La cuestión territorial durante la II República y la dictadura de Franco

Misiones pedagógicas en la II República.
Misiones pedagógicas en la II República.

El agotamiento de la expansión económica de los tiempos de la dictadura de Primo de Rivera y la crisis del modelo de la Restauración acabaron con la Monarquía en la figura de Alfonso XIII con la llegada de la II República.

La economía española entre 1931 y 1936 estuvo marcada por la crisis económica mundial de la gran depresión de 1929 y por el tradicional retraso industrial de un país en que la agricultura suponía cerca del 50% de la renta nacional y el 40% de la población activa. Este atraso industrial que sufría España, dado que no se había producido una revolución industrial salvo en Vizcaya y Cataluña en el siglo XIX, determinaba que de los 23,6 millones de habitantes solo 3,6 millones vivían en las 10 ciudades del país, con Barcelona como la ciudad más poblada con 1,05 millones. El paro además subió de 389.000 parados en 1931 a 670.378 en 1935, el 17,5% del volumen del empleo. El campo registró el 75% del paro total, con una incidencia mayor en el suroeste de España: Andalucía, donde el 30% de la población activa estuvo en paro, y en Extremadura el paro afectaba al 45% de los jornaleros de Badajoz. De los 8,5 millones de trabajadores, unos 4 millones trabajaban en la agricultura, siendo 2 millones jornaleros. La Ley de Reforma Agraria de 1932 intentó el reparto de los latifundios y asentar a campesinos sin tierras, pero también aumentó la tensión social por su complejidad, la falta de presupuesto, la lentitud burocrática y la resistencia de los propietarios.

Mejores resultados tuvieron las reformas sociales. La II República impulsó una serie de medidas destinadas a mejorar las condiciones laborales, ley de contratos de trabajo y de jurados mixtos, establecimiento de la jornada laboral de 40 horas, seguros sociales y aumento de salarios. Se potenció la sanidad pública, se introdujo el sufragio femenino y se reformó la educación. En materia educativa se mejoró los niveles de escolarización, se levantaron 10.000 escuelas nuevas y se contrataron 7.000 maestros, al propio tiempo que se intentó llevar la cultura a las zonas rurales, junto con la creación bibliotecas, cines, coros, teatros.

Sin embargo, no se modificó la estructura económica de nuestro país, ni se intentó. Como expuso el profesor Gabriel Tortella, durante la II República jamás se mejoraron las producciones anteriores al año 1930, al mismo tiempo que durante ese período hubo veinte gobiernos, se decretaron 21 estados de prevención, 23 estados de alarma y 18 estados de guerra, y se contabilizaron 4.000 huelgas que supusieron 38 millones de jornadas de trabajo. La revolución de Asturias y la proclamación del Estado catalán son una muestra de las contradicciones de aquel régimen, una II Republica que fracasó en la realización de una reforma agraria, en la mejora real del nivel de vida de los españoles y la creación de una verdadera cohesión territorial nacional.

La Guerra Civil posteriormente fue una verdadera catástrofe nacional, solamente en el año 1936 la producción nacional se redujo en un -22,57%. Desde el punto de vista económico, el franquismo se divide en dos períodos claramente diferenciados: los primeros veinte años (1940-1959) son de estancamiento dada la política autárquica seguida en una primera subetapa y seguidamente por el intervensionismo del Estado en la economía hasta el año 1959. En efecto, las leyes de 24 de octubre y 24 de noviembre de 1939 tenían por objeto un desarrollo autárquico de la industria española, al margen del concierto internacional, acompañado de la intervención del Estado en la economía nacional con la creación en 1941 del Instituto Nacional de Industria (INI).

Segadores.
Segadores.

