que Primo nombró a una feminista, separada y probablemente bisexual, edil de una ciudad tan peculiar en sus tradiciones sociales y religiosas como Segovia. Todo un reto. No fue la única concejala designada por el gobierno para ocupar el Ayuntamiento de Segovia tras las elecciones municipales fallidas de 1925. Le acompañó en ese nuevo ejecutivo local Carmen García Moreno, algo que no es tan conocido. María se dedicaría al turismo, Carmen a cuestiones referentes a la pedagogía e instrucción pública. Ambas utilizaron El Adelantado de Segovia como tribuna para expresar su pensamiento. Juntas tomarían posesión el 11 de enero de 1926. Tampoco serían las únicas concejalas de España. Motearon las nuevas ediles la geografía española, en capitales y en pueblos: Toledo, Barcelona, Bilbao, San Sebastián, Vigo. Sin huir de cierto tono paternalista, se consideraba que la administración municipal, a diferencia de la gobernanza nacional, suponía una prolongación de los deberes domésticos. Y la idea ya circulaba antes del golpe de estado de Primo de Rivera. Gregorio Martínez Sierra, en su libro La España moderna, de 1920, recoge las respuestas a una encuesta que formuló en 1917 y que era la siguiente: “¿No cree usted que la administración municipal es tarea esencialmente femenina?” La mayor parte de las contestaciones fueron afirmativas.

“Fue aquella dictadura monárquica, y no la posterior época republicana, la que concedió los primeros derechos políticos a las mujeres”

Alfonso Ceballos-Escalera, en el perfil que hace de María Espinosa de los Monteros en la página web Cuadernos de Ayala, afirma: “Fue aquella dictadura monárquica, y no la posterior época republicana, la que concedió los primeros derechos políticos a las mujeres”. Esta afirmación requiere algunas matizaciones que ya realiza su autor cuando reconoce que dicha “concesión” se hizo “con restricciones”. El Estatuto municipal de 8 de marzo de 1924 abrió el camino para el sufragio activo y pasivo femenino en las elecciones municipales. Lo reconocía a las mujeres emancipadas mayores de 23 años, con excepción de las prostitutas. Sin embargo, lo restringía en el caso de las mujeres casadas, a quienes no se consideraban cabeza de familia. Si María no se hubiera separado de su marido no hubiera podido ocupar la concejalía en Segovia. Este fue el criterio que prevaleció, que no correspondía con el del redactor del proyecto, José Calvo-Sotelo, pero que fue impuesto por el general Adolfo Vallespinosa. El voto para algunas estaba concedido. Las elecciones no se llegarían a celebrar a pesar de estar convocadas para 1925. El gobierno comenzó con la renovación de ayuntamientos a partir del 1 de abril de 1924. El de Segovia tuvo lugar en los primeros días de enero de 1926.

Esta cierta apertura social coincidió con el ejercicio de restricciones de libertades y derechos, como el de la libertad de prensa. La Dictadura de Primo de Rivera fue una dictadura peculiar. Recuerdo haber leído en algún sitio que resultó una “dictadura alegre” en lo social. Tenía obsesión por el orden y por el buen nombre de los componentes del Directorio. Ejercía la censura en cuestiones sin trascendencia que afectaban fundamentalmente a la imagen del equipo de gobierno y especialmente si las críticas provenían de antiguos políticos, sobre todo los de carácter conservador. El Adelantado fue objeto de los celosos ojos del censor en la transcripción de la conferencia que el ex gobernador Díaz Caneja –amigo de Miguel Unamuno, a quien Primo extrañó, y padre del pintor cubista Juan Manuel Díaz-Caneja Betegón- dio el 2 de abril de 1924 en el patio del Círculo Mercantil. Manchones blancos atestiguan la goma de borrar censora en la edición del 4 de abril, que salió a la luz ajedrezada. Y, sin embargo, como hemos dicho antes, este régimen alzó a una feminista, que había dejado a su marido para convivir con otra mujer, a un puesto de responsabilidad en una ciudad de provincias resueltamente conservadora y con el mayor apego a la tradición católica. E invitó a la UGT a formar parte de unos organismos de arbitraje laboral que se denominaron comités paritarios, cuya conformación, en noviembre de 1924, no tuvo gran éxito inicial en Segovia.

