Kamarero.

ÁNGEL GONZÁLEZ PIERAS

Hablar de Huercasa es hablar de una de las empresas más importante de Segovia; tanto en volumen de facturación -40 millones de euros-, como de empleo -150 personas- y de contribución al saldo de nuestra balanza de pagos, no en vano exporta el 80% de su facturación. Su nombre va íntimamente unido al sector agroalimentario; pero también al country: “saborea el country” dice el lema que aparece en su imagen de marca; el festival de Riaza ha sido un éxito estos últimos años, y lo volverá a ser en el futuro – eso espera- después de la pausa de este año por la maldita pandemia. Félix Moracho, el presidente de Huercasa (Tudela, 1954), nacido en tierra de honda raigambre hortelana, lleva cuarenta años en Segovia, y ha conseguido que los productos de su huerta sean conocidos en toda Europa, algo de lo que se siente particularmente orgulloso.

— ¿Ha puesto más en valor la pandemia al sector agroalimentario?
— No por igual a todo el sector. Depende de los subsectores, de las empresas y de los clientes a los que servían esas empresas. Por ejemplo, las que trabajaban con hostelería se han visto muy afectadas. Nosotros nos dirigimos al “retail”, nuestra línea principal, que ha aguantado muy bien, digamos que está preservado, pero el producto destinado a la hostelería, al “food service”, se ha visto muy afectado. Hemos tenido también problemas de suministro, padecido escasez en el abastecimiento de materias primas y la logística ha fallado y se ha encarecido. Seguimos creciendo, pero en el producto clásico, no tanto en el desarrollo de nuevos productos.

— Desde el punto de vista del consumidor, la impresión es que la cadena agroalimentaria goza de gran solidez. A pesar de los acopios iniciales, el mercado ha estado bien abastecido.
— El sector en su conjunto ha funcionado correctamente, pero es verdad que se han producido distorsiones con algunos productos, como por ejemplo con la patata, muy castigada por la caída de la hostelería.

— ¿Piensa que este tipo de pandemia repliega los mercados hacia el interior, con cierto sentido autárquico?
— Es más el ruido que las nueces. Nuestra experiencia indica que hay una cierta vuelta –que ya se estaba produciendo- hacia el producto de proximidad, pero la mayor parte de los países no tienen capacidad para autoabastecerse adecuadamente. Y eso es bueno que sea así para las empresas españolas, que en los últimos diez años nos hemos volcado mucho hacia el mercado exterior. Tendríamos graves problemas si, por ponerle un ejemplo, Alemania decidiera comprar solo producto nacional. Creo que no será así, y el producto europeo va a convivir con el producto autóctono. Me gusta más hablar de producto europeo que de producto nacional. Los alimentos de Europa están a la cabeza de todos los mercados internacionales. Tienen un gran predicamento. ¿Por qué? Por su calidad y por seguridad alimentaria. Detrás de eso hay un trabajo de más de treinta años.

— ¿No prevé, por lo tanto, una caída de las exportaciones?
— Yo me guío por lo que hay. De momento las exportaciones se están manteniendo y además a un buen ritmo, lo cual no hace presagiar que pueda producirse ese hundimiento. Si ocurre no sería por el coronavirus; mire, la bajada del turismo ha propiciado que quienes antes venían ahora se queden en casa y consuman producto allí, lo que contrarresta otros fenómenos negativos. Estamos recolocando las piezas del puzle de otra manera.

— Sería paradójico que la bajada del turismo, que tanto perjudica a nuestra economía, favoreciera las exportaciones del subsector hortofrutícola.
— Afecta relativamente. Quiero decir que todo lo que supone venta en el mercado interior orientado al consumo de los turistas se ha hundido, pero la que se destina a los países de origen de ese turismo se está manteniendo e incluso aumentando.

— Mercado interior. ¿Teme la subida del IVA?
— Bueno, creo que vamos a tener en el mercado interior muchos cambios, entre ellos en materia fiscal. ¿Es posible la subida del IVA? Sí, es posible. ¿Eso afectaría al consumo? Yo creo que sí, pero me imagino que las subidas impositivas van a ser inevitables, y no solo en los impuestos indirectos; estamos en una situación de gravísimo descalabro económico y de alguna manera habrá que salir. Va a afectar a la actividad de las empresas. No es lo mejor, pero tampoco es que sea una situación fácil esta. Eso sí, espero que se haga moderadamente y que vaya acompañada de una racionalización del gasto y de una gestión eficiente de los servicios y de las ayudas públicas, porque a veces no es cuestión de presupuesto sino de gestionar bien. En eso nunca se hace hincapié y me parece lamentable.

