Joaquín Sorolla y Segovia

Llega Joaquín Sorolla a Segovia en 1906 desde Biarritz. Su nombre empieza a tener relevancia nacional; sin embargo, estas dos temporadas segovianas –especialmente la de 1907 en La Granja- le van a catapultar a la fama

“Estamos sufriendo un tiempo malísimo. Llueve de una manera torrencial, soplando un viento muy molesto (…) El temporal ha traído por consecuencia que no sea posible ningún esparcimiento ni diversión, siendo completo el aburrimiento”.

Es el parte meteorológico que recoge El Adelantado de Segovia del 10 de octubre de 1906. Lo realiza el corresponsal del periódico, trasladado al Real Sitio de San Ildefonso –entonces simplemente La Granja- para cubrir la estancia de la familia real en el lugar. Esos días, y quizá no sea casualidad la coincidencia, también se encuentra en el Real Sitio Joaquín Sorolla, el pintor de la luz, ya con cierto relieve y nombre a escala nacional.

Sabemos de su presencia por la correspondencia con su mujer Clotilde. El pintor le confiesa que la localidad es “realmente hermosa para pintar”: “He visitado hoy parte de Segovia, y los espléndidos jardines de La Granja (que) son una maravilla”, escribe a Clotilde el primer día de su estadía segoviana, el martes 9 de octubre. “Creo que algo puede hacerse interesante si el frío lo permite”. Que no lo permitió porque, para más inri, a los anteriores meteoros se le sumó al día siguiente la lluvia.

“Ante la Augusta dama terminó el notable artista el cuadro que representa los desposorios de SS.MM. en la iglesia de S. Jerónimo”

Probablemente Sorolla no entrara ese año en contacto con el monarca. Sí se sabe que Alfonso XIII recibió en La Granja al pintor Juan Comba, el cronista gráfico de La Restauración, que solía acompañar a su padre Alfonso XII. El rey estaba recién casado con Victoria Eugenia de Battenberg, y el pintor jerezano aprovecha la estancia en el Real Sitio para concluir un proyecto previo. “Ante la Augusta dama terminó el notable artista el cuadro que representa los desposorios de SS.MM. en la iglesia de S. Jerónimo”, testifica la crónica de El Adelantado del 11 de octubre.

Si, como parece, Joaquín Sorolla pretendía plasmar los paisajes del somontano segoviano, se equivocó de fecha. Por eso nuestra sospecha de que también persiguiera el acercamiento al rey, objetivo que consiguió plenamente al año siguiente, luciendo, en 1908 –en su viaje a Gran Bretaña-, la vitola de pintor real, que tantas puertas le abrió.

Desde 1903 a 1912 el pintor valenciano se va a introducir en el plenairismo de paisajes y playas. No fue en Segovia en donde comenzó su inmersión en este género, que desarrolló especialmente en AsturiasS. Esteban de Pravia– durante el verano de 1902 y las primaveras de 1903 y 1904. Pero su llegada posterior a la provincia castellana, estando ligada a ese deseo de captar el paisaje, va a suponer una significativa transformación tanto en el objeto a representar como en la técnica pictórica.

Sorolla pretende captar el ambiente de la manera más objetiva posible

A pesar de que los meteoros no fueron propicios ese otoño en La Granja –como hemos avanzado- le da tiempo para pintar un cuadro interesante: ‘Tormenta sobre Peñalara’, Segovia. Sorolla pretende captar el ambiente de la manera más objetiva posible. Nunca el verismo tuvo mejor exponente. Durante ese otoño de 1906 va a pintar cuadros en los que predomina, cómo no, la luz, pero no en estado puro, como en Valencia, sino moldeando un paisaje en el que se introducen, por primera vez de manera evidente en su paleta, los colores oscuros –verdes y marrones-, los tonos mates y el matiz ocre, lo que proporciona a la pintura un toque de rudeza. En cambio, el dibujo –del cual Sorolla era un maestro- brilla por su ausencia, y es sustituido, en un a modo de contrapunto estilístico, por un conjunto de planos que son los que en definitiva estructuran la obra.

Tormenta sobre Peñalara’ es un cuadro áspero pero sutil; de pinceladas rápidas, con escasa definición de las formas pero sí de los planos; con detalles precisos, como ese rayo de cielo azul que se abre entre las densas nubes agarradas a las cimas; o como las dos líneas en forma de ‘V’ de color rojo a la manera de pequeños brotes de fuego que atestiguan la chispa que antecede a la tormenta. Es su obra principal ese año en el Real Sitio, aunque no la única; otra fue ‘Árbol amarillo’. La Granja. Y nada más. La lluvia y el frio impidieron más producción sobre el entorno. “Es lástima que el tiempo sea tan fresco y tan húmedo para pintar los hermosos jardines de La Granja, me voy triste por esto, y aún más porque el otoño, con tanto tono amarillo y los mármoles de las fuentes, debe (de) ser cosa estupenda, en fin, paciencia. Otra vez será”. Este es el contenido de la carta que le escribe a su mujer el día de su partida de Segovia rumbo a Toledo, el domingo 14 de octubre de 1906.

