‘Jardines’, respuestas inesperadas a historias breves

Un momento de la representación de la obra ‘Jardines’ en el Teatro Juan Bravo. / EL ADELANTADO
Un momento de la representación de la obra ‘Jardines’ en el Teatro Juan Bravo. / EL ADELANTADO

¿Cómo comenzar? ¿Con preguntas o con respuestas? ¿Son estos los intérpretes? ¿Qué hace un actor en la puerta del teatro antes de empezar una función? ¿La intimidación con la mirada a un espectador que sabe que acude a una obra de teatro de improvisación es lícita? ¿Por qué van así vestidos, como de época y jardín inglés, si en el dossier hay preguntas tan actuales como “¿buscas o has buscado síntomas en Internet?”? ¿Me he perdido algo al no ver el teaser antes? ¿Qué es más correcto: teaser, spoiler o destripar? ¿Por qué mira tanto ese actor a las personas que entran? ¿Por qué me está mirando a mí? ¿Qué busca la gente que paga una entrada por una obra de teatro de improvisación? ¿Si hacemos la media de edad del público de hoy, bajará la de otras tardes? ¿Qué entiende el público por teatro improvisado? ¿De qué están hablando los actores antes de empezar? ¿Es esto parte de la función? ¿Hasta que no se calle la gente no van a empezar? ¿Es ese el líder? ¿Hay un líder que marca por dónde improvisar o improvisan todos a la vez? ¿Qué habrá escrito en esos libritos? ¿Serán guías? ¿Qué pinta ese con una falda escocesa?

Con toda seguridad, las primeras preguntas ayer, al adentrarse en los ‘Jardines’ de Impromadrid instalados por una tarde en el Teatro Juan Bravo de la Diputación, se las hizo el público. Antes, incluso, de que la primera escena de estos ‘Jardines’ estallase en forma de cuestiones aceleradas y desconcertantes contra la paradoja, la rutina, la cordura, la ironía y el desconocimiento de los propios espectadores. Antes de esa primera escena, la sala ya estaba llena de preguntas que, entre lo absurdo, lo lógico y lo cuestionable, se colaban en las cabezas de quienes, privilegiados, compraron una entrada para una tarde de teatro improvisado.

¿Por qué se ha levantado tan rápido de la butaca? ¿Esto estaba preparado? ¿El primero es un gancho? ¿Sabía ya que le iban a hacer subir al escenario? ¿Qué le preguntarán? ¿Sabe lo que le van a preguntar? ¿Habrán buscado un perfil de persona determinado? ¿Existen los perfiles determinados de personas? Efectivamente, ese debe de ser el líder ¿Por qué canta el tipo de la falda escocesa? ¿Qué pinta un tipo con esas pintas cantando así?

Primero un profesor de inglés, después una alumna que una vez se enamoró de su profesor, más tarde una chica respetuosa con los espíritus y los caballos por igual, tras ella una enfermera intrépida y capaz de llamar a las cosas por su nombre en castellano y en inglés y finalmente una socióloga, profesora también y madre de dos adolescentes. Con todos ellos hubo una entrevista breve de la que incluso pareció resultar en algunos casos una actriz o un actor inesperado. Y de ellos y sus historias de profesión, de vida, de amor, de miedos, de recuerdos, de tiempo y de dinero, surgió una pequeña respuesta; una escena ingeniosa, inteligente, mordaz, sarcástica y absolutamente divertida.

¿Le habrá hecho gracia? ¿Le habrá gustado su historia dada la vuelta? ¿Tendrán ensayadas una serie de frases o una serie de escenas? ¿Qué se dicen los actores cuando se reúnen en el centro del escenario después de cada entrevista? ¿Se reparten los papeles o cada uno sabe ya cómo tiene que actuar? ¿Preguntan buscando respuestas concretas? ¿Cómo se ensaya una obra de teatro improvisado? ¿Estará pensando que no se tenía que haber metido en ese jardín? ¿Le parará alguien al salir? ¿Seré capaz de escribir una crónica de esto? Quizás, quizás, quizás…