Detalle de la exposición con varias obras de distintas técnicas y formas.

Pareciera que alguna pintura acrílica de Juan Pita remitiese a un rimero de prismas de carácter geológico, a la manera de cristales engarzados en sucesivos planos y con diferentes formas. Pareciera. En la obra de técnica acrílica de Juan Pita la composición no atiende a comprensión alguna, sino a sugerencia, a golpe de vista. Percepción que cambia según se contemple el cuadro –o los cuadros que forman uno- de lejos o de cerca. Me interesa de ellos –hablo de los acrílicos- más la diversidad de formas, su evolución, la tonalidad del color, que las semejanzas que pudiera haber con la realidad.

Parece el acrílico una técnica sencilla (aplicación de la pintura con espátula sobre un previo dibujo a carboncillo o a tiza sobre tabla), pero es de composición compleja: si no se matiza la mancha, si no se moldea y enriquece, su rotundidad plástica puede colapsar la impresión primera.

En la exposición que la galería Orfila de Madrid le dedica al pintor y arquitecto segoviano no solo hay obra acrílica. También collages, y entre ellos una dedicatoria muy atractiva a la Bauhaus; en los collages –serie Cyberurban- la técnica utilizada es la mixta: pintura sobre tratamiento de imágenes urbanas que suele pasar –en ocasiones, no- por un proceso previo de digitalización con el ordenador. Otra vez el color y la forma como obsesión. Me da que al Juan Pita pintor lo que más le atrae de su profesión es la labor de creación: ese proceso mágico en el que la obra va tomando sus propios derroteros, a veces de la mano del autor y en otras ocasiones derivada de su propia lógica interna. Decía Juan Gris que el artista que utiliza collages –y lo anunció en la época del nacimiento de collage- en realidad está asumiendo el papel de un dios laico.

Si se analiza la obra de sus últimos veinte años, se concluye que Pita pasa de la sencillez técnica del acrílico a la experimentación y complejidad de la creación pura; y busca el más allá: en los grafismos, en los colores, en las texturas, pero también en la ruptura de los planos y de las estructuras convencionales. Se observan en algunas de sus composiciones formas no habituales; no le empacha recuperar tondos renacentistas, soportes asimétricos o triangulares, y hace trampantojos con obras disímiles unidas por simples veladoras conseguidas mediante color diluido en barnices transparentes.

Hay que tener finos ojos para acercarse a la pintura de Juan Pita. No recomiendo tratar de racionalizar su obra, intentar comprender su contenido o mensaje: posiblemente no lo tenga. Invito a abstraerse en una de sus composiciones e intentar captar las leyes de la creación en ella impresas, su lógica, su dinámica interna; y hacerlo de la misma manera en que se abraza un árbol para sentir cómo la sabia elaborada enriquece la materia.