SUPLEMENTO | Sorolla y Segovia (1906-1907)

Sin embargo, el pintor no ha perdido el tiempo. Sorolla es un autor prolífico. La lluvia y el frío para plasmar paisajes no le impiden acercarse a la ciudad, en donde en esos escasos cinco días va a captar escenarios que luego se materializarán en tres cuadros: Alrededores de Segovia, Vista de Segovia y Murallas de Segovia.

Con ellos, Joaquín Sorolla vuelve a salirse de la línea seguida hasta entonces en su pintura, y toma como referente a los maestros del impresionismo español, y en particular a Aureliano Beruete, que desde 1878 pisaba estas tierras. Dos años más tarde, el 15 de julio de 1908, el anciano pintor –a quien Sorolla retrataría en un magnífico cuadro- le escribe: “ya conoce usted Segovia. Es muy pintoresco, pero hay tal contraste entre la vegetación tan oscura que rodea la ciudad y las casas de esta que es facilísimo caer en durezas y violencias”. Este año de 1908, Beruete pinta cinco cuadros de los alrededores de Segovia, como había hecho el valenciano dos años antes. Si se comparan ambas obras sobre la ciudad se observará un evidente parecido en el estilo: desde la elección del extrarradio como punto de vista hasta la composición de un paisaje humanizado pero sin figuras a través de planos enlazados entre sí, y siempre con la ciudad presintiéndose al fondo.

Beruete pinta cinco cuadros de los alrededores de Segovia, como había hecho el valenciano dos años antes

Así concluirá la primera visita de Sorolla a Segovia en el otoño de 1906. No deja de sorprender la escasa atención mediática que su estancia en La Granja y en la ciudad va a merecer durante las temporadas de 1906 y 1907, y más si se compara con la recibida por los Zuloaga durante estos años; bien es verdad que Ignacio se había abierto ya un hueco entre la élite parisina y que el valenciano estaba a punto de iniciar esa proyección. Cuando se hable sobre él se hará por su relación con los reyes, de descanso en el Real Sitio. Ya empezaba a evidenciarse la calidad que atesoraba el pintor, es cierto, aunque todavía no la importancia que en su carrera tendrá la producción segoviana.

1907

Joaquín Sorolla vuelve a La Granja en 1907. Esta vez lo hace acompañado de su familia. Su hija María aprovecha los aires serranos para terminar de recuperarse de una tuberculosis que le ha mantenido convaleciente en El Pardo, Madrid, desde enero de 1907. No llega la familia en el mes de julio, como se recoge en más de una biografía del pintor, sino a mitad de junio, coincidiendo con la presencia de Reyes Alfonso y Victoria, que habían arribado al Real Sitio el jueves 13 de junio. El pintor permanecerá en el lugar hasta bien entrado el mes de septiembre. Probablemente, él y su familia se alojarían en el Hotel Europeo, que entonces gozaba de merecida fama coquinaria gracias al oficio de Juanito Udé, su jefe de cocina.

El periodo va a resultar muy productivo, y de enorme relevancia en su catálogo pictórico, tanto por la cantidad de obras como por su calidad; además de por las novedades que también ese año introdujo en su estilo. En estos meses, Sorolla va a pintar treintaidós cuadros, de los que veinticuatro son vistas de los jardines o de las fuentes del Real Sitio y ocho o retratos o paisajes con figuras.

Joaquin Sorolla Retrato Del Rey Don Alfonso XIII con el Uniforme De Husares
Alfonso XIII con uniforme de húsares, 1907. Óleo sobre lienzo, 208 x 108, 5 cm. Joaquín Sorolla.

Sus retratos, enmarcados por el paisaje y al aire libre, van a suponer una novedad en la producción del pintor hasta entonces, como se explicará a continuación. Vamos a destacar tres obras, cada una por diferentes motivos.

La primera es El Rey Alfonso con uniforme de húsares, a nuestro criterio el más completo retrato de todos los que forman la serie alfonsina salida de paleta alguna. William Starkweather –pintor impresionista inglés, ilustrador y teórico del arte- lo considera el “más llamativo de los (…) pintados a la luz del sol por Sorolla”. El Adelantado de 22 de junio de 1907 da una versión del encargo del cuadro que, por su curiosidad, ilustramos en la parte gráfica de esta crónica en su totalidad. Se debe a la por otro lado magnífica pluma de Miguel de Zárraga, enviado especial del periódico a La Granja, en donde realizaría un suelto diario, siempre con buen verbo y en ocasiones con una ironía digna de mención.

