La diócesis ajusta sus servicios a las exigencias de la pandemia apoyada en la tecnología

Las limitaciones del aforo para los cultos obligan a aumentar los horarios de misas en las parroquias, que mantienen suspendidas las catequesis y actividades pastorales conjuntas

Las restricciones marcadas por las autoridades sanitarias en el control de aforos en espacios públicos y en la limitación del número de personas en reuniones para evitar la expansión del Covid-19 está suponiendo un duro escollo en el desarrollo de la actividad pastoral de las parroquias de la diócesis. El confinamiento supuso el cierre de las iglesias al culto y el cese de toda actividad, y la posterior desescalada rebajó el nivel de restricciones, pero la ‘tercera ola’ volvió a elevar la rigidez en las medidas restrictivas, que actualmente limitan a un máximo de 25 personas la asistencia de público a los cultos. Además, la imposibilidad de llevar a cabo reuniones de más de 4 personas dificulta enormemente el desarrollo de actividades vinculadas a la acción parroquial como catequesis o encuentros de asociaciones o colectivos.

Toca agudizar el ingenio para llevar adelante el trabajo evangelizador y social en las parroquias, y sus responsables se han puesto manos a la obra ‘con temor y temblor’, tal y como pedía San Pablo a sus hermanos de la comunidad griega de Filipo que se ocuparan de “las cosas de la salvación” en su epístola a los Filipenses.

El vicario de Pastoral de la diócesis de Segovia, Francisco Jimeno Mardomingo, pone de manifiesto la situación de indefinición que la evolución de la pandemia lleva consigo en lo que se refiere a la aplicación de las exigencias que marcan las autoridades sanitarias.

“Durante este tiempo de crisis, las circunstancias son cambiantes e irregulares –asegura- y los sacerdotes están inquietos con la puesta en marcha de las medidas que se nos exigen, pero siempre desde el cumplimiento estricto de lo que está marcado en la ley”.

Así, junto a la Liturgia de las Horas, los presbíteros incorporan casi a diario la lectura del Boletín Oficial de Castilla y León (BOCyL) para permanecer atentos a cualquier cambio en la actual normativa, y mientras tanto, tratan de poner a disposición de sus fieles todos los servicios que estén en su mano para que no falte la asistencia espiritual en un tiempo especialmente delicado como es el de la pandemia.

Jimeno señala que las parroquias segovianas están llevando a rajatabla el cumplimiento de la norma que establece un máximo de 25 personas en los templos para los cultos religiosos, circunstancia que ha obligado a extender los horarios de misas más allá de lo establecido para favorecer la presencia de todos aquellos interesados en acudir a la Eucaristía.

Pese a ello, los horarios habituales sobre todo en las misas dominicales siguen siendo los preferidos por los feligreses, porque “muchos están hechos a una hora y es difícil cambiar los hábitos, pero se advierte también que la apertura de nuevos horarios atrae más al público”.

En la provincia, el vicario de Pastoral asegura que el control de aforos es “más sencillo”, pero precisa que en algunas localidades sus párrocos han decidido cerrar sus templos al culto, motivados por la situación de contagio en sus pueblos y de común acuerdo con las autoridades municipales. En los municipios más pequeños, el problema se recrudece, ya que la atención que se presta a través de las celebraciones en ausencia de presbítero (CAP) no llega ya que el grupo de laicos que lleva a cabo esta tarea está formado “por personas muy mayores que no quieren exponerse a un contagio, y eso es algo que la diócesis tampoco puede asumir”.

Perder el miedo

Las nuevas tecnologías son la solución inmediata y urgente a la que la diócesis se ha agarrado para poder mantener viva su actividad pastoral. Así, el uso de las videoconferencias a través de plataformas como Zoom o Whatsapp o el intercambio de materiales a través de correo electrónico permite poder llevar adelante las catequesis de niños, que desde hace tres semanas quedaron suspendidas presencialmente y que ahora se desarrollan a través de estas nuevas modalidades de comunicación.

Para ello, hay parroquias que han dado un paso adelante y han impulsado iniciativas como la creación de cuentas propias en el canal YouTube para poder retransmitir por esta vía sus celebraciones religiosas o eventos comunitarios.

Algunos ejemplos pueden verse ya en Riaza, Cuéllar, Coca o en la segoviana parroquia de Santo Tomás, que ya cumplen el requisito de las 1.000 suscripciones para llevar a cabo sus pretensiones; e incluso el obispo César Franco ha recurrido a las videoconferencias para mantener reuniones con jóvenes y otros colectivos diocesanos.

Jimeno expresa su satisfacción por la aplicación y uso de las nuevas tecnologías, y asegura que la pandemia “está demostrando que somos capaces de abrirnos al mundo digital”. “Se nos están quitando los miedos y no lo estamos haciendo mal”, asegura el vicario, aunque precisa que esta iniciativa “no puede sustituir el carácter presencial y comunitario, porque la esencia de la Iglesia es la de ser punto de reunión y encuentro en torno al mensaje del Evangelio”.

Prudente esperanza en bodas y comuniones

La suspensión de las celebraciones multitudinarias como bodas y comuniones supuso un grave quebranto para centenares de familias que hubieron de posponer en el caso de los enlaces matrimoniales o limitar al ámbito estrictamente reducido a la unidad familiar en el de las comuniones las ceremonias vinculadas a ambos sacramentos. Con esperanza, pero pisando tierra firme, Francisco Jimeno expresa su confianza en que el avance en la vacunación y la reducción de la presión asistencial sanitaria vinculada al descenso de los contagios pueda relajar las normas y permitir el desarrollo de bodas y comuniones, para las que este año “se están ya fijando fechas en muchas parroquias”. Como es obvio, la evolución de la crisis sanitaria determinará el desarrollo ulterior de estas celebraciones, y el vicario de Pastoral apela a la prudencia sin aventurar un pronóstico sobre lo que pasará en el horizonte más inmediato, aunque precisó que la solución puede ser “multiplicar las celebraciones para evitar contactos, con el fin de facilitar al máximo sin exponer a la comunidad cristiana”. “En principio, la intención es la de no suspender bodas ni comuniones, pero habrá que ir viendo a medida que vayamos avanzando”, asegura.