Algunas mujeres participaron en la Asamblea Nacional Consultiva de 1927 –por la que, a pesar de su nombre, pasaron importantes proyectos legislativos-, entre ellas María Maeztu, Blanca de los Ríos o Victoria Kent, nombres que protagonizarían la vida social, cultural y política de los años siguientes. Otras como Clara Campoamor, rehusaron.

Supremacismo masculino

Hay que decir que el nombramiento de las concejalas segovianas en esos inicios de enero de 1924 fue asumido con la mayor naturalidad por parte del periodismo segoviano, que especialmente en las páginas de El Adelantado de Segovia hacía gala de un acrecentado supremacismo masculino. Pero no solo ocurría en un diario de provincias. Atiendan a estas palabras: “Que el destino de la mujer no es la actividad (…), que la profunda intervención femenina en la historia no necesita consistir en actuaciones, en faenas, sino en lo inmóvil, serena presencia de su personalidad”. Se deben al filósofo Ortega y Gasset (Obras completas, pags. 328-331) y dan muestra de cómo se hallaba el patio en cuestiones de género entonces.

Algo semejante salió de la pluma del doctor Marañón. Y lo hizo a raíz de la conferencia que dio María Espinosa de los Monteros en la Academia de Jurisprudencia durante el curso 1919-1920. La de María tuvo lugar en la sesión del 22 de enero de 1920 y llevaba por título Influencia del feminismo en la legislación contemporánea. Poco después de la disertación, y en ese mismo 1920, Gregorio Marañón publica en El siglo médico un artículo que titula Biología y feminismo. Entresaco algunas perlas: “El feminismo, en nuestro país, es todavía algo inorgánico, amorfo, embrionario. Ni existe una acción feminista con médula y nervios templados, ni la masa de los españoles está preparada para recibir la reforma. Se corre el peligro (…) de que las aspiraciones de nuestras feministas alcancen estado legal de un modo prematuro. Porque si bien hay leyes que educan a los pueblos, hay otras leyes que exigen una previa educación en las muchedumbres; y de esta última clase son en buena parte las que pretende implantar el feminismo”.

No es de extrañar, en ese ambiente, el artículo escrito por un tal José de los Cisnes y publicado en el periódico decano tres días antes -8 de enero- de que las concejalas tomaran posesión de sus cargos el 11 de enero de 1926: “El movimiento femenino en general tiene nuestra simpatía, y seguramente no les faltará a las mujeres españolas nuestro concurso para reclamar derecho al voto, pero todas, absolutamente todas las reivindicaciones de la mujer han de estar íntimamente ligadas con los prestigios de la familia y con la excelsitud de sus trabajos en el hogar (el subrayado es mío)”, Paradojas de la vida social y política de la época, y paradojas también de los medios de comunicación.

Biografía

Me imagino las carcajadas que saldrían de la boca de María Espinosa de los Monteros al leer este suelto. María había nacido en Estepona, Málaga, el 13 de mayo de 1875. En 1905 se casó con Antonio Torres Chacón, del que tuvo dos hijos. En 1910 se separó de su marido. Había conocido a Ana Picar Rodríguez, jerezana como Antonio y dos años mayor que María. Su separación marital fue “abrupta y hostil”, como recoge en su ya citado artículo sobre Espinosa de los Monteros, Alfonso Ceballos-Escalera. Su marido, que a su vez era su empleado en la Casa Yost, que comercializaba en Madrid máquinas de escribir y estaba dirigida por María, emigró a Argentina, de donde nunca volvió. María Espinosa de los Monteros cohabitó el resto de su vida con Ana Picar. Con ella y con sus dos hijos llegó a Segovia con motivo del ingreso en la Academia de Artillería de Antonio y Álvaro, sus vástagos. Compró una casa en la calle Pozuelo, que rehabilitó. En sus espaldas se acumulaba una larga actividad en la militancia feminista e incluso sendos discursos que tuvieron impronta en su época: el ya mencionado Influencia del feminismo en la legislación contemporánea (Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, 22 de enero de 1920) y La emancipación de la mujer (Barcelona, febrero de 1920).

