San Lorenzo Cacera Regantes KAM4549
Uno de los tramos de la Acequia de San Lorenzo, la denominada ‘cacerilla’, junto a la zona trasera de la iglesia parroquial. / Kamarero

El Ayuntamiento de Segovia anunció hace ahora tres años, en marzo de 2018, la solicitud a la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León de la declaración de la Acequia de San Lorenzo, conocida como Cacera de Regantes, como Bien de Interés Cultural (BIC) para lograr la máxima protección “para este singular elemento cultural de carácter etnológico, asociado al paisaje y parte importante del patrimonio inmaterial de la ciudad de Segovia”.

A finales de ese mismo mes, el Grupo Socialista en las Cortes de Castilla y León, a través de una Proposición No de Ley (PNL) registrada por los procuradores segovianos José Luis Aceves y Ana Agudíez, instaba “con la mayor urgencia posible” a incoar y tramitar el expediente administrativo necesario para esa declaración como BIC.

La Comisión de Cultura y Turismo de las Cortes aprobó la PNL en diciembre de ese mismo año por asentimiento pero con una modificación que introdujo el ponente, Aceves, tras la intervención del procurador del PP por Segovia, José María Bravo Gozalo, quien advirtió que el Ayuntamiento ya había hecho formalmente esa petición, la Junta había comenzado el expediente pero estaba a la espera de un estudio arqueológico para proseguir, y recalcando que no se trataba de una decisión política sino de una valoración técnica.

Por ese motivo el actual secretario general de los socialistas de la provincia y diputado en el Congreso introdujo la siguiente modificación: “Las Cortes de Castilla y León instan a la Junta de Castilla y León a continuar con los informes técnicos que se están desarrollando y, en virtud de los mismos, con la mayor urgencia posible, a la incoación y tramitación del expediente administrativo…”.

Ya en esta nueva legislatura, los procuradores socialistas por la provincia formularon dos preguntas para conocer en qué situación se encontraba la tramitación del expediente y los plazos previstos para la declaración del BIC.

El propio consejero de Cultura, Javier Ortega, ha respondido este mes por escrito que cuando el Ayuntamiento presentó la solicitud se inició un periodo de información previa que ha llevado a que la Consejería no tenga previsto incoar “por el momento” ese procedimiento. Alude el consejero a un informe técnico elaborado por el Servicio Territorial de Cultura de Segovia del que se desprende que la Real Cacera es “un elemento extraordinariamente transformado y con muchos problemas en cuanto a la identificación de sus elementos históricos originales”.

Añade el informe que la percepción física de la acequia es solo posible en escasas zonas muy limitadas que, además, coinciden siempre con los tramos remodelados recientemente con materiales modernos y que “ni siquiera presentan el mismo discurso en cuanto a sus características y ejecución”.

Concluye, por último, Ortega que el valor de la cacera en este momento “es conceptual” y está basado “en la única referencia histórica conocida sobre ella”. Por último insta al consistorio segoviano a plantear una protección en el ámbito de la normativa urbanística.

La concejala de Patrimonio Histórico, Clara Martín, señala por una parte que esa protección urbanística ya existe, a través del Plan General de Ordenación Urbana y del Plan Especial de Áreas Históricas (PEAHIS) pero añade que el gobierno municipal sostiene que el objeto de la solicitud realizada en su día “no es ya solo la infraestructuras hidráulica en sí, que yo creo sí tiene un valor histórico más que justificado, sino también el contexto etnográfico que deriva del uso del agua en las huertas de San Lorenzo”.

Reconoce “que la cacera ha sido muy reformada a lo largo de su historia precisamente porque ha estado en uso de manera constante, lo relevante es el contexto etnográfico y cultural que ha provocado”.

Recuerda Martín, además, que esas huertas y su entorno, incluyendo la cacera, cuentan con la declaración de Paraje Pintoresco desde 1947 pero advierte que esa figura no está ordenada, ni definida, ni asimilada a otras en la actual Ley de Patrimonio Cultural de Castilla y León, lo que además está llevando a interpretaciones diferentes entre administraciones, ya que el Ayuntamiento lo asimila a los conjuntos históricos pero la Dirección General no lo aclara a pesar de una consulta planteada en ese sentido por la Concejalía.

La esperanza de los responsables municipales para que esta Acequia de San Lorenzo sea declarada BIC se encuentra en la nueva Ley de Patrimonio Histórico ahora en tramitación que la Junta espera aprobar inicialmente este verano.

“Nos han dicho —en la Dirección General— que se regulará el Paraje Pintoresco y podremos redefinir los términos del nuestro y hacer mención expresa a la cacera de regantes y sus elementos”, añade, pero insiste en que, en cualquier caso, “pensamos que la mejor forma de definir ese conjunto etnográfico, su mejor protección, es la declaración de BIC pero la autoridad competente es la Junta”.

Infraestructura histórica

El primer documento que se conserva sobre esta acequia de San Lorenzo incluye unas ordenanzas de riego fechadas el 6 de junio de 1441, basadas a su vez “en un libro viejo antiguo”, según recoge su contenido.

Esta Real Cacera, denominada de Enrique IV, toma el agua del primer azud del río Eresma por encima del puente de la Fábrica de Loza para distribuirse por el barrio de San Lorenzo en una red de riego con tres tramos: uno bajo la calle de San Vicente el Real, otro que sale por la calle del Cardenal Zúñiga donde a su vez parte un ramal hacia la calle Echarpiedra, y un tercero que baja por la calle de los Molinos.

Se conoce también que los regantes se dividían en cinco cuadrillas, según la situación de las diferentes huertas a regar, distribuidas por toda la zona y situadas en ambas márgenes del río: cuadrilla de San Vicente, de San Lorenzo, del Baño, de En Medio y cuadrilla de Santa Cruz.

La limpieza de la cacera debía realizarse en un único día, , “ocho días después de Santo Juan de junio”, para que las huertas no estuvieran mas tiempo sin agua.

Hasta el siglo XX la cacera también abastecía agua corriente a la única fuente del núcleo urbano del barrio de San Lorenzo, la situada junto al puente del mismo nombre, y los regantes tenían la obligación de mantenerla limpia. Los vecinos la conocen como el pilón.