Terrazas de hostelería ayer al mediodía en la Plaza de San Lorenzo. / Kamarero
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Cuenta Felipe que antes de la crisis sanitaria por el coronavirus y el confinamiento casi total de los últimos dos meses y pico era de los que renegaba de la ‘cultura’ de bar. “Mi padre era de los que empezaba la jornada en la taberna o la churrería y remataba la jornada después del trabajo tomando unos vinos con los amigotes en el bar de un amigo del barrio. Quizá por eso yo, en contraposición, siempre había dicho que para mí los bares son para los domingos, para el aperitivo, el vermut y poco más pero aquí me tienes el primer día de la fase 1 en Segovia, sentadito en una terraza como si lo echara en falta; y no he salido de casa con esa idea pero al pasar he visto la mesa tan aparente, llevaba el periódico bajo el brazo y me he sentado a ver pasar a la gente y a ojear las noticias. Definitivamente, los españoles, los segovianos, tan recios, tan serios que parecemos y luego somos más sociables de lo que creía. El primer sorprendido soy yo”.

Desigual ha sido el comienzo de la fase 1 en la capital segoviana, al menos en las terrazas de hostelería, lo más visible, pero se intuye que también en cuanto a los reencuentros con familiares o amigos en grupos de hasta diez personas.

Desde la Agrupación Industrial de Hosteleros Segovianos (AIHS) ya anunciaban el fin de semana que no habría una apertura generalizada y su director gerente, Javier García Crespo, apuntaba a una mayor rentabilidad en la apertura de terrazas, hasta el 50 por ciento de su aforo antes del estado de alarma, en establecimientos de barrio que en otros más céntricos que viven del turismo.

Así ha sido y, por ejemplo, mientras en la Plaza Mayor solo un establecimiento de 11 abría hoy su terraza, y de cara al aperitivo, o cuatro lo hacían en la avenida del Acueducto, en puntos como la calle José Zorrilla los establecimientos cerrados eran minoría y en barrios como San Lorenzo o incluso en la calle Tercios Segovianos de La Albuera, la animación en las terrazas fue casi constante durante todo el día.

Para hoy martes, algunos bares de la Plaza Mayor anuncian ya la apertura de su terraza. Lo hacía en redes sociales uno de los más emblemáticos de la ciudad, La Concha, con este mensaje: “… con todas las medidas de seguridad y con toda la responsabilidad que esta situación requiere pero también con muchas, muchas ganas de veros de nuevo a todos”.

La desescalada en Segovia va por barrios pero también por edades, algo menos temerosos del Covid-19 los jóvenes que los más maduros. En La Albuera Antonio, Plamen, Niko, Sasho y Kaloyan, cinco amigos, algunos incluso familia, de origen búlgaro aunque ya segovianos (algunos incluso han nacido aquí) estrenaron terraza e incluso se abrazaron. “No nos hemos saltado las normas y estamos sanos, estamos bien ¿no se ve? Después de tanto tiempo sin vernos teníamos ganas porque aunque hemos hecho videollamadas no es lo mismo”.

Cuentan que hasta se fueron pronto a dormir la noche del domingo para empezar temprano su jornada en esta 1º fase de desescalada. Antonio, sin embargo, dentro de la felicidad del reencuentro, está descontento con una situación que considera absurda. “Por mí estaría haciendo deporte en lugar de irme a una terraza pero hay que hacerlo con un horario, eso me parece mal”, asegura este joven estudiante que, además, comenta que lo de estudiar en casa estos últimos meses no ha sido “la experiencia de estar en clase” y el rendimiento se ha resentido: “ha ido mal”.

Reencuentro de un grupo de amigos en una terraza de la capital. / Kamarero

En San Lorenzo

En otro bar emblemático, en Casa Paco, del barrio de San Lorenzo, otros cinco jóvenes se reunieron por primera vez “desde antes de la pandemia” alrededor de unos botellines de cerveza pero en este caso “con bozal” y sin besos, según ha contado una de las dos Anas del grupo: “nada de besos y abrazos, un poco el codito, con mascarilla y guardando la distancia”.

Junto a la otra Ana, a Gloria, Ernesto y Juanjo, reconoce que les hacía “mucha ilusión” y la mañana soleada animaba a recuperar una cita en su bar de referencia, pues no en vano tres de ellos son peñistas de las fiestas del barrio, de la peña ‘La Perdición’ la portavoz, y de ‘C.S.I’, otros dos, todavía con la incertidumbre de cómo serán las del próximo agosto.

Reconoce Ana que han pasado “miedo” por ellos y sus familias pero “poco a poco se va perdiendo, aunque con prudencia. Vemos gente que todavía tiene pavor a salir y también algún inconsciente”.

Begoña y su marido ocupan una mesa en el bar Monty de La Albuera y ella se muestra “encantada” de recuperar la “rutina” del café después del paseo matinal, una ración de normalidad después de semanas de ansiedad y estrés laboral. Sin embargo, cree que todavía es pronto para el reencuentro con algunos familiares: “esta semana no, la que viene…”.

Dudas e incertidumbre

El propietario del Monty, David, habla de una experiencia con sus tonos brillantes pero también otros grises. Contento por abrir y comprobar que su gente no ha fallado, que está animada en la terraza pero al mismo tiempo con temor por el cumplimiento de las normas “Me gustaría que algunos tuvieran paciencia y esperen a que desinfecte antes de sentarse a la mesa. A todos les pido que dejen las sillas recostadas en la mesa como señal de aviso pero casi nadie se acuerda”, explica.

Tiene quizá la terraza más amplia del barrio, sabe que eso le beneficia y comprende que otros establecimientos de La Albuera no abran hasta la fase 3 “porque no les compensa para dos mesas”.

Él mismo se muestra preocupado con las medidas de seguridad y señala la incertidumbre vivida en los días anteriores, pendiente de cuestiones como si es o no conveniente desinfectar con ozono, si poner mamparas o no ponerlas… y todo esto en casa con una hija enfermera “que a sus 23 años ha visto cosas en el Hospital y aunque no nos cuenta mucho algunos días venía llorando y solo podías escuchar y que se desahogara”.

La hostelería, tan importante en una ciudad donde el sector turístico tiene mucho peso, resurge primero en los barrios y a medio gas, como lo hacen comercios y otros negocios. Hoy El Adelantado ha sido testigo de que algún jubilado ha vuelto a ‘supervisar’ obras y han vuelto tertulias como la del banco de una esquina de la calle Tejedores, con abuelos sordos que ni a gritos parecen entenderse (la mascarilla no ayuda), desde donde lanzan besos a las nietas a cuatro metros o más de distancia.