En sus espaldas se acumulaba una larga actividad en la militancia feminista e incluso sendos discursos que tuvieron impronta en su época

En Segovia realizó una labor ejemplar y en poco tiempo: abrió una oficina de turismo en un local cedido por el Ayuntamiento, que sirvió además como sala multiusos, capaz de repartir folletos, orientar al visitante y ser una pequeña estafeta de correos; propició una campaña publicitaria como no se había realizado hasta entonces, con la publicación y distribución a mayoristas y minoristas de turismo de folletos en español, francés e inglés, y, también por primera vez, se constituyó un producto específico –el circuito de Castilla y León- para su colocación en el mercado turístico. Es decir, se pasaba de una política pasiva, consistente simplemente en poner en orden y limpieza los monumentos de Segovia, a una política activa publicitando y vendiendo los recursos turísticos primarios en la espera que ello sirviera de palanca para la creación de los servicios complementarios que hoy son la seña de identidad de Segovia. No se puede entender el desarrollo turístico de los años cincuenta y sesenta sin esta simiente plantada por Espinosa de los Monteros a mitad de los años veinte del pasado siglo.

El 2 de agosto de 1926, María hacía participes en su casa segoviana de la calle Pozuelo y a los demás miembros de la Junta Local de Turismo del programa que esperaba llevar a cabo desde la concejalía. Alberto Camba, por su parte, propuso el plan, compartido con El Adelantado de Segovia, de elaborar una exposición de arte segoviano que sirviera de base para otra circulante que recorriera distintas provincias. Se seguía el modelo de las bibliotecas viajeras de la Universidad Popular. Esta iniciativa, que insistía en criterios antiguos y poco abiertos a las nuevas tendencias de la mercadotecnia, fue asumida por la Diputación Provincial. Después, la ejecución de la idea no estaría exenta de polémicas. María Espinosa de los Monteros, demostrando una buena cintura política, propuso que cuadros de asuntos segovianos pudieran venderse en el local habilitado por el Ayuntamiento como oficina de información turística.

Cambio profundo

La llegada de María a la concejalía y a la Junta Local de Turismo supuso un cambio profundo en el modo de hacer hasta entonces. Ella misma contaba, en un artículo publicado en El Adelantado de Segovia, sus primeros pasos en la junta. El hecho de compartir en la prensa esas experiencias ya era de por sí harto novedoso. Pongámoslo en su boca (o en su pluma, para ser exactos): “Cuando (…) asistí a la primera reunión del pleno (de la junta) se dio cuenta de una proposición anteriormente (aprobada) sobre la conveniencia de mandar pintar un cuadro para fotografiarlo después y hacer una tirada de postales en colores con la vista panorámica de Segovia. Expuse mi modesta opinión de que era preferible obtener la fotografía del natural y llevarla directamente a la tricomía, con lo que ganábamos tiempo, belleza y dinero, ya que con el coste del cuadro tendríamos las postales editadas.

BUSTO ok
María Espinosa
de los Monteros
y Carmen García Moreno fueron las dos primeras concejalas
del Ayuntamiento
de Segovia.

El propio José Rodao, en un artículo publicado el 18 de junio de 1926 en el mismo periódico, reconocía el valor del trabajo de Espinosa de los Monteros, que según él, hablando en un presente que hoy es histórico, “desempeña, más que muchas docenas de concejales varones de los que han pasado y pasan por aquella casa”. Bien valía esta confesión por quien era por aquella época vicepresidente de la comisión provincial de monumentos (fue tantas cosas…). En su artículo, y con la ironía propia de él, Rodao aseguraba: “aquí no hemos hecho hasta ahora nada, o casi nada, por propagar el turismo”; afirmación en la que coincidían otros analistas, como Alberto Camba, presente el 2 de agosto de 1926 en la reunión mencionada. (Rodao es protagonista de todos los ajos que durante cuarenta años tienen lugar en Segovia; y en todos los saraos y asociaciones se cita su nombre. Dejó sabrosos artículos e irónicos poemas –ripios los llamaba él- en la prensa que servían para pasar el rato a la grata compañía que frecuentaba).

