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Una cigüeña blanca pasea por el Acueducto de Segovia en un día soleado de febrero, un mes insignia para observar el regreso de estas aves tras el invierno. / KAMARERO

“Quién sabe si las cigüeñas han de volver por San Blas” entona el Nuevo Mester de Juglaría en su conocida pieza ‘Castilla: Canto de esperanza’. En cierta medida, no se equivocaban en aquella canción que vio la luz en 1976. La certidumbre que antes ofrecía el refrán popular “por San Blas, la cigüeña verás. Y si no la vieres, año de nieves” se ha visto modificada en los últimos años. En concreto, esta frase se corresponde con el imaginario popular y alude a la llegada del buen tiempo y, en consecuencia, de las aves migratorias –como la cigüeña blanca-, las cuales regresan a sus nidos en la provincia tras el invierno. Sin embargo, son muchos los motivos que explican que esta cita, tan pronunciada por nuestros antepasados a lo largo de los tiempos, haya empezado a perder su referente.

El pasado 3 de febrero se celebró San Blas, el día esperado para ver las grandes alas con plumaje blanco y negro sobrevolar los cielos de la práctica totalidad de los municipios segovianos. Sin embargo, muchas de estas aves retrasarán su llegada incluso hasta principios de marzo. Otras tantas, en vez de por San Blas, volvieron ya por Navidad. De hecho, algunas ni han hecho ademán de abandonar sus nidos y han permanecido todo el año en las copas de los pinos y fresnos, así como en los campanarios de las iglesias, el tejado de los depósitos de agua y silos e, incluso, en las altas torres eléctricas.

A pesar de las lluvias, el frío y las nieves, ha sido fácil ver sus picos largos y apuntados de tonalidad rojiza al configurarse como un complemento más del skyline de los pueblos, pues cada vez permanecen durante más tiempo en ellos compartiendo territorio con otras aves autóctonas.

Un fenómeno complejo

Aunque es un ave bastante silenciosa, su sonoro castañeteo, mejor conocido como crotoreo, se ha hecho aún más notorio en las últimas semanas. Por lo general, la invernada de las cigüeñas blancas se inicia en agosto y finaliza en febrero –de ahí el refrán-, “aunque cabe destacar que existe una elevada variabilidad entre individuos”, subraya el quinto estudio de ‘Migración y ecología espacial de la cigüeña blanca en España’ que desarrolla la Sociedad Española de Ornitología (SEO/Birdlife), el cual se realiza a partir del marcaje de estas aves con emisores GPS.

Precisamente, según el último censo realizado por esta organización, son 36.217 los ejemplares de cigüeña blanca que permanecen invernando en nuestro país. Y muchos de ellos en Segovia, aunque no es lo habitual. De hecho, la migración de estas aves, entre otras, es un fenómeno más complejo de lo que se cree.

“No se puede establecer una relación direccional, no hay una causa-efecto directa, hay que estudiarlo con profundidad”, advierte Abel Herrero, biólogo segoviano, profesor de Educación Secundaria y gran conocedor de las cigüeñas que visitan la provincia. Igual que asumimos la complejidad en otros campos, Herrero recuerda que un sistema más complejo que la naturaleza no existe: “Seguimos estudiándola y aún no entendemos la mitad de las cosas que vemos”.

Cambio en los ciclos de migración

Entonces, ¿cómo se puede dar una explicación certera a este hecho? La respuesta no es sencilla, son muchas los motivos que se entremezclan. En primer lugar, una de las conclusiones que brinda el estudio de SEO/Birdlife es que ha aumentado la tendencia sedentaria en estas aves y que las distancias de migración se han acortado.

En segundo lugar, es menester distinguir que hay dos poblaciones de cigüeñas diferentes que visitan la provincia de Segovia, aunque en épocas diferentes del año. En concreto, son la centroeuropea e ibérica, las cuales únicamente se diferencian “por el anillamiento”, explica Herrero, ya que “físicamente son iguales”.

Ciertamente, mientras que las poblaciones de cigüeñas centroeuropeas, como bien dice el nombre, disfrutan de su temporada de cría en Europa Occidental e invernan en la Península -generalmente en el sur aunque algunas prefieren quedarse en la provincia-, las ibéricas permanecen aquí durante los meses más cálidos para en otoño retomar el vuelo al continente africano. De esta manera, la cigüeña blanca centroeuropea sustituye a la ibérica en multitud de nidos, y viceversa. De ahí que, aunque veamos cigüeñas durante todo el año en sus nidos ubicados en la capital segoviana y los municipios, no siempre son las mismas.

