Javier Reguera.
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Javier Reguera es conocido por su paso por la política, fue concejal del Ayuntamiento de Segovia y presidente de la Diputación pero, también fue una pieza importante en Caja Segovia, donde fue consejero y vicepresidente.

Durante este periodo le tocó ver situaciones y cambios de todo tipo y hoy, como responsable de la Fundación Caja Segovia, sigue luchando para mantener lo que un día se pudo perder tras la caída de las cajas. Del Torreón, del Palacio de Mansilla y del proceso, que aún no ha finalizado, en torno al Caja Segovia, nos comenta.

— ¿Cómo están las cosas en la Fundación Caja Segovia?
— La Fundación se constituyó hace seis años como comisión gestora. Estuvo así durante 2012 y 2013 porque no se sabía cómo se iba a desarrollar porque al principio era una fundación de carácter especial, luego el 25 de marzo del 2014, se constituyó como fundación ordinaria. La Fundación Caja Segovia es como cualquier otra, no tiene ningún carácter especial, está regida por la normativa de fundaciones como cualquier otra fundación privada.

— ¿Qué fines persigue?
— Esta Fundación nace como consecuencia de la desaparición de Caja Segovia. Se constituye con los bienes que habían quedado en Caja Segovia después de la segregación de Bankia. Es decir, con los bienes que pertenecían a la Obra Social y Cultural de Caja Segovia.

Los objetivos de la Fundación son muy amplios, lo que ocurre es que la situación económica no permite alcanzar los objetivos previstos porque requerirían unos ingresos muy superiores a los que tiene.

Ahora mismo, la Fundación Caja Segovia tiene tres pilares: Uno, en el ámbito cultural, que es el Torreón de Lozoya, continuar con él como una pieza fundamental de la infraestructura cultural de Segovia; otro, mantener la proyección que tenía Caja Segovia en la provincia mediante la cesión de los antiguos Centros Sociales de Caja Segovia a los Ayuntamientos. Ahora mismo hay 25 centros cedidos a los principales Ayuntamientos de la provincia; la tercera parte son las propias actividades sociales de la fundación que desarrolla, por ejemplo, en el Centro de Corpus o en el centro del Cristo del Mercado. Son más de 30 actividades de vida saludable y nuevas tecnologías, en las que participan entre 3000 y 4000 personas cada año y, dentro de esta actividad social están las ayudas a proyectos sociales que se hacen en colaboración con Bankia.

Bankia, este año, subvenciona a la Fundación con 150 mil euros, de los cuales, la mayoría van a fines sociales, para asociaciones sociales de Segovia. Hay otros 50 mil euros, que se destinan a alguna actividad cultural o a subvencionar proyectos medioambientales.

— Conocido el esquema sobre el que se cimenta la Fundación, cuando os enteráis de que el Torreón de Lozoya, vuestra sede principal, ha sido hipotecada…
— Cuando se constituyó la Fundación el Torreón estaba hipotecado junto a otros cinco inmuebles de “La Caja” por un préstamo a favor de Bankia por 6,7 millones de euros que había pedido Caja Segovia, a mediados de 2012, antes de que desapareciera La Caja, para pagar una deuda fiscal que tenía la sociedad Navicoas, participada por Caja Segovia pero ajena a Caja Segovia.

Aquello ha llevado un largo proceso judicial y La Fundación que, con ese préstamo no podía salir adelante, lo que hizo, tras muchas gestiones, fue llegar a un acuerdo con Bankia, para que de esos 6,7 millones de euros, 5 millones quedaran condonados y, el resto se compensara con espacios que tenía la Fundación dentro del edificio principal de Caja Segovia en la avenida del Acueducto.

Ahora mismo el Torreón no tiene ninguna carga y es 100% propiedad de la Fundación y, de hecho, el mes que viene vamos a trasladarnos allí, al Torreón, nuestra sede oficial. Se ha hecho la rehabilitación de unos espacios que eran una antiguas viviendas.

— ¿Cómo va el proyecto de subir a la parte superior del Torreón?
— El proyecto que tenemos para el Torreón es instalar en la planta primera, que antes no tenía ningún uso, el Museo Caja Segovia, que va a reunir allí una buena parte de sus fondos, compuestos por unas 3000 piezas. Se expondrá una selección de lo que se entiende que es más significativo de todo el catálogo con carácter permanente. A la vez se abrirá al público la Torre.