La lentitud de recuperación tras el año 1940 hay que achacarla al aislamiento internacional y los errores de los dirigentes sobre la base de un intervencionismo a ultranza en materia industrial que restringía la inversión extranjera y limitaba la capacidad de importar nuevas técnicas. Las autoridades franquistas culparon de este estancamiento industrial a la iniciativa privada por lo que se apostó por crear el INI. La idea básica es que la industrialización era prioritaria, cuando el sector privado había fallado, y no cabía la importación de capital y tecnología. El INI se iba a convertir en un holding de empresas en sectores básicos: energía (REPESA, ENDESA y ENHER), siderurgia (ENDESA), y posteriormente en materia de transportes (PEGASO-ENASA, SEAT, CASA y HASA), que se extendería a los astilleros y a las industrias metalúrgicas y mecánicas. Sin embargo, aunque se creó una industria básica, lo cierto es que esta “estrategia de desarrollo autárquico e intervensionista condujo a una asignación de recursos ineficiente”, con una debilidad fundamental: su falta de competitividad. Un lento crecimiento que contrastaría con el rápido crecimiento de 1961 a 1973 del segundo período. No obstante, en la década de 1950-1960 comienza una leve apertura exterior, que no impide la existencia de enormes contradicciones. En primer lugar, se emprende un ambicioso programa empresarial y de obras públicas, se crean los grandes complejos refineros, metalúrgicos y petroquímicos pero a costa de un aumento del déficit público, de modo que la inversión se financió con un aumento de la inflación. La importación de bienes de equipo debía de pagarse con divisas, que sólo podían venir de las exportaciones, pero la inflación interna, la sobre valoración del tipo de cambio y la protección de la producción nacional, encarecían las exportaciones y generaban un déficit comercial permanente. Los años Cincuenta del pasado siglo fueron un período de monopolio en España, gracias a la intervención estatal y la protección de la producción nacional. Al final de esta década, la economía española estaba en un callejón sin salida, no había crecimiento ni divisas, por lo que se aprobó el Plan de Estabilización de 1959.

Desde mediados del año 1960 hasta la crisis internacional del año 1973 hubo un crecimiento sin precedentes de la economía española y el sector puntero fue el industrial, gracias al impulso de los nuevos sectores que generaron una transformación, pero a cambio de una emigración forzosa del medio rural y al abandono del interior peninsular. La participación de la industria en el Producto Interior Bruto pasó del 26% en 1964 al 34% en 1974, y si en el período 1958-1972 el PIB creció a una media del 6,2%, el producto industrial creció a una media del 10,4%. Un crecimiento de la industria química, metalúrgica y la mecánica, destacando la industria del automóvil. El tremendo auge de la industria del automóvil, consecuencia de que la producción creció en un 22% entre 1958 y 1973, y a SEAT le siguieron Renault, Citröen, Morris.Leyland, Chrisler-Talbot, Ford y más tarde General Motors. Sin embargo, la industria de tecnología intermedia: la construcción naval, la siderurgia y la minería también crecieron, pero su porvenir estaba abocado al fracaso.

La razón de este crecimiento industrial fue la liberalización económica, el aumento de la productividad y la apertura de la economía española al exterior en un momento de crecimiento extraordinario de la economía mundial. Con la liberalización España se unió a uno de los períodos de crecimiento más importantes de la economía internacional, lo que generó un aumento del nivel de vida y de la demanda de los bienes de consumo que benefició a la industria ligera española.

Astilleros de Cádiz Foto Agencia de la Obra Pública de la Junta de Andalucía.
Astilleros de Cádiz Foto Agencia de la Obra Pública de la Junta de Andalucía.

Se olvidaron las políticas autárquicas y se aceptó la liberalización económica, mientras que las autoridades políticas se acomodaron a la fijación de una planificación indicativa sobre la base de los planes de desarrollo. Los Planes de Desarrollo Económico y Social fueron tres planes de planificación indicativa con los que se intentó superar el atraso de la economía española. En el primer plan (1964-1967) se crearon los polos de desarrollo en Valladolid, Vigo, La Coruña, Zaragoza y Sevilla, al igual que se promocionaron el polo industrial de Burgos y el polo químico de Huelva. Mientras que en el segundo plan (1968-1971) se intentó la promoción económica de las ciudades de Granada, Córdoba y Oviedo, y el tercero (1972-1975) no fue ejecutado. Sin embargo, el resultado es que se consolidó el desarrollo industrial de Cataluña y el País Vasco, así como se sentaron las bases para la constitución de la “España vaciada”.