Ni siquiera un periódico como El Adelantado de Segovia era consciente en aquella época de la trascendencia que iba a poseer el turismo en la historia económica futura de Segovia. Y especifico: ni siquiera. A decir verdad, daba una de cal y otra de arena, dependiendo de quién empuñara la pluma, como en tantas otras ocasiones y en tantísimos temas. Porque fue el periódico, el mismo año de su fundación como diario, en 1901, quien citó por primera vez al turismo como alternativa a otra fuente de riqueza –la industrial- que no terminaba de aposentarse en la provincia. Lo hizo en un artículo excelente titulado Lo porvenir de Segovia, que salió de la rotativa el 3 de diciembre de 1901. “Perdidos los antiguos derroteros (industriales)”, dice, “solo le queda a Segovia un porvenir seguro (…) que es aprovechar su cercanía a la Corte y su excelente temperatura en verano y convertirse en punto donde se reúnan los que no queriendo apartarse mucho de la capital de la Monarquía, deseen una población tranquila donde descansar de las fatigas del trabajo constante del invierno, al mismo tiempo que respiran aires puros”. E incluye una pregunta retórica: “¿Conocerán los segovianos sus intereses?”.

Sin embargo, veintisiete años después, reculaba. En contestación al clarividente artículo de un colaborador que firmaba como El concejal desconocido, aseveraba en su edición de 10 de mayo de 1928: “En ninguna población del mundo el turismo es ni será lo principal. La incomparable Sevilla, ciudad la más visitada por el turista rico, vive de su suelo vergeliano y feraz, de su industria potente y de su activo comercio”. El editorial refutaba ingenuamente la tesis del concejal desconocido para quien “Segovia no es susceptible de robustecerse industrialmente”, augurando que en el futuro “será el turismo su principal riqueza”. Quienes pecan de presentismo podrán observar que las discusiones de hoy ya estaban muy vivas hace cerca de un siglo.

Dimisión

María dimitió de su cargo dos años después de su llegada al Ayuntamiento de Segovia. Lo hizo con persistencia, como admitió el nuevo alcalde de la ciudad, Matías Moreno. En efecto, su inicial carta de renuncia de 13 de marzo de 1928 le es devuelta por el alcalde. María insiste. El 15 de marzo se la vuelve a remitir “rogándole se sirva darle curso en la primera sesión posible”. Esta tiene lugar el 31 de marzo, y allí se aprobó la dimisión de la concejala.

Entre su dimisión y su muerte mediaron 25 años. Sí que era evidente el cansancio de María

El motivo aludido desde el primer momento (carta del 13 de marzo) es su estado de salud, lo que le obliga a “residir largas temporadas fuera de Segovia”. No dudo de que renqueara de salud, y en concreto que padeciera una enfermedad pulmonar que le llevó a encerrarse en las afueras de Alicante, en donde adquirió una finca. Otra cosa es admitir que la causa única que subyacía a su marcha fuera esa falta de salud. Entre su dimisión y su muerte mediaron 25 años. Sí que era evidente el cansancio de María. Luchaba contra una inercia en la población y en el incipiente sector servicios que no terminaban de remar en la misma dirección. Y aún contra el escepticismo de sus propios compañeros que difícilmente admitieron su vida –para ellos- excéntrica. Ambas situaciones se reflejan con nitidez en las páginas de El Adelantado de Segovia. El 26 de abril de 1928, cuando ya había dimitido, el periódico denunciaba el comportamiento de algunos sectores de la población. “He aquí dos ejemplos de lo que aseguramos: un grupo de chiquillos acompañó con burlas, por las calles, a unos turistas, porque habían comprado unas alforjas, que el que las adquirió llevaba al hombro; y un chófer exigió a un inglés el pago de una tarifa elevada por los servicios que le prestó, conduciéndole en su automóvil por la ciudad”.

Que el estado anímico de la gran concejala flojeaba, como también lo hacía su estado físico, se evidencia en la documentación aneja al acta del pleno en el que se presentó su dimisión, el 31 de marzo de 1928. Un pleno que comenzó a las 18 horas en reunión extraordinaria, y al que no acudió la dimisionaria, que sí remitió un oficio completo fechado el 18 de marzo de 1928.

Por su importancia en la historia que relatamos transcribimos en su totalidad algunos de sus párrafos más significativos. Algunos de ellos muy reveladores de lo que antes se decía. Vamos a ello.

