Muestra de la cabeza sobre la escultura.
Muestra de la cabeza sobre la escultura.

Hace ya trece años que un equipo de investigadores y arqueólogos pertenecientes a la Sociedad Española de de la Arqueología (SEHA) excava en el Cerro de los Almadenes (Otero de Herreros, Segovia), habiendo sacado a la luz una de las explotaciones de cobre más importantes de la meseta norte durante la Antigüedad. Este libro viene a resumir los resultados obtenidos a lo largo de los diez primeros años de excavación, desde que en 2009 se realizaran las primeras intervenciones arqueológicas.

La primera parte en la que hemos dividido la obra incluiría un contexto geográfico muy detallado en el que se ponen de manifiesto las condiciones climáticas, orográficas y medioambientales del yacimiento. Estas condiciones, descritas con detalle, son fundamentales para comprender el yacimiento, ya que aportan información sobre los recursos naturales, hídricos y la posición estratégica con la que cuenta el Cerro de los Almadenes. Por lo que respecta al capítulo dos, el cual desarrolla el contexto geológico, igualmente nos permite comprender, por un lado, los materiales de construcción que se utilizaron en el yacimiento y, por otro, aquellos otros que constituyen la razón de ser del poblado, el afloramiento de minerales para la fabricación de metales, especialmente el cobre. Por último, esta primera parte cierra con un capítulo historiográfico que repasa las distintas fuentes que han hablado del yacimiento en épocas posteriores, remontándonos a la Edad Media. Pese a que estas fuentes son escasas y no permiten afirmar a ciencia cierta si el poblado siguió teniendo algún tipo de actividad, sí se tenía constancia de su existencia y de la riqueza metalífera de la zona. No obstante, no será hasta finales del s. XIX y principios del XX cuando verdaderamente contemos con testimonios que reconozcan la existencia de un poblado metalúrgico en el Cerro de los Almadenes, especialmente gracias a los dos grandes escoriales que se hallaban en su vertiente noreste. Lamentablemente, ambos ya han desaparecido, pero aquellos testimonios apuntan a siglos y siglos de actividades metalúrgicas necesarias para la creación de estas grandes acumulaciones de escoria.

Por lo que respecta a la segunda parte, ésta comienza en el capítulo cuatro en el que se describen los trabajos arqueológicos realizados y las estructuras descubiertas en dos áreas fundamentales del yacimiento: la zona de hornos y la zona de hábitat.

Claude Domergue recibiendo el libro que aquí se reseña de manos de Ayarzagüena y de Pablos durante el homenaje que se le rindió a Domergue a finales de 2022 en la Casa de Velázquez de Madrid. Foto Octavio Puche.
Claude Domergue recibiendo el libro que aquí se reseña de manos de Ayarzagüena y de Pablos durante el homenaje que se le rindió a Domergue a finales de 2022 en la Casa de Velázquez de Madrid. Foto Octavio Puche.

Así, tras una primera prospección en 2009 en donde se constata el potencial científico del yacimiento, se iniciaron los trabajos en lo que luego sería la zona de hornos. Por un lado, se localizaron las bocaminas tanto en la ladera norte como sur del cerro, bocaminas de las que se extraía el mineral que sería manipulado en el yacimiento. Por otro lado, se hizo un primer corte en el perfil noreste del cerro con el objetivo de comprender, a través de los restos materiales (escorias, camisas de horno y cerámicas), la potencia arqueológica del mismo y extraer una cronología general que permitiera conocer la duración y fases de ocupación. Pero, sin lugar a dudas, el hallazgo más destacado de esta zona fueron las instalaciones metalúrgicas de la ladera norte del cerro que constituyen un únicum en la arqueología española. Estas instalaciones, datadas entre el s. V y VI d.C. consisten en un complejo que incluye una oficina metallorum desde la que se gestionaría la producción de cobre y, mucho más destacado desde el punto de vista científico, dos baterías de cinco hornos cada una, más dos hornos localizados fuera de estas baterías y un lavadero de mineral. Gracias a este hallazgo, se ha podido reconstruir todo el proceso productivo del cobre que se extraía en el Cerro de los Almadenes. El mineral era transportado desde las bocaminas hasta la zona de hornos, donde el mineral era convenientemente lavado y machacado. Seguidamente, recibía un primer proceso de tostación para luego recibir otro de reducción, tras el cual se extraía el metal fundido acumulado en la base del horno (lingotera), rompiendo una de las paredes del horno. Se ha demostrado igualmente que mineral, combustibles y fundentes se introducían en el horno por capas.