Múltiples factores

Aunque el cambio climático sea un factor clave que incide cada vez más en la temperatura media y en los ciclos de las aves, no es el único que contribuye a estas alteraciones. Las cigüeñas blancas “cada vez están más asociadas a los centros de residuos sólidos urbanos”, enuncia Herrero. Es decir, estas aves se ubican cerca de los vertederos, que constituyen “puntos fijos de alimentación”, añade el biólogo segoviano. Por este motivo, “ya no necesitan desplazarse grandes distancias” para buscar el alimento, ahora hay una mayor facilidad para conseguirlo, lo que provoca que cada vez más cigüeñas puedan quedarse a pasar el invierno en nuestras latitudes. “Eso explica también que se puedan ver tantos ejemplares de gaviota en el centro del país”, puntualiza el gran conocedor de las aves.

Por otro lado, remarca que “no es que no migren”, sino que las distancias se han acortado y por eso vuelven antes a sus nidos. Si las cigüeñas segovianas antes tardaban generalmente 50 días en finalizar su migración, ahora, al quedarse más cerca del lugar en el que crían y no tener que recorrer grandes distancias, “pueden tardar aproximadamente 12 días”, detalla Herrero.

Si comienzan su viaje a mediados de diciembre, como marca su ciclo habitual, “en enero ya están aquí”, asevera. Una cuestión que puede suponer en problema, ya que “crían antes y en Segovia son típicas las nevadas tardías”, lo que conlleva la muerte de muchos de los pollos. No obstante, especifica que esta es una característica habitual de los ejemplares adultos, pues las cigüeñas jóvenes y más inexpertas “siguen haciendo migraciones transaharianas”.

Imaginario cultural

Sea como sea, las cigüeñas están cada vez más presentes en nuestra vida y tienen un “mayor impacto cultural”, según advierte Herrero. Al comienzo del año, ya son varios los curiosos que, en publicaciones en redes sociales, avisan del regreso de estas aves, aunque también de su éxodo cuando caen las temperaturas. Ante la pregunta de que si cada vez hay más ejemplares en la provincia, el biólogo segoviano anticipa que es muy difícil constituir una tendencia: “Lo que hay es cada vez más observaciones y datos”. “Aunque también se percibe un interés creciente entre la población”, asevera.

De esta manera, hay personas que cada día observan lo más alto de los campanarios en busca ellas. “Todo el mundo está pendiente de la cigüeña en los campanarios, pero también en los sotos”, testifica Herrero. Con ello, se refiere a las fresnedas trasmochadas, que sirven como escenario para acoger el nido de estas aves. Precisamente, es un hecho característico de esta provincia en concreto. Por ejemplo, en el conocido soto de Revenga, donde, aparte de los fresnos, se han establecido infraestructuras adaptadas para que las cigüeñas puedan anidar fácilmente en ellas.

En definitiva, más que participantes, son casi protagonistas de la vida en nuestra ciudad y pueblos. Lo son ahora y lo eran hace tiempo, cuando el folclorista valverdano Agapito Marazuela reconocía en una de sus canciones haberse quedado “eclipsado” con una de ellas. Así, entonaba en una de sus piezas: “¡Hay que ver la cigüeña cuánto nos vale! Si no fuera por ella, cualquiera sabe”.

Mudanzas irremediables

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Cigüeñas de plástico en el depósito de agua de Sebúlcor. / MARTA CRIADO

Aunque tienen preferencia por infraestructuras que destacan en altura, no hay un lugar más apropiado que otro para que una cigüeña decida emplazar su hogar. Sin embargo, cuando ese escenario les convence, no se separan de él. Año tras año, la misma pareja de aves regresa al nido en el que en un principio se ubicaron. No obstante, a veces este propósito no se cumple, ya que encuentran su hogar desahuciado.

A pesar de la gran protección que hay en torno a estas aves, muchas veces no hay otra alternativa posible que la retirada de sus nidos. En concreto, este amparo “no es algo que concierne únicamente a las cigüeñas, pues toda la fauna silvestre está protegida”, recuerda el biólogo segoviano, Abel Herrero. “No se pueden retirar los nidos, siempre hay que tener una justificación”, añade.

Es el caso de multitud de edificaciones de la provincia, que han tenido que recurrir a la retirada de los nidos para garantizar la seguridad de la infraestructura y de los viandantes que circulan cercan del lugar donde se ubican. Cabe recordar que un nido puede alcanzar un peso de entre 200 y 400 kilos. Pero también es menester evitar problemas derivados de la contaminación, como la filtración de suciedad; así como la exposición a tendidos eléctricos, que pueden acarrear grandes peligros tanto para la población como para las aves.

De ahí que en muchos lugares hayan optado por vías especialmente orientadas a evitar la construcción de nidos, con la disposición de cigüeñas de plástico, paneles u otras medidas. Sin embargo, estas acciones no siempre son eficaces, pues las cigüeñas encuentran una alternativa para sortear los obstáculos hasta, finalmente, adaptarse a los cambios y proseguir con su ambición.

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Ana María Criado (Segovia, 1998). Periodista y humanista por la Universidad Carlos III de Madrid.