Programa de turismo

“Recojiendo (sic) iniciativas por muchos años aplazadas y arrostrando hasta la censura de los que ni hacen ni dejan hacer (el subrayado NO es mío), se han instalado, como todos sabéis, la Oficina y Salón de Turismo, amueblándolo con verdadera economía, pero con relativo acierto al decir de la opinión pública. Se han organizado varios ficheros para saber en todo momento el nombre, precio y condiciones de cualquier hotel de España.

Archivada queda una información sobre las vías de comunicación de Segovia con los principales pueblos de la provincia, coste de los billetes, horas de salida y de llegada, estancia, y en la vida de cada pueblo se enumera lo que se ha considerado que el turista debe conocer en arte y curiosidades del lugar”.

Pero el mayor éxito en la labor María Espinosa de los Monteros residió en la propaganda que hizo de Segovia. Por primera vez en su historia, la ciudad tomaba la iniciativa en materia de promoción publicitando sus atractivos turísticos. Por supuesto que no eran ajenas en esa iniciativa las bellezas monumentales y paisajística, como bien se vería unos años después, en 1941 y 1947, en sendos decretos sobre declaración de Conjunto Histórico y de Paraje Pintoresco, con su arbolado y alamedas. La concejala, no sin mostrar cierto pesar, se expresaba así:

“Venciendo grandes dificultades económicas, se han editado quince mil folletos ilustrados de Segovia, cincuenta mil tarjetas postales en colores que corresponden a una serie de diez clichés distintos y seis mil itinerarios gráficos de los monumentos de la ciudad, todo ello en los idiomas inglés, francés y español. Con el importe de los itinerarios que se han puesto a la venta en las principales librerías de Madrid, Barcelona, etc. se espera que la propaganda de estos resulte gratuita para la Junta de Turismo”.

Paralelamente a ello, y en una labor que sobrepasó las fronteras españolas, se realizó una ofensiva en los que se creían mercados de origen más importantes del momento: Francia, Bélgica, Inglaterra y Estados Unidos, aunque las cifras comparadas con las de hoy resultan muy modestas: cuatro mil novecientos folletos y seis mil novecientos treintainueve tarjetas postales, en cuyo reverso aparecía impreso un itinerario por la provincia. Produce terneza observar la precisión contable de los envíos.

Las ideas de Espinosa de los Monteros fueron dando sus frutos. La Casa Marsans, corresponsal en la época de Orient Exprés, expuso desde ese verano en sus escaparates de la Carrera de San Jerónimo fotografías de los monumentos de Segovia. Las cuatrocientas sucursales del Midland Bank de Londres contaron con propaganda segoviana como, también, las principales entidades bancarias de Buenos Aires. Por aquel entonces eran frecuentes las relaciones entre Argentina y España. A Segovia llegaron artistas argentinos de la misma manera que españoles como Ignacio Zuloaga, Fernando Arranz o los hijos de Daniel Zuloaga trabajaron en el país sudamericano. Incluso un periódico de Boston, The Christian Science Monitor, ilustró con un bello fotografiado del acueducto un suelto sobre Segovia en los primeros meses de 1928.

En su oficio a sus ex compañeros María no tenía empacho en mostrar sus logros. Incluso lo hacía sin recato alguno, como cuando habla de la importancia que poseía la organización de sus oficinas de turismo, a las que calificaba “mejor(es) que (las de) ninguna otra capital de España, habiéndosenos pedido desde Toledo, Granada y Sevilla información sobre nuestra instalación y funcionamiento”.

Pero sus logros no deben ocultar un párrafo contenido en la carta en la que reitera su dimisión, fechada, como hemos leído párrafos más arriba, el 15 de marzo de 1928. En ella se dice textualmente: “Poco valgo, pero si a los intereses de Segovia le fuese de utilidad mi modestísimo concurso puede Vd. (se la dirigía al alcalde) estar seguro que aun sin tener cargo alguno oficial daría mi prestación personal con verdadero gusto”.

No se volvió a contar con María para ninguna iniciativa. Pero su obra siguió en pie. De 1931 es el edificio que hoy alberga la oficina de turismo central o centro de recepción de visitantes, construido sobre los restos de la antigua iglesia de Santa Columba y el solar que ocupaba la fuente de Pedro de Brizuela, en la Plaza del Azoguejo.

