Diversos momentos del enlace que tuvo lugar el sábado pasado en la Parroquia de San Bartolomé, de Torredondo. / el adelantado
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La iglesia parroquial de Torredondo acogió el pasado fin de semana un enlace matrimonial, muy emotivo, pero sobre todo, histórico. De hecho, llevaba cerca de cien años sin celebrarse un casamiento en este templo, uno de los edificios católicos segovianos más antiguos, pues data del siglo XIII.

A pesar de  su antigüedad, pocos han sido los que han optado por desposarse ante su altar. Pero una pareja de novios residentes en este núcleo, dependiente administrativamente de Segovia capital. Rodrigo Cecilio Sancho y Maritza Samaniego Romero, se dieron el sí quiero, en un enlace que ofició por el párroco titular, Henri Phipamba Murala, quien acude dos días al mes a Torredondo para celebrar la Eucaristía.

Novios, familiares e invitados disfrutaron de una gran jornada, en la que compartieron un aperitivo en la explanada próxima al templo, con viandas perfectamente distribuidas aprovechando para la decoración del convite las pacas de paja de cereal de la zona.
Siguiendo con su tributo al campo, los novios llegaron a la iglesia en un tractor clásico, un Steyr fabricado en 1953. El traslado, realizado por gentileza de la familia Horcajo, atrajo la atención de todos los asistentes a la ceremonia. A la espera de la novia tampoco faltaron los fieles perros que tiene el novio, dos hermosos labradores, ataviados también para la ocasión.

Precisamente, el Ayuntamiento pedáneo había adecentado recientemente el acceso a la iglesia con una base de hormigón, lo que facilitó el acceso de todos los invitados.

La idea del viaje nupcial en tractor se había fraguado el pasado mes de agosto, durante las fiestas patronales en honor a San Bartolo, a quien está dedicada la iglesia de Torredondo.
Torredondo, con apenas 35 personas censadas en la actualidad, reclama desde hace años mejoras para su vetusto patrimonio. El puente romano de piedra, de un solo ojo, también constituye otro de los elementos antiguos por restaurar. Servía a los vecinos y a los segovianos para salvar el río Milanillos, y disfrutar en su pradera de un día de campo comiendo tortilla y tomates el día de Santiago Apóstol.  También aquí tiene su base la ‘Leyenda del rico avariento’, a quien se le transformaron sus grandes cantidades de grano y paja en los actuales cerros denominados ‘Montón de Trigo’ y ‘Montón de Paja’.