Parecía que iba a ser más fácil pero ha habido que adaptar el Torreón a la nueva normativa, sobre todo a la de protección de incendios y a la accesibilidad, para lo que ha sido necesario construir un ascensor de comunicación de la planta baja a la planta primera.

Como es un edificio histórico y protegido ha sido muy laboriosa la redacción del proyecto, la obtención del la licencia… llevamos con esto bastante tiempo. La obra está ya terminada, está instalada la protección de incendios, está construido el ascensor (había unos restos arqueológicos que han quedado documentados y se ha podido terminar la obra) y, está terminada la sede administrativa de la Fundación, en el momento que nos entreguen la obra, seguramente esta próxima semana, a principios de marzo, iniciaremos los trabajos para el montaje del Museo.

— ¿La mudanza va a ser importante?
— Ya estamos pasando cosas desde hace 3 meses y todavía queda mucho. Queda bajar las obras de arte que hay que exponer y catalogar en el Museo. Calculo que, para después del verano, estará en funcionamiento.

Lo de la sede es a corto plazo, en el mes de marzo estaremos ya instalados allí y, el Museo y la visita al Torreón, van de la mano pero, antes de verano va a ser difícil que esté terminado y disponible.

— Independientemente del Museo permanente ¿El Torreón ofrecerá también exposiciones como las habituales hasta ahora?
— Sí, la sala de exposiciones actual, la planta baja, continuará tal y como está y, en principio, con visitas gratuitas. La visita al Museo permanente y a la Torre tendrá algún coste porque también hace falta obtener recursos para el mantenimiento del Torreón.

— A partir de ahora se aprovechará todo el Torreón, incluido el jardín ¿Cómo va a funcionar?
— El funcionamiento del jardín está directamente en relación al buen tiempo. Hace dos años se celebraron los conciertos de verano pero, este último año, no se ha podido hacer nada porque estaba todo ocupado por los materiales de la obra del Torreón.

Lo que pensamos es potenciarlo al máximo, no solo con actos protocolarios del propio Torreón, como el Ciclo de Música que se celebraba en el jardín, también con actividades privadas pero, aunque ya se han celebrado algunas, tienen ciertos condicionantes porque está en el centro histórico y sus actividades pueden funcionar dentro de unos determinados horarios porque, a los vecinos del Torreón, a partir de ciertas horas, no les gusta que haya ruidos alrededor.

— Ha debido ser mucho trabajo hasta tener todo preparado…
— Sí, llevamos 6 años de trabajo en la Fundación y, ha habido momentos difíciles. Hasta que no se resolvió el asunto de la hipoteca del Torreón, la Fundación ha estado en precario. Era un problema que suponía la desaparición de la Fundación pues, en ningún momento íbamos a tener la posibilidad de pagar un préstamo hipotecario de 6,7 millones euros.

También ha habido una parte francamente poco agradable que es la de los procesos judiciales que se han tramitado durante este tiempo. Era una demanda y, había que llevar esos procesos hasta el final. Pensábamos que era nuestra obligación y lo seguimos pensando.

De los procesos que han terminado, uno de ellos sobre el crédito hipotecario del Torreón, desde el punto de vista penal, quedó sobreseído en su momento por el acuerdo con Bankia. También hay un proceso que está pendiente por la parte del préstamo que hubo que compensar con los espacios que tenía la Fundación en la sede de Caja Segovia y, es una demanda civil que está aún en tramitación por la reclamación de la diferencia de ese millón y medio de euros que tuvo que desembolsar la Fundación en forma de metros cuadrados, por lo que hay una reclamación contra el Consejo y contra la compañía de seguros.

En cuanto al proceso de los fondos de prejubilaciones que, como ya se sabe, terminó con la absolución general de todos los procesados, está, en este momento, recurrido en casación. No la absolución de todos sino, de los directores generales. Es decir, el recurso de casación lo que ha hecho es impugnar la absolución de esos dos cargos pero no se ha impugnado la absolución del resto.

— Por lo tanto, el procedimiento sigue y ha habido una exconsejera de Caja Segovia, Elena García Gil, que ha reclamado 60 mil euros a IU y otros 60 mil euros a la Fundación Caja Segovia por el perjuicio que le ha supuesto “haber estado inmiscuida en este procedimiento”.
— De este asunto no tenemos noticia de que continúe hasta el momento. Se inició un acto de conciliación, este terminó sin avenencia, y no tenemos ninguna otra noticia.