Esta displicencia segoviana con el ofrecimiento de la ex concejal no pasó desapercibida para algunos. Un editorial de El Adelantado de Segovia de 10 de mayo 1928, lo reconoce con contundencia. “Hubo un instante (en) que la concejal, señora Espinosa de los Monteros, con perfecto dominio del tema, colocó los jalones para el desenvolvimiento de una acción a seguir. Su talento, su cultura y su experiencia produjeron lo poco que aquí hemos contemplado ‘pro’ turismo; pero dimitió de su cargo edilicio por razones de salud, y le fue admitida con toda cortesía; pero en los hombres municipales no surgió la idea de que la señora Espinosa de los Monteros, sin ser concejal, pudo continuar la grata labor que realizaba en la Junta de Turismo. Creemos que ella hubiera experimentado cierta satisfacción con esta propuesta”.

Creo que después de esto queda poco más por decir.

CRÓNICAS DEL 120 ANIVERSARIO | La feminista que propulsó el turismo en Segovia

Eva Fromkes

Guarda el Museo del Prado dos estupendos retratos realizados por Maurice Fromkes. Los dos son de hombres notables que tuvieron relación con Segovia, y entre ellos luego crearon parentesco por boda de sus descendientes: Antonio García Tapia y Rafael Altamira. Los dos están pintados en 1925, cuando el artista desarrolla una inusitada labor creativa. El ruso blanco también pintó una Madonna del Camino (1924) con fondo de paisaje nítidamente castellano, y una luz que podía ser segoviana.

A Segovia llegó a principios de los años veinte junto a su mujer, la americana Eva Maryan Halle, conocida como Eva Fromkes. Conocemos a Maurice, generosamente recordado en Segovia, pero no a Eva Fromkes. Eva abrió un salón en su casa de la hoy plazuela de Juan Guas, a la vera de El Alcázar. Allí halla lugar la tertulia en las tardes estivales con vistas a la Veracruz, a la Fuencisla, al convento de Carmelitas descalzos y a El Parral.

La señora Fromkes adoptó –el término le corresponde a Julián M. Otero– a un grupo de jóvenes artistas segovianos a quienes denominaba children. Entre ellos, Alfredo Marqueríe, Luis Felipe de Peñalosa, Dionisio Ridruejo y Juan Francisco de Cáceres, Juanito Cáceres. Algún día acudió Ignacio Carral. Todos ellos habían nacido ya entrado el siglo, salvo Juanito, que lo hizo en 1898. “Eva Fromkes, que era delicadísima, cepilló mi pelo de la dehesa y me inició en los mil ritos de comportamiento y ‘tacto’ que las relaciones humanas exigen”.

Lo escribe en ‘Casi unas memorias‘ (Barcelona, 1976) Dionisio Ridruejo. Allí conoció a otras mujeres como la escultora María Pérez-Peix, mujer de Eugenio D´Ors, colaborador de El Adelantado de Segovia, muy avanzada, extravagante hasta en su forma de vestir, “a la celeste y práctica Zenobia, de Juan Ramón Jiménez”, o a Beatriz Galindo (Isabel Oyarzábal), también colaboradora de El Adelantado, y fundadora del Lyceum Club. A Beatriz Galindo le hizo un retrato al óleo Maurice Fromkes. Eva recibía en Segovia y en Madrid –en su ático de la calle Espalter-, y por su casa pasaron mujeres como María Martos Arregui, Lolita de Pedroso o Pilar Primo de Rivera. Poco después, Marichu de la Mora, nieta de Antonio Maura y con mucha relación con Segovia, también destacó por montar animadas tertulias culturales.