— En las transferencias y ayudas financieras de Europa, incluidas en el plan de reconstrucción, una línea que destaca es la biotecnología.
— Todo lo que sea mejorar en tecnología es muy importante. Hay dos factores que van ayudar a salir de la crisis: que las empresas mantengan la actividad, porque son las empresas las que crean empleo, y la tecnología. Las ayudas europeas van a venir a proyectos empresariales, y las empresas tienen que incorporar tecnología que refuerce su propia sostenibilidad. Todo lo que sea apostar por la digitalización, por la automatización y mejora de procesos, por dignificar y hacer menos penoso el trabajo de las personas va a resultar clave. Por eso mencionaba la sostenibilidad: no solo medioambiental, sino también económica y social.

— De ello habla el documento “De la granja a la mesa”, redactado por la Comisión Europea.
— Exacto. Va en el sentido de apostar, en el caso de la alimentación, por una alimentación de calidad y con seguridad alimentaria, pero mucho más sostenible, y para ello hay que invertir en tecnología.

— Ese documento pretende que el 25% de la superficie agraria europea se destine a producción ecológica. ¿Lo ve alcanzable?
— Me parece ambicioso. Se está avanzando en ello, y lo cierto es que muy rápido. Cuando se proponen este tipo de medidas no son ocurrencias. Marcan líneas estratégicas que van en sintonía con lo que quieren los consumidores de los países más avanzados, que son quienes marcan las tendencias de consumo a nivel global. Y, por cierto, en estos momentos no se está atendiendo a esa demanda que ya existe. Hay que realizar un esfuerzo para que la agricultura y la ganadería actuales sean mucho más ecológicas. Para eso hace falta investigación y recursos.

— Sin embargo, todavía hay consumidores que consideran que los productos ecológicos no aportan ningún valor añadido y, sin embargo, aumentan el precio.
— Algunos consumidores, es posible, pero no se puede generalizar. Nosotros nos tenemos que guiar por las grandes tendencias. En España, el consumo de productos ecológicos se ha multiplicado por dos en los cuatro o cinco últimos años, y va a crecer más. Quizá sea verdad que desde el punto de vista de la salud no aporten muchas ventajas frente al producto convencional bien producido –que habría que matizar qué significa esto-, pero lo que los consumidores valoran, y eso sí que es muy importante, es que esa forma de producción sea mucho más respetuosa con la naturaleza, y en el caso de la producción agrícola está demostrado que preserva mucho mejor la fertilidad del suelo.

— ¿Va por ahí la línea de trabajo de Huercasa?
— Sí, en algunas de nuestras producciones ya llevamos más de un 20% de gama ecológica, y si no hacemos más es porque nos falta materia prima. También es cierto que aunque va a existir un diferencial en el precio pagado por los consumidores, y un diferencial en el precio percibido por los agricultores, también hay que aspirar a que ese diferencial sea razonable.

— ¿Cuál es el futuro de la horticultura en Segovia?
— Tiene un futuro razonable. Y no es un futuro espectacular porque debemos ser conscientes de que las producciones de la provincia tienen el problema de que son concurrentes en el tiempo con las europeas, compiten con las producciones locales. Esto no les pasa a las mediterráneas, que salen al mercado cuando en Europa no hay producción. ¿Cómo podemos solventar este problema de la huerta segoviana? Nosotros, en Huercasa, intentamos superarlo con tecnología de vanguardia e incidiendo en todo aquello que nos permita diferenciarnos ante los consumidores, por ello nuestro trabajo se centra en cuestiones como sostenibilidad, respeto medioambiental y responsabilidad social corporativa que nos puedan dotar de singularidad en el mercado. Dicho esto, creo que la fortaleza de la producción segoviana reside en que hay un grupo importante de agricultores especializados en horticultura; sería muy importante que pudieran desarrollarse en los próximos años adquiriendo tamaño, ganando superficie, sacando adelante producciones mucho más razonables desde el punto de vista agronómico, aunque conozco las limitaciones de suelo y agua que tienen.