— ¿Cuando mira para atrás, qué piensa de todo lo que ocurrió en Caja Segovia en sus últimos diez años?
— Fueron muchas cosas y algunas con consecuencias nefastas como fue la desaparición de Caja Segovia. Esta desaparición es un empobrecimiento para la provincia de Segovia ya para siempre, una desgracia que ha tenido Segovia de la que todavía nos estamos acordando pues, todo lo que Caja Segovia invertía en actividades sociales, culturales, deportivas ha desaparecido y la Fundación no va a poder suplir eso de ninguna manera.

Por lo tanto, lo primero es lamentar que haya desaparecido porque es una pérdida enorme para la provincia de Segovia. En segundo lugar, respecto a mi visión de lo que ha pasado creo que Caja Segovia ha tenido un equipo directivo, durante muchos años, muy bueno. No creo que se pueda decir que ha habido una mala gestión en Caja Segovia y, dentro de las provincias es una entidad en la que no han aparecido casos de aprovechamientos de créditos en favor de unos u otros esas cosas no han pasado.

La responsabilidad de la desaparición de la Caja es muy difícil achacarla a una decisión y, mucho menos a personas en concreto. En el momento en que se acordó la integración en el bloque de cajas en el que estaban Caja Madrid y Bancaja, creo que las decisiones se tomaron honestamente, se pensó en aquel momento que dos entidades financieras, principalmente Caja Madrid, ofrecían la solvencia suficiente como para que la Caja pudiera continuar. Ahora el tiempo nos dice que fue una decisión equivocada pero, no responsabilizaría a nadie de que se tomara una decisión superficial. Pienso que no se podía pensar que iba a ocurrir lo que ocurrió.

Ahora bien, lo que sí que creo es que, las decisiones que se tomaron al final de la vida de La Caja, en relación con la situación de los directores generales y otros altos cargos, fueron decisiones en beneficio de los altos directivos y se tomaron sin un conocimiento exacto del consejo de administración. No se les facilitó la información que se les debería haber facilitado para poder tomar una decisión, el coste económico y la repercusión económica que eso representaba para La Caja. Se enteraron después, cuando lo vieron en la prensa.

— Se dice que “la entrada de los políticos causo el problema de las Cajas” ¿Está de acuerdo?
— Hay que reconocer que no es la mejor manera de seleccionar a miembros de un consejo de administración. Lo que tiene que primar son criterios de profesionalidad, no cabe duda pero, no creo que fuera la causa. Los consejos de administración actuaban casi siempre siguiendo las propuestas del equipo directivo. Las decisiones, realmente, las tomaban ellos. Pero, por otro lado, hay que tener en cuenta que había muchas Cajas, con el mismo sistema de nombramiento del Consejo de Administración que han sobrevivido, desgraciadamente, en Castilla y León y, entre ellas en Segovia, ha sido una debacle.

— ¿Cómo cree que será el final del proceso?
— En cuanto a la Fundación, ahora soy optimista porque creo que se va a mantener durante muchos años y puede tener una vida muy larga. Hay cosas que todavía hay que resolver, de lo que tiene que vivir es de la rentabilización de los inmuebles y, no es nada fácil porque no son locales comerciales, no son viviendas, tienen una comercialización difícil como es el caso de Mahonías o los locales que ha dejado libre la Universidad de Valladolid que dedicaba a Informática porque se ha trasladado a las nuevas instalaciones. Y, como se ha conocido, teníamos una cosa pendiente, el Palacio de Mansilla que se ha alquilado con opción a compra a IE University. Este conocido palacio, que albergó durante muchos años el Colegio Universitario de Segovia, se convertirá en una residencia para estudiantes. Cuenta con una superficie de 5.300 metros cuadrados y, para que todo esté preparado y en funcionamiento, la obra que hay que ejecutar en las instalaciones es muy importante y se espera que termine para 2022-2023.

Ahora, del tema de responsabilidades, lo que queda es lo que está pendiente, la resolución del Tribunal Supremo y la resolución de la demanda civil. En el patronato no nos hemos planteado todavía ninguna otra posibilidad de actuación. Vamos a esperar a ver qué ocurre.