Colombine y Lucía Calle

Muy temprana es la colaboración de Colombine en El Adelantado de Segovia. 1903 está repleto de sus columnas: prosa ilustrada, ágil y en defensa de la mujer; casi siempre de manera indirecta; en ocasiones, a través de figuras femeninas con calado histórico. Convive con un periódico en el que muchas de sus firmas defendían el supremacismo masculino y reservaban a la mujer el papel de guardián del hogar. “El principal deber de la mujer, ante todo, es ser hermosa”, se lee en un suelto del 25 de abril de 1927. Si Marichu de la Mora fue la primera mujer directora de una revista de moda: La moda de España, Colombine -seudónimo de Carmen de Burgos (1967-1937)- ejerció de escultora, traductora y activista. Fue también la primera redactora de plantilla y corresponsal en el extranjero. El 7 de octubre de 1926, Javier Sánchez-Ocaña le dedica un artículo homenaje en las páginas de El Adelantado. Es irónico que hoy se conozca por toda a Europa solo a Simone de Beauvoir. Simone escribió El segundo sexo en 1949. La mujer moderna y sus derechos –una obra sorprendente, de cabo a rabo- es de 1927, veintidós años antes. Nada le tiene que envidiar. Tras la Guerra Civil fue declarada autora no deseada, y sus libros desaparecieron de las librerías.

Hay que alabar el buen olfato de Rufino Cano al darle cabida en las páginas de su periódico, ampliando el espectro social del diario. Colombine conoció Segovia de la mano de Ramón Gómez de la Serna. A pesar de la diferencia de edad, comenzaron su relación en 1909. Lo dejó la periodista cuando Ramón tuvo un devaneo con su hija María.

Sara Insúa, Sarah Hermida y Beatriz Galindo fueron otras habituales en las páginas de El Adelantado. Pero no me resisto a resaltar a Lucía Calle, también temprana colaboradora del diario. Lucía era una maestra que regentaba una escuela pública de niñas en Aldeahorno. Su vocación literaria le llevó a remitir de manera habitual a José Rodao cuentos y crónicas, los más de ellos inspirados en los aconteceres de los pueblos serranos de Segovia. Rodao se los publicaba en la página literaria del periódico. Poseían un aspecto moralizador y educativo. Lucía recopiló sus cuentos en un libro que tituló Siemprevivas, editado en la imprenta de Carlos Martín en 1919. Su prosa está tan bien escrita como ingenuidad rezuma.

Las María

Los años veinte son los de la irrupción de la mujer en la vida intelectual y profesional española. E incluso deportiva. Antes de que Margot Moles y Ernestina Herreros coparan la escena, Lily Álvarez se consagró en Wimbledon. Lo contó Blanca de Azevedo en las páginas de El Adelantado. El artículo, publicado el 9 de agosto de 1926, es de obligada lectura para quien quiera realizar un análisis sobre el perfil de parte del feminismo español de la época. Se titulaba, ojo, El apacible y gentil feminismo español.

La segunda mitad de los años veinte está protagonizada en Segovia por las figuras de María Zambrano y María de Pablos. Zambrano escribe un precioso artículo en manantial en el verano de 1928. A mitad de diciembre de 1928 da una interesantísima conferencia en el Ateneo de Valladolid, organizada por el grupo Caminar. Sus palabras son recogidas en lo esencial en las páginas del periódico (15 de diciembre de 1928). Una María esta, plagada de referencias orteguianas. Ortega recibió con cierto desdén a la joven escritora, animándola a abrazar una filosofía menos esencialista y más apegada a valores humanos digamos más tangibles. Zambrano aprende pronto. Después de reconocer que las “masas” han “penetrado de lleno en la historia”, aboga por tres aficiones que “unen más que ningún Estado” a esa gente que compone la masa: “los deportes, el cinema y la música”.

Y vamos a la música. Clásica. Si se conoce popularmente a María de Pablos en sus primeros pasos como pianista y compositora es por la acogida que tuvo en las páginas de El Adelantado, que no solo le siguió la pista en el desarrollo de su carrera en España, sino también fuera de sus fronteras. Un ejemplo es la edición del 3 de diciembre de 1928, que da cuenta de un concierto que ofrece en la Academia de Bellas Artes de España en Roma. El diario no ahorra elogios. Resalta que “además de ser una compositora de positivos méritos, es una notable pianista”.

Ángeles Vaquerizo es la última referencia de este apartado. Vaquerizo fue una temprana catedrática de latín en el Instituto de Calatayud (Zaragoza). Discípula de Antonio Machado en el Instituto General y Técnico, participó en el homenaje que la ciudad dio a los hermanos Antonio y Manuel con motivo del estreno en el Juan Bravo de la obra Desdicha de la fortuna o Julianillo de Valcárcel. Corría el 18 de septiembre de 1928.