Almudena Rico, el año pasado en el Hospital General. / EL ADELANTADO
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La mitad de los pacientes con síndrome de Ménière sufre depresión a causa del impacto notable que este trastorno causa sobre la calidad de vida. Así lo advierte la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC) que, con motivo del Día para la Concienciación sobre el Síndrome de Ménière, que se celebra hoy 7 de febrero, recuerda la importancia de acudir al otorrinolaringólogo ante la presencia de síntomas vinculados a este trastorno (vértigo, acúfenos e hipoacusia) para que realice un correcto diagnóstico que permita indicar el mejor tratamiento para mejorar su calidad de vida.

Según un trabajo reciente, la depresión afecta a entre el 40 y el 60% de los pacientes con este trastorno. Es el tercer diagnóstico más común en las consultas de otoneurología y tiene una incidencia de 12 a 15 por cada 100.000 habitantes, con un predominio algo mayor entre las mujeres de mediana edad (entre los 40 y 60 años), según datos de la SEORL-CCC.

La Asociación Síndrome de Ménière España (ASMES), surgida hace tres años, trata de dar visibilidad a esta enfermedad rara, tan desconocida como incapacitante, que afecta aproximadamente a uno de cada mil habitantes y hoy contará con mesas informativas en catorce mesas de la geografía nacional.

La socia-colaboradora de ASMES y a su vez también afectada, Almudena Rico, lamenta no poder estar este año en el Hospital General de Segovia al estar pasando “una etapa complicada a causa de la enfermedad”.

Esta enfermedad crónica, que afecta a cerca de una de cada mil personas, afecta al oído interno, tanto a la audición como al sistema del equilibrio, y aún no tiene cura. Son tres los síntomas que caracterizan al síndrome de Ménière: crisis de vértigo rotatorio, hipoacusia o pérdida de audición y acúfenos o ruido interno en el oído.

“En mi caso todo empezó con una fuerte crisis de vértigo”, describe Almudena Rico. “Desde entonces la pérdida auditiva ha ido aumentando de forma progresiva y, en seguida, los acúfenos aparecieron para quedarse, no he vuelto a escuchar el silencio”, aclara.

“Cuando te da una crisis de vértigo solo puedes tomar la medicación, tumbarte en un ambiente tranquilo y con poca luz y esperar a que todo pase. Pueden ser minutos, horas y a veces días. Y después la inestabilidad como si fuera una borrachera y un tremendo agotamiento que puede durar varios días más”, explica Rico.

En la evolución espontánea de esta enfermedad, poco a poco se va perdiendo la función del oído interno. El paciente entonces va pudiendo quedar poco a poco con inestabilidad, problemas para comunicarse con su entorno y un pitido continuo que no cesa.

En muchos casos se añade hiperacusia, es decir, no se toleran los sonidos intensos porque provocan fuertes molestias o incluso dolor.