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Soportal porticado en la calle Buitrago, junto a la plaza de Santa Eulalia, con elementos del siglo XVI junto a otros más modernos. / Kamarero

La Junta de Castilla y León acordó el 3 de septiembre del año pasado la declaración de la Plaza de Santa Eulalia de Segovia como Bien de Interés Cultural (BIC) con la categoría de conjunto histórico. Todo apuntaba a que con ese acuerdo se ponía fin al largo trámite iniciado en 1977 con el inicio del expediente mediante una resolución de la entonces Dirección General de Patrimonio Artístico, Archivos y Museos del Estado, que no se publicó en el BOE hasta febrero de 1978, pero la presentación de un recurso por la sociedad propietaria de varios inmuebles y solares de esta plaza ante la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) ofrece nuevas dudas sobre la aplicación de esta figura de protección del patrimonio cultural.

Tanto la Delegación Territorial de la Junta en Segovia como la sociedad recurrente y el gabinete de prensa del TSJ confirmaban la semana pasada a El Adelantado que el recurso está pendiente de sentencia aunque se ha cumplido ya un mes de la vista en la que las partes expusieron sus conclusiones.

El arquitecto segoviano Luis Llorente Álvarez, para sustentar la oposición de la sociedad recurrente a la declaración de BIC, ha elaborado un amplio estudio sobre la Plaza de Santa Eulalia en el sentido de que no existe base documental ni estudios fundamentados que justifiquen que se trata de un conjunto histórico con las características que recoge el acuerdo de la Junta: “el arrabal de Santa Eulalia constituye un singular ejemplo de arrabal de mercado, que conserva y mantiene en gran medida la huella y memoria histórica de este tipo de asentamientos. Con centro en la plaza de Santa Eulalia, conserva la iglesia del mismo nombre y vestigios de los pórticos de la antigua plaza del mercado; así como interesantes ejemplos de arquitectura civil de los siglos XVI y XVII y XVIII y de arquitectura popular urbana desarrollada hasta el siglo XIX”.

Por el contrario, el estudio aportado por Llorente concluye, apoyado en la documentación existente en diferentes archivos e instituciones, entre ellos el Archivo Municipal de Segovia, que la actual Plaza de Santa Eulalia es fruto del plan de alineaciones del arquitecto municipal Joaquín Odriozola y Grimaud que en la década de 1880 regularizó y ensanchó todo su entorno.

Sostiene que la de Santa Eulalia “ni fue plaza porticada ni fue plaza de mercado, ya que hasta las obras de Odriozola de 1882 allí no hubo más que un espacio baldío inmediato al cementerio”. Este se encontraba junto a la iglesia, en lo que ahora es un espacio verde, con almeces y una fuente en el centro.

Este arquitecto añade que los soportales existentes en la plaza están realizados con piezas recuperadas de otras construcciones, reutilizadas al menos dos veces y en algunos casos mal colocadas. Indica, como ejemplo, que en algún caso se han utilizado en esos soportales “burdas columnas que nada tienen que ver con las originales del siglo XVI”.

A favor de la declaración

La posición que ha mantenido la Junta de Castilla y León desde que retomó el expediente en el año 2016, es que la Plaza de Santa Eulalia era fundamentalmente el barrio de los tejedores de paños donde se encontraba el conjunto más homogéneo de arquitectura civil del siglo XVI de la ciudad, caracterizado por casas construidas con ladrillo y armazón de madera, con frentes de fachadas con soportales. En este sentido, la Dirección General de Patrimonio Cultural la considera un “singular ejemplo de arrabal de mercado” que conserva y mantiene en gran medida la huella y memoria histórica de este tipo de asentamientos.

“En la actualidad, el carácter de la plaza permanece prácticamente inalterable en cuanto a la trama originaria se refiere y conserva, a pesar de las transformaciones sufridas, edificaciones de interés, por lo que este espacio se configura como único testigo y huella de este ámbito extramuros de la ciudad de Segovia”, recoge la declaración de BIC de septiembre pasado que, por otro lado, cuenta con informes favorables de IE Universidad (25 de febrero de 2020) y la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce (24 de abril de 2020).

En el Anexo del acuerdo de la Junta se especifica que la plaza era el centro neurálgico del arrabal en el siglo XVI y que en la actualidad se conservan algunas edificaciones herederas de la esa arquitectura civil de la época en las calles del este y oeste de la plaza.

Recoge también como caso excepcional fuera del recinto de la muralla la presencia en la plaza de una casona o construcción señorial en la esquina con la calle de San Antón, la conocida como Casa de los Comuneros hermanos Buitrago de finales del XV y/o principios del XVI.

Por último, indica que el conjunto conserva, entre los edificios que formaron parte de las edificaciones agregadas sobre los muros que delimitaban hacia el oeste del antiguo Convento de San Francisco, “interesantes ejemplos de arquitectura civil residencial del siglo XIX, que han ofrecido un paisaje urbano peculiar durante más de un siglo”.

Por su parte, la concejala de Patrimonio Histórico, Clara Martín, aunque apunta a que la competencia para la declaración de BIC es de la Comunidad Autónoma, recuerda que el Plan Especial de Áreas Históricas (PEAHIS) recoge la declaración de la Plaza de Santa Eulalia como conjunto histórico y también protege varios de sus edificios o elementos de los mismos, entre ellos el Palacio de los Buitrago.

“Es importante esa declaración porque preserva los valores de esa arquitectura que en otros arrabales de la ciudad no se encuentra, es un valor singular vinculado a la historia y al patrimonio cultural de la ciudad”, añade.

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El Ayuntamiento ha iniciado obras de consolidación en la Casa Buitrago. / Kamarero

Controversia sobre la propiedad

La concejala Clara Martín, mantiene muchas dudas sobre el hecho de que la sociedad recurrente siga siendo propietaria del Palacio de los Buitrago, ya que un juzgado de Valladolid llevó a cabo en marzo una subasta, por la vía de apremio, de 16 lotes de otros tantos bienes inmuebles y solares, la mayoría en la Plaza de Santa Eulalia.

En este sentido, informa de que el Ayuntamiento va a consultar al juzgado “para que aclare la propiedad después de la subasta”, ya que entiende que la sociedad deudora no tiene ahora capacidad de acción y el órgano judicial puede adjudicar los bienes por los que no se pujaron, entre ellos el citado palacio, a las entidades que reclaman una deuda importante a esa empresa.

Las subastas judiciales en vía de apremio son la última fase de un procedimiento judicial, tras una resolución firme y una ejecución, en la que se licitan públicamente los bienes a subastar. Con este valor o precio se pagan las deudas del ex propietario hasta donde alcancen.