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Monseñor Franco, Salvador Ros y Angel Galindo, al inicio del acto./EA

Cuarenta años después, la visita del Papa San Juan Pablo II a Segovia  en 1982sigue evocando recuerdos y vivencias de una estancia que, pese a que apenas duró dos horas, supuso el germen de un cambio profundo en la vida de la iglesia diocesana. Así lo revelaron en  el acto de recuerdo que la diócesis celebró ayer en la Sala Caja Segovia para evocar aquella jornada en la que más de 200.000 personas se dieron cita para participar en un hecho histórico para la ciudad.

El obispo de Segovia César Franco, el Vicario General de la diócesis Angel Galindo y  el prior de la comunidad de religiosos carmelitas Salvador Ros fueron los encargados de glosar la importancia de esta visita para la ciudad desde las distintas vertientes doctrinales, sociales y espirituales, así como sus repercusiones para la vida de la Iglesia Diocesana.

Abrió el turno de intervenciones Monseñor Franco para reailziar una semblanza de la trayectoria del pontificado de Juan Pablo II, donde destacó el impulso decisivo que dio a la aplicación del Concilio Vaticano II, que llevó a sacar “de su ensimismamiento” a la Iglesia. Asimismo, destacó también otros grande sitos como la reforma de la curia, el impulso a los movimientos eclesiales, el nuevo Catecismo y las beatificaciones y canonizaciones realizadas en sus 27 años al frente de la Iglesia, el tercer periodo más largo en la historia de la Iglesia.

Salvador Ros hizo especial hincapié en la vinculación de San Juan Pablo II con San Juan de la Cruz, que llevó al Papa a incluir a Segovia en su visita a España para poder visitar y orar ante la tumba del santo y Doctor Místico del que se consideró “amigo y discípulo”. Así, recordó que su tesis doctoral estuvo dedicada a la vida y obra del santo, y que se vinculó estrechamente con la conmemoración del IV Centenario de su muerte en 1991.

De igual modo, puso de manifiesto que la visita del papa supuso el redescubrimiento de la figura de San Juan de la Cruz tras siglos de ostracismo, que comenzó a reverdecer a través de los poetas de la Generación del 27 y que años más tarde Juan Pablo II impulsó de forma definitiva con su visita en Segovia.

El Vicario General de la diócesis puso el acento en su intervención en las repercusiones directas que tuvo la visita del papa en la Iglesia diocesana, situándola en el marco de un clima social y político de incertidumbre y con una iglesia “dividida y posibilista”. Así, señaló que el mensaje de Wojtyla caló en la diócesis y fue la semilla para el desarrollo de proyectos sociales como las residencias de Cáritas, el apoyo a la pastoral familiar o la renovación parroquial