Por lo que respecta a la zona de hábitat, ésta se encuentra localizada en la cima del cerro y en sus inmediatas ladera sur y oeste, habiéndose datado estas estructuras en torno al cambio de era (s. I a.C. y I d. C.). Una de las pistas para su identificación fueron los muros colgados que, al haberse utilizado esta zona como cantera, las labores extractivas los dejaron al descubierto. Sobre la parte de la cima del cerro que linda con los muros colgados más occidentales, se halló una cella vinaria. Esta instalación estaba compuesta por dos espacios: el primero de ellos es en donde se encontraría la presa tal como indica la presencia de una base y una piedra torcularia que formarían parte del artilugio. Por otro lado, se encontraría una estancia, de la que lamentablemente se ha perdido gran parte como consecuencia de los trabajos en la cantera, a juzgar por el hallazgo de una basa ornamental, bien podría constituir un atrium. Ambas zonas estarían conectadas por un vano con dos escaleras en piedra caliza tallada. En ambas aparecieron restos cerámicos pertenecientes a vasijas de almacenamiento de gran formato (dolia y ánforas). Por su parte, se aprecia una técnica constructiva a base de un zócalo y cimientos en piedra con alzado en tapial recubierto luego con estucos de gran grosor y policromados que eran adheridos a la pared mediante un recubrimiento a base de cañas. Por otro lado, en la ladera occidental del cerro, se excavaron dos estructuras domésticas adosadas a un muro de gran grosor cuyas paredes habían sido igualmente estucadas y cuyos suelos fueron realizados en tierra apisonada. Éstas últimas nos indican que, posiblemente, fuera en la ladera occidental del cerro donde se localizaban las viviendas de los trabajadores del poblado, asentadas sobre terrazas artificiales y alejadas de los gases emitidos por las fundiciones.

El capítulo cinco hace un inciso para comentar los que probablemente han sido los descubrimientos más sensacionales del yacimiento, que no son otros que las esculturas de una figura femenina decapitada y de una cabeza masculina. En lo que respecta a la efigie femenina, todo apunta a que fue mutilada ya en la Antigüedad, siendo decapitada y sus pechos cortados. No obstante, todavía conserva las características definitorias de lo que parece un arte provincial muy influido por el arte clásico. Además, se han conservado pequeños restos de pigmentos, por lo que esta escultura debía estar policromada. Probablemente se trate de una divinidad que fue esculpida por un artista local. En cuanto a la cabeza masculina sin cuerpo, el hecho de que su parte trasera quedó sin esculpir, parece indicar que estaba destinada a ser colocada contra una pared o en una hornacina.

Hallazgo de la cabeza.
Hallazgo de la cabeza.

En lo que respecta al capítulo seis del libro, éste está dedicado a explicar las posibles vías de comunicación que relacionaban al poblado con su entorno. Si bien contamos con varias vías que parten o llegan al yacimiento, de ninguna se puede dar una cronología exacta. Sin embargo, la técnica constructiva de muchas de ellas se corresponde con la ingeniería viaria antigua; especialmente aquella que se ha denominado “La Empedrada”, la cual conectaría el yacimiento con la ciudad de Segovia.

