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José Antonio Santos, en la Hemeroteca de El Adelantado. / Nerea Llorente

José Antonio Santos García, segoviano “del Peñascal”, es arquitecto técnico, ya jubilado, con una amplia experiencia en restauraciones de patrimonio cultural aunque él se considera más “albañil” que aparejador. Gran viajero, calcula que ha recorrido del orden de dos millones y medio de kilómetros al volante, y además es motero y fue atleta. Recuerda, por ejemplo, que en esa etapa como deportista buscaba los resultados de los campeonatos en las páginas del decano de la prensa segoviana y recalca que El Adelantado “para mí es el periódico de Segovia por excelencia, lo ha sido desde siempre y conozco el trabajo arduo y duro que hace por Segovia y su provincia, incluyendo el deporte…”

— ¿Por qué cede su archivo fotográfico a El Adelantado en este momento?
— Hace tiempo que me plateé la posibilidad de hacerlo porque es la forma de dar a conocer mi trabajo fotográfico a más personas. Al final, se han juntado los dos caminos y llega el momento de que ceda las fotografías que tengo de Segovia, de la provincia y de Castilla y león para que se utilicen en el periódico cuando sea necesario. No hay detrás ningún ánimo económico; lo único que hay es una idea de compartir algo que ya hago a diario en una página de Facebook con una media de 16.000 seguidores y en algún caso con 660.000 visualizaciones. Es un compromiso de que puedan utilizarse en favor de muchos segovianos y también, egoístamente, es una forma de que no se pierda el archivo, hay una mayor seguridad si se cuenta con otro banco de fotografías además del mío.

— ¿Es una fototeca muy amplia?
— Habré hecho cientos de miles pero en este caso estamos hablando solo de fotografías de interés para el periódico, de la provincia de Segovia y de Castilla y León. Podrían ser 100.000 pero creo que no es tan importante el número porque además se trata de un banco de fotografías abierto, que aspira a crecer y al que creo que incluso podría sumarse más gente. Poder compartir esas fotografías es interesante y está la alegría de poder hacerlo, de contribuir a que no se pierdan para las siguientes generaciones.

— ¿Entiendo que abarca toda la provincia y gran parte de Castilla y León?
— Si no de todos los pueblos de Segovia, tengo fotografías de muchos. Es difícil que me quede en casa. Me levanto, y busco un lugar; no hay distancias. Tengo una capacidad muy fácil para adaptarme a conducir, mucho tiempo, muchos kilómetros. Por ejemplo, trabajé en la restauración del Arco de Bará (en Tarragona), que tengo documentada día a día, y creo que fueron entre 153 y 155 viajes de desplazamiento desde Segovia, ida y vuelta. Salía a las ocho de la mañana y a las once o diez de la noche estaba de vuelta.

— ¿Por qué la fotografía?
— En un momento determinado me puedo jubilar en unas condiciones se puede decir que super razonables. Dejo de actuar como técnico aparejador y la fotografía, que ha sido mi sustento durante mi etapa profesional, porque siempre me ha gustado documentar las obras, algo importante con el patrimonio cultural porque da pie luego a intervenir en el futuro, se convierte en mi afición, aunque ya antes de jubilarme lo era. Me gusta viajar, me gusta buscar la belleza y me gusta compartir y todo ello es la fotografía. Tengo archivo de muchos años atrás pero ordenado, desde 2015. Desde entonces hasta ahora, y con un planteamiento muy claro de que trascienda lo que haces. Para eso es preciso tener un buen equipo también.

— ¿Qué tipo de imágenes son?
— Es un inventario. Ese concepto es fundamental, en el sentido de que en muchos lugares se puede conocer su evolución gracias a las fotografías, desde el deterioro a mil cuestiones más. Hay muchas fotografías que son de belleza, del ánimo de expresar el momento y hay otras que son de repulsa, de rabia ante actuaciones incongruentes dentro del patrimonio cultural, que no puedes entender. Al final, hay una cita bíblica, ‘ninguna obra del hombre permanecerá en el tiempo’.

— ¿Muestran su preocupación por la conservación del patrimonio cultural?
Cuando me presentaba a concursos de obras y no me las daban, luego veía el resultado de algunas y llegué a pensar en esa cita. Algunos se están encargando de eso. Como conocedor del patrimonio cultural, sé que ha pervivido durante muchos siglos en un estado de conservación, de uso, prácticamente igual que en su origen. Pero en muy pocos años, desde la aparición del cemento, el deterioro es impresionante. Hay personas que no quieren entender que el cemento es incompatible con la obra antigua. Hay una falta de cultura que está permitiendo que nos carguemos el patrimonio en poco tiempo, lo que debería ser el legado que dejamos a nuestros hijos, a nuestros nietos.

— ¿De dónde le viene ese conocimiento del patrimonio?
— En la vida cada uno tenemos que integrarnos en la máquina que se llama sociedad, apoyar la labor que no puede ser para todos la misma, por eso somos todos diferentes. He contribuido a la sociedad desarrollando una labor técnica como aparejador o arquitecto técnico, con una empresa constructora, Edopsa, que hizo obras maravillosas que ahí están. Las obras perduran en el tiempo y por eso siempre he tratado de hacer un trabajo serio, responsable y que perdure en el tiempo. Como referencia, en patrimonio histórico he colaborado en muchísimas restauraciones como la del Acueducto, la iglesia de San Esteban de Segovia, en la Catedral de Santa María de Vitoria, en la casa del pintor Ignacio Zuloaga en Zumaia, en el Arco de Bará (Tarragona), en el monasterio del Cister de Moreruela (Zamora)… Y ahora estoy ayudando a las monjitas premostratenses de Toro, las sofías. Me llega muchísima información de muchos lugares, puntos de referencia. El otro día, por ejemplo, vi en El Adelantado un artículo sobre Ojo Guareña (Burgos), no lo conocía y he estado allí fotografiando, integrándome, disfrutando.

— ¿Qué valores destaca en su trayectoria?
— Hay un concepto muy básico, el conocimiento, que implica cariño, amor, respeto. Cuando muestras cosas bellas, que alguien no ha visto, se llegan a querer, a valorar, a ser parte de ti y tú de ellas. Otro concepto importante en mi vida es que nada vale más que la persona. Por eso es importante llegar a más personas, que puedan entenderlo, provocar una sonrisa, aceptación y si alguna vez llega un comentario en contra, lo entiendes porque el buen gusto no es patrimonio de todos.