— Su cadena de proveedores no se limita a Segovia.
— Nuestro producto favorito siempre es el de Castilla y León. Pero tenemos proveedores en Extremadura, en Castilla-La Mancha, en Andalucía. Poseemos una cadena de suministro organizada en toda España e incluso en el exterior. ¿Por qué? Porque la época en la que podemos comprar producto en CyL es muy limitada, hablamos del periodo julio-noviembre, y el resto del año también tenemos necesidad de seguir abasteciéndonos.

— ¿En qué medida le afecta la recarga del acuífero de El Carracillo?
— Nos gusta que el proyecto de recarga del acuífero se complete y se realice a satisfacción de todas las partes, aunque eso suponga que no se va a satisfacer a nadie particularmente. Se están haciendo las cosas razonablemente bien. Es verdad que hay que pensar que el agua es un bien escaso y que hay que racionalizar su consumo, y también no olvidar en su tratamiento después de ser utilizada por la industria. Es una de nuestras principales preocupaciones y es una de nuestras prioridades en temas de I+D y de inversiones.

— ¿Por qué se optó por San Miguel de Arroyo en vez de por Sanchonuño, su sede, para el centro logístico?
— Bueno, la verdad es que llevamos más de 40 años de actividad, hemos ido creciendo y creo que en los pueblos las industrias son bienvenidas al principio, pero conforme aumenta la actividad se originan molestias y se perturba su tranquilidad. Podría haber sido posible ampliar en Sanchonuño, pero tropezamos con el inconveniente de que no disponíamos de terrenos cercanos, de que los terrenos eran caros, de que había muchos inconvenientes; pensamos que no pasaba nada por diversificarnos y valorar otras alternativas cercanas, que tienen menos actividad industrial y en donde vamos a ser bien acogidos. Creo que con el paso de los años hay que intentar no molestar mucho a los municipios.

— ¿Tienen problema para encontrar personal especializado?
— No encontramos. Somos conscientes de que tenemos que formarlos nosotros, aquí, in situ. En nuestras necesidades pero también en nuestros valores, y uno de ellos es que además de la especialización es muy importante la polivalencia.

— Ustedes fueron fundadores de la asociación “5 al día”, ¿han conseguido sus objetivos?

— Los objetivos nunca se consiguen del todo; pretendíamos una alimentación saludable en la que hubiera un componente importante de fruta y hortaliza. Al principio era predicar en el desierto, pero la verdad es que poco a poco vamos consiguiendo cosas.

— Poco a poco.
— Los cambios de verdad se consiguen poco a poco. Los cambios repentinos aparecen y desaparecen. Las personas saben hoy que tienen que comer más fruta y hortaliza, por lo que el objetivo está cumplido. Otra cosa es que lo hagan. Y mire, reconozco que de vez en cuando recibimos sorpresas muy gratas y una de ellas es que las nuevas generaciones se cuidan, y valoran mucho más la alimentación saludable que sus mayores.

— ¿Los millennials?
— Pues sí, es un colectivo que está muy preocupado por su alimentación y que se alimenta mucho mejor que los jóvenes de hace veinte años.

El Country Festival siempre sería en Riaza

— ¿Cuál es el balance del Huercasa Country Festival de Riaza?
— El balance es muy positivo, y lo es porque, aunque en lo económico resulte gravoso, hay que reconocer que para una empresa de nuestras características y de nuestro tamaño –somos de tamaño medio- es muy difícil conseguir la visibilidad que nos ha dado el Festival. Nos ha servido, además, para explicar nuestro relato, que tiene que ver con la apuesta por la alimentación sana y por la vida en el campo, y por el respeto por las personas, por los animales y por el medio ambiente. Hemos demostrado que una multitud de gente se puede divertir sin hacer burradas ni autolesionándose comiendo y bebiendo de una manera desaforada. Hacerlo además a través de la música country es muy gratificante porque es la música de los luchadores, de los supervivientes y de los pioneros. Y nosotros somos luchadores, supervivientes y pioneros.

— ¿Qué va a pasar de aquí en adelante después de la suspensión de la edición de este año?
— Bueno, me gustaría que pudiéramos recuperar nuestra vida y nuestra normalidad social. Habrá que ver si la Covid va a cambiarlas. No tengo en este momento garantías a un año vista.

— Si se volviera a realizar el Country Festival, ¿sería siempre en Riaza?
— Sí.