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Una de las jóvenes participantes en la actividad en el lugar de las excavaciones, frente al Alcázar. / JAIME GUERRERO

Bajo los primeros rayos de sol, una decena de jóvenes se reunieron ayer en la meseta del espolón sur extramuros al Museo de Segovia para comenzar sus labores de excavación en la conocida Senda de los suspiros, que va desde la puerta de San Andrés hasta la puerta de Santiago. Tras empuñar los picos, palas, cepillos y otras herramientas, se pusieron en marcha en sus labores arqueológicas. Aunque siempre guiados por la arqueóloga segoviana Isabel Marqués, y acompañados por Estrella, monitora, que ha dinamizado los duros trabajos de excavación con juegos y múltiples actividades de diversión.

Era el último día de campaña. Durante dos semanas, entre el 17 y 27 de agosto, dos grupos de diez jóvenes de entre 14 y 35 años se han adentrado en el papel de expertos arqueólogos. Era la segunda edición de esta actividad, organizada por la concejalías de Juventud y Patrimonio Histórico del Ayuntamiento de Segovia bajo el nombre ‘Segovia joven y la Senda de los suspiros’. No obstante, no será la última.

Es la segunda edición en la que se celebra esta actividad arqueológica y no será la última

“Los resultados arqueológicos son interesantes y la idea es mantener el programa para los próximos años”, indicó Clara Martín, concejala de Patrimonio Histórico, que ayer visitó la intervención junto al concejal de Juventud, Ángel Galindo; y el alcalde accidental, Jesús García Zamora.

El objetivo de esta intervención arqueológico-didáctica es “concienciar de la importancia que tiene el patrimonio cultural a los participantes en la actividad”, manifestó Marqués. Pero también “limpiar y descubrir unas estructuras que quedaron fuera del recinto amurallado y que van a servir para tematizar la Senda de los suspiros”, añadió.

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Uno de los grupos de voluntarios jóvenes participantes en la actividad junto a los concejales y alcalde accidental en el lugar de excavaciones. / JAIME GUERRERO

En esta misma línea, Galindo aseguró que es una actividad de gran utilidad. “Esta labor no solo responde a una actividad y a un conocimiento, sino que es un trabajo que vale para toda la ciudad”. Así, es una forma activa de participar en la recuperación y conservación del patrimonio histórico de la ciudad.
trabajo y diversión

El uniforme de los jóvenes arqueólogos eran unas camisetas de color naranja que contrastaban con las rocas calizas en las que trabajaban. Pero apenas importaba la vestimenta, solo las ganas de descubrir y conocer la historia, sin olvidar los juegos y los momentos de diversión que amenizaban las mañanas de excavación. En concreto, desde las 9.00 hasta las 12.30 horas aproximadamente. Algunas de sus labores eran el lavado e identificación de los materiales descubiertos y su documentación, así como la organización y la limpieza para dejar vistas las estructuras rupestres encontradas.

Aunque exhaustos y con dolor de piernas y brazos en los últimos momentos de las labores, se escuchaban risas y emoción al descubrir restos óseos de animales, pero también edificaciones escondidas durante siglos bajo la tierra. “Hemos trabajado en todo, aunque lo que más nos ha gustado es descubrir cosas como huesos, grifos, cuernos de vaca y de cabra o cerámica”, se enorgulleció una participante en la actividad. “También descubrimos un segundo escalón, en un sitio que podría ser una escalera”, aseveró otra joven.

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Tres jóvenes realizan el cepillado de una superficie, entre otras labores arqueológicas. / JAIME GUERRERO

La mayoría de los jóvenes arqueólogos desean repetir la experiencia. Y otros, que son recientes conocedores del lugar al descubrirlo por sorpresa, desearían sumarse al proyecto. “Es un sitio habitual e ideal para el paseo, muchas personas transitan por aquí en su camino al Alcázar”, determinó la arqueóloga segoviana.

Descubrimientos

Aunque aún no se conoce con exactitud la magnitud de los resultados de esta campaña de excavación, hay indicios de la existencia de espacios habitacionales rupestres, que están asociados a rebajes lineales, canales de desagüe y a un posible espacio de almacenamiento circular que podría ser un silo, el cual estaba sepultado bajo escombros. Unos hallazgos que podrían datar de la Segunda Edad del Hierro, es decir, tratarse de un pueblo prerromano.

Además de estas estructuras rupestres, se ha procedido a la limpieza de un espacio delimitado en una parte del cortado rocoso, que sería una cantera medieval de piedra caliza que posiblemente abasteció de materia prima a la muralla.

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En las labores de excavación se han hallado varios restos óseos. / JAIME GUERRERO

Más allá de las excavaciones

Paralelamente a las intervenciones arqueológicas, los participantes han disfrutado de actividades didácticas, como las visitas programadas a diversos lugares históricos de la ciudad. Por ejemplo, han acudido al Centro de Interpretación de La Muralla-Puerta de San Andrés, a la sala arqueológica del Museo de Segovia, a la necrópolis judía y al recorrido soterrado del Acueducto. Ayer se desplazaron desde la Hontanilla hasta la Fuencisla para observar la geología del lugar, así como lavar y contextualizar las piezas cerámicas excavadas.

Así, la iniciativa contribuye a conocer la historia de la ciudad, pero también a respetar su entorno y patrimonio, ya esté descubierto u oculto. En suma a ello, todas las actividades realizadas quedaban impresas en el diario de los jóvenes voluntarios en las excavaciones. Un documento que no solo va a ser el recuerdo de una divertida experiencia, sino también la escritura de la historia de la ciudad.