Los ancianos del Centro Residencial Oteruelo ya pueden ver el rostro de sus famliares. / EFE

Pepe por fin ha podido saludar –y ver– a sus bisnietas después de varias semanas. Eso sí, sin abandonar el confinamiento, desde su residencia y gracias a una de las tablets que unos empresarios en Segovia han cedido a geriátricos de la provincia de forma altruista.

A sus 93 años, Pepe ha sido el ‘proyecto piloto’ de ‘ConnectYayos’, una iniciativa solidaria que reparte tablets por varios centros de mayores de la provincia con una plataforma de videoconferencia sencilla para que los ancianos aislados por la crisis sanitaria del coronavirus puedan reconectar con sus familias.

Desde hace dos semanas, la dirección del Centro Residencial Oteruelo, en la localidad segoviana de Valdeverde del Majano, decidió restringir las visitas a las personas mayores y, dos días después, las suprimió del todo. “Estamos un poco aburridos”, confiesa en una entrevista por teléfono con Efe Pepe Ayuso, “nacido y criado” en Valverde, un municipio de poco más de 1.000 habitantes y con una sola residencia. “Tendremos que llevar las cosas como nos mandan”, expresa el anciano.

Una medida que había significado pasar más de dos semanas sin ver a nadie de su familia… hasta ahora. Pepe por fin ha recibido la visita digital de una de sus cuatro nietas, acompañada de dos bisnietas –de uno y cuatro años–.

“Usted me dirá” comienza Pepe a responder cuando le piden que valore la experiencia. “Es una alegría muy grande”, describe el bisabuelo: “Una de las cosas que más importan es tener a un familiar delante”, manifiesta.

Pepe finalmente ha recibido noticias de su hogar: “Están todas muy bien y, además, son muy buenas”, retransmite el nonagenario, y se echa a reír. Revitalizado con este cariño, afronta un día más de confinamiento con ánimos para caminar sus dos kilómetros diarios por las instalaciones de la residencia.

“Puedo hacerlo sin andador, pero voy más seguro con él. Ando lo que me parece… ando un rato, me siento, ando otro rato… y así”, describe el anciano, quien dice preferir mil veces sus paseos en solitario que los juegos de cartas.

En él, en los otros 51 internos de su residencia y en tantos otros yayos recluidos en sus centros pensó Raúl Vidal, el ingeniero informático creador de este proyecto. El lunes tuvo la idea; en la misma tarde se puso en contacto con dos amigos y, a las tantas de la madrugada, ya tenían hasta el logo.

El motivo de esta premura, el miedo: “Lamentablemente, veíamos las noticias de que en una residencia morían catorce personas, en otra quince… y pensamos «se nos acaba el tiempo»”.

La alianza solidaria surge de la unión con la empresa Trackter Eventos Especiales, dirigida por su amigo Néstor Fernández, que proporciona los dispositivos, y Eternity, la compañía de Javier Arranz especializada en soluciones de servicios de atención al cliente que cede el programa de videoconferencias.

Durante la semana han recibido “una locura de peticiones” y el servicio estará disponible de forma gratuita el tiempo que dure la reclusión: “Una semana, diez días, tres meses… nos da exactamente lo mismo”, afirma Vidal.

Vidal confiesa que se le ha pasado por la cabeza la posibilidad de que esta idea haga posible que algunos ancianos tengan su último contacto con la familia –“Dios no lo quiera”–. “Que se vean las caras, el gesto de tirar un beso… me emociono al pensarlo”, confiesa el informático, con voz entrecortada.