Además las distorsiones del mercado de esa etapa desarrollista generó el crecimiento de industrias con poco porvenir: la naval, la siderurgia y el carbón, una herencia industrial del desarrollismo que se convertiría en una carga pesada para los españoles tras el final del franquismo.

España en definitiva es un país de grandes contrastes regionales al igual que Francia, Bélgica o Gran Bretaña, pero aquí esas diferencias se han acentuado con los problemas y tensiones del desarrollo económico en los siglos XIX y XX. Cataluña, después de un largo eclipse que dura toda la Edad Moderna, inicia durante el siglo XVIII un proceso de crecimiento que la situó a la cabeza del desarrollo económico español. Igualmente, el País Vasco se industrializa rápidamente a finales del siglo XIX gracias a las exportaciones del mineral de hierro, y donde está presente también la acumulación de capital humano y financiero merced al desarrollo comercial gracias a las ventajas de su localización costera y a su cercanía con Inglaterra. Por el contrario, Andalucía no pudo explotar sus recursos minerales ni su localización en las fachadas mediterránea y atlántica, al propio tiempo que fue perjudicada por el proteccionismo y por la falta de capital humano por su desigual estructura social. Hasta el año 1960, la intervención del Estado además contribuyó a aislar la economía española, “beneficiando con ello a los sectores y regiones cuya producción estaba dirigida al consumo interior”, es decir se benefició a las adelantadas Cataluña y el País Vasco, que venderían a un mercado cautivo a precios muy superiores de los internacionales. Mientras que Castilla la Vieja quedaba afecta a la producción de trigo en secano, dado que se concedió el aprovechamiento del río Duero en exclusiva a los financieros vascos que detentaban Iberduero. Su población no tuvo más remedio que emigrar ante la falta de oportunidades y de un desarrollo industrial justo.

SEAT. 1964.
SEAT. 1964.

Las diferencias regionales en concusión se incrementaron con el desarrollismo de la década de los 60, como señala el profesor Gabriel Tortella: “el papel del Estado en esta materia ha contribuido a acentuar las diferencias entre regiones, favoreciendo a las que tenían más poder económico y político”.

En resumen, el crecimiento de la economía española en las décadas de los cincuenta y sesenta del pasado siglo ha sido evidente, sin embargo el modelo de crecimiento estuvo asociado a un modelo de concentración territorial. Un modelo que ha propiciado la convergencia de España con Europa, pero que no ha conseguido una cohesión territorial. La polarización entre el centro y la periferia peninsular resulta evidente, así como la despoblación de una parte importante del territorio. Ese crecimiento no se ha reflejado por igual en todas las provincias, por el contrario los desequilibrios territoriales constituyen una de las señas de identidad de la economía española, la falta de cohesión interna.

En efecto, España abordó la transformación de una economía agraria a otra industrial y de servicios en la segunda mitad del siglo XX, asociada a los valores del PIB, de la renta y el empleo, pero consolidándose las desigualdades socio territoriales. Es decir, en los años 60 del pasado siglo, después del plan de estabilización de 1959, la llamada planificación indicativa configuró una industrialización intensiva en mano de obra no cualificada, propia de las dos primeras revoluciones industriales, que supuso un aumento importante en el empleo, del producto interior bruto y de la renta per cápita, al mismo tiempo que se beneficiaba a las regiones con tradición industrial, Cataluña y el País Vasco. Un crecimiento económico sustentado en un modelo territorial de concentración de la inversión, de la producción y el empleo, y por consiguiente de la población, en el medio urbano y en la periferia peninsular. Los desequilibrios territoriales en España quedaban configurados y consolidados. En resumen, la II República no consiguió transformar España en un Estado moderno y próspero, mientras que la Dictadura de Franco tuvo que renunciar a sus planteamientos intervencionistas y abrir la economía española a Europa. Durante la larga Dictadura tuvo lugar la transformación de España en un país industrial y relativamente moderno, aunque su programa político era mantenerse en el poder a toda costa. Una Dictadura que al mismo tiempo consolidó las disparidades regionales que ahora sufrimos y que es urgente solucionar definitivamente.

Nos queda por último enunciar la solución del indicado profesor Tortella, “la principal acción estatal para promover el equilibrio regional es la inversión en capital humano, es decir, en educación”.