El pintor Fernando Ortega posa frente a tres cuadros de su última colección, ‘Seres en la Encrucijada’, disponible en el Bar Santana.
El pintor Fernando Ortega posa frente a tres cuadros de su última colección, ‘Seres en la Encrucijada’, disponible en el Bar Santana. / NEREA LLORENTE

Al entrar en el Bar Santana, lo primero que golpea de la exposición ‘Seres en la Encrucijada’ de Fernando Ortega son las miradas de sus personajes. Unas miradas que imploran, que desafían y que llaman a la reflexión. Según José Morata, pintor, esas miradas reflejan “las grandes incertidumbres del ser humano ante la crueldad de los tiempos que le ha tocado vivir.”

En el Santana donde sus cuadros estarán colgados hasta el 31 de julio, Ortega nos explicó que bebe del expresionismo alemán. Como Otto Dix, no duda en retratar los aspectos más sórdidos de la realidad, como la violencia policial o la adicción al alcohol. Sin embargo, su principal inspiración es Egon Schiele, uno de esos ‘genios locos’ que revolucionaron el mundo del arte.

Su última producción, ‘Hijos de Odessa’, está presente en el establecimiento. Ortega expresó la tristeza que le produce la contienda en Ucrania, a la que calificó de “guerra fratricida”. Con el cuadro, quiso plasmar una de esas encrucijadas, un momento clave que perdura en la vida: el abandono de un padre a sus hijos antes de partir al frente.

Otro de los cuadros que más llama la atención es ‘Con mi Ejército de Sombras’, en el que un soldado sonríe rodeado de figuras amortajadas. Ortega las concibe como los demonios que danzan en el fuero interno y que conviene contener.

El contraste entre la fragilidad de los seres humanos y la dureza del mundo y sus desafíos está presente en toda la exposición. Los personajes reflejan ese conflicto, atrapados entre una áspera realidad y unos vicios que les paralizan.

Con ello, Ortega denuncia el rumbo alienante que ha tomado la sociedad moderna, una sociedad que engendra cada vez más locura y desazón.