Seguidamente, el capítulo siete pasa a describir y comentar los restos materiales hallados a lo largo de esta larga primera etapa de excavaciones e investigaciones. De entre los restos materiales descubiertos y estudiados, la obra señala, en primer lugar, los restos cerámicos consistentes en cerámicas romanas de almacenaje de gran formato (dolia y ánforas), cerámicas indígenas que destacan por estar muchas de ellas policromadas, cerámicas comunes de cocina también romanas y morteros para el tratamiento de alimentos. Una mención especial merecen aquellas cerámicas de carácter más selecto por su decoración y técnica de fabricación, nos referimos a las lucernas y a las cerámicas de terra sigilata cuyo sello o decoración nos permite reconocer el taller del fabricante. Sigilatas con esos mismos sellos aparecen en otras grandes urbes de la Hispania romana. Por otro lado, se han hallado pesas de telar que señalan la existencia de actividades textiles en la región y que, unido a aquella cella vinaria, permite pensar en una economía más diversificada con atención al sector primario y no solo enfocada a la producción de metal, aunque fuera ésta la principal actividad económica. Por su parte, también se han encontrado cerámicas de época tardoantigua de tonos oscuros y grisáceos.

En cuanto a los objetos en metal, sin lugar a dudas, son las monedas las que aportan más información. Las monedas halladas en el Cerro de los Almadenes son de uso corriente, especialmente ases romanos, y cuyas cecas se encontraban, mayoritariamente, en la zona del Levante y el valle del Ebro. Esta información, unida a aquella que aportan las sigilatas, nos indica que el yacimiento estaba inmerso en importantes circuitos comerciales. Otros objetos metálicos son clavos de hierro, punzones de cobre y pesas de plomo (posiblemente para pesar el metal). Otros objetos destacados son aquellos realizados en hueso o asta, como enmangues de cuchillos y tabas con signos, posiblemente con un uso lúdico.

El capítulo ocho está dedicado a las labores de conservación y restauración que se han desarrollado a lo largo de estos diez años de excavaciones. Por un lado, la obra señala las acciones de prevención que pasan por el vallado del perímetro del área arqueológica, actualmente en propiedad del Excmo. Ayuntamiento de Otero de Herreros. En cuanto a los tratamientos in situ, se ha procedido a la consolidación de varias estructuras. También, a lo largo de las campañas, se extraían los diferentes restos arqueológicos para ser colocados en bolsas de polietileno con su correspondiente ficha de inventario. Por lo que respecta a los tratamientos en el laboratorio, éstos han consistido en el lavado, siglado e inventariados de aquellos materiales extraídos durante la excavación. Del mismo modo, se ha llevado a cabo el pegado de aquellas piezas cerámicas que podían ser restauradas, total o parcialmente. En lo que respecta a las estructuras que quedaban al descubierto, éstas eran cubiertas con geotextil al término de cada campaña arqueológica.

El Cerro de los Almadenes. Una espectacular explotación de cobre en Otero de Herreros, Valiente Cánovas, S., Ayarzagüena Sanz, M., San Clemente Geijo, P., Lozano Otero, G. y López Cidad, J. F. (2021). Editado por la  Diputación de Segovia.
El Cerro de los Almadenes. Una espectacular explotación de cobre en Otero de Herreros, Valiente Cánovas, S., Ayarzagüena Sanz, M., San Clemente Geijo, P., Lozano Otero, G. y López Cidad, J. F. (2021). Editado por la Diputación de Segovia.

Finalmente, el capítulo nueve, dedicado a las conclusiones, hace un balance general de lo que se ha logrado en donde se destaca la importancia científica y patrimonial del yacimiento, en tanto que espacio de producción metalúrgica de primera línea en la meseta norte y de cuyos restos no hay paralelos en la península. Por su parte, en el capítulo diez, donde se explican brevemente las perspectivas de futuro, se destaca la necesidad de proteger, musealizar y difundir el yacimiento.

Así pues, esta publicación que sintetiza los resultados obtenidos a lo largo de diez años de excavaciones bien puede convertirse en una obra de referencia obligada para el estudio de la minería y la metalurgia en la Antigüedad peninsular. A través de ella no solo se explican las labores de extracción y tratamiento del mineral, sino que también comenta todo aquello que rodeaba al proceso productivo, desde los recursos naturales e hídricos con los que contaba el yacimiento, como el conjunto de estructuras a través de las cuales podemos reconstruir la vida cotidiana y las creencias de la población que, desde muy antiguo, explotó las minas de cobre del Cerro de los Almadenes.


(*) Departamento de Historia Antigua, Historia Medieval y Paleografía y Diplomática. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad Autónoma de Madrid.