El rey llama a Sorolla el viernes 21 de junio, y le encarga un retrato vestido de húsar

El rey llama a Sorolla el viernes 21 de junio, y le encarga un retrato vestido de húsar, uniforme al que era muy aficionado. La ejecución del cuadro va a coincidir con la presencia en La Granja de los húsares de la Princesa, comandados por Rainiero de Borbón. Dada la escasez de días para su ejecución, el pintor solicita al monarca una fotografía sobre la que culminar el cuadro en el estudio. Esta la realizará Tirso Unturbe, fotógrafo acreditado de Segovia y padre de quien después será un gran pintor y también fotógrafo, Jesús Unturbe. La fotografía se tomará el sábado 22 de junio a las 12 de la mañana, en la cercanía del estanque de los caracoles, para recoger la entrada de sol en su eje más vertical entre el follaje espeso de la arboleda. Al pintor se le acondicionará también un gabinete dentro de palacio, en donde retratará a la Reina Victoria, que posará una hora –de 11 a 12 de la mañana- del 28 de junio. No se tomará el mismo interés la reina que el rey en el retrato, ni la calidad y expresividad de La reina Victoria Eugenia con mantilla española va a ser la misma que el óleo de su marido vestido de húsar.

Los retratos de Sorolla al aire libre o al sol libre, como le gustaba decir, suponen una faceta muy especial dentro de la producción del pintor, y en la que alcanza especial relevancia y maestría con respecto al resto de pintores coetáneos. Y no solo en España. Se puede decir que Segovia, y particularmente La Granja ese año de 1907, va a suponer una inflexión definitiva en su obra. Bien sea con el retrato del rey o con el de los familiares del pintor. La vistosidad y los colores del traje, y lo esbelto de la figura regia, no achican la maestría del pincel y la riqueza de la paleta en el momento de plasmar la luz que se cuela entre el espesor de los árboles –magistral esa amalgama de manchas con la que ventila el efecto de la luz en las hojas- ni el dibujo preciso –esta vez sí- de los contornos del rostro del monarca y de los abalorios del traje. Todo ello encaja a la perfección con el perfilado impresionista al que somete al cuerpo del retratado y con el efecto de la luz en el volumen corpóreo. Las pinceladas rápidas, largas, del suelo –más empastadas las que reflejan los rayos solares- se corresponden con las más cortas de los detalles. Sorolla consigue en definitiva una obra espléndida, que le pasaporta para que un año después luzca en Londres su marchamo de pintor real. El propio autor se manifestó satisfecho de su obra: “Está muy guapo (el rey) con su magnífico traje de húsares de Pavía, arrogantemente colocado y muy español, que es lo que yo quería”.

Supone esta de La Granja una estancia especialmente significativa en la obra del pintor, y de singular atractivo

Como hemos dicho, supone esta de La Granja una estancia especialmente significativa en la obra del pintor, y de singular atractivo. Sorolla lo aprovecha para pintar otras obras maestras. Ahí está María en La Granja, con unas pinceladas amplias, ondulantes, rosáceas, para visualizar el efecto de los rayos de sol en la tierra, y en el que un punto de fuga diagonal enmarca una figura atractiva con una pose singular: la de su hija ya repuesta de su dolencia. O la plasmación del movimiento, la captación de un momento cotidiano de Saltando a la comba. La Granja, en la que resalta la influencia del lenguaje fotográfico, de su perspectiva, de su instantaneidad, que también está presente en la naturalidad con la que son retratadas las niñas que aparecen en ‘María en los jardines de La Granja’. Estos ejemplos culminan con esa obra ejemplar que es ‘El paseo de Clotilde’, en la que tan novedoso resulta el encuadre –figura de perfil, en un plano próximo al espectador que corta la representación de los tobillos- como lo original y libérrimo de las pinceladas que plasman los ondulantes reflejos de la luz en el estanque de la fuente. Todo es intenso y a la vez sutil en este hermoso cuadro.

Sorolla pinta al rey y a su propia familia, pero también a los hijos de quien en 1907 era capataz en La Granja: Jesús y Juliana Fernández Pérez. Juliana contaba en una entrevista publicada en El Adelanto de Salamanca -24 de enero de 1984- que posó con su hermano durante varios jornadas para el pintor, que les daba una propina de 2,50 pesetas por día, una cantidad nada despreciable en aquellos años. El resultado fue otro magnífico lienzo: El baño en La Granja, en el que más que en otros cuadros Sorolla traslada sus contrastes ya utilizados en la playa –niño desnudo, agua, color, luz- a un paisaje de interior.

Los reyes partirán hacia San Sebastián el 19 de julio. Los Sorolla permanecerán en el Real Sitio hasta los primeros días del otoño. El 28 de agosto de 1907, El Adelantado informa que “el ilustre pintor (…) aprovecha su estancia aquí para comenzar varios retratos”. Su permanencia en Segovia, siendo fructífera, había agotado su recorrido. Volverá a Castilla para la realización de su magna Visión de España, con destino a la decoración de la biblioteca de la Hispanic Society of America de Nueva York. Castilla, la Fiesta del Pan, su primer panel y el más grande de todos, será el tributo a la región. En el fondo del panel, la Sierra de Guadarrama, junto con la representación de las ciudades de Ávila, Segovia y Toledo. En un pueblo a los pies de la sierra, Cercedilla, moriría un día luminoso de 1923. No volvería a Segovia sino de paso. Ya había sido bien servido.

SUPLEMENTO | Sorolla y Segovia (1906-1907)