Jardín en el Patio de los Tilos, Caserío de Lobones. Foto Archivo Caserío de Lobones.
Jardín en el Patio de los Tilos, Caserío de Lobones. Foto Archivo Caserío de Lobones.

EL JARDÍN QUE HUBO EN EL COLEGIO CLARET
Cuando se amplió el Colegio de los Padres Misioneros, hoy Claret, entre la nueva construcción y la vieja se trazó se otro de los jardines claustrales aunque, como el espacio no era regular, la geometría hubo de ajustarse a él con tres cuadrados y un trapecio. El conjunto lucía con varios prunus en los vértices y dibujos de boj en dos líneas que definían los perímetros y los triángulos que los dividían. La rotonda central, grande, estaba ocupada por la simbólica fuente circular.

Desapareció cuando se construyó un nuevo templo, de interesante arquitectura, como reconoce una placa colocada en él: Premio de Arquitectura del Colegio de Arquitectos de Madrid al mejor edificio construido el año 1973.

Jardines claustrales fuera de los monasterios (y II)

Jardines claustrales fuera de los monasterios (y II)

EL JARDÍN DE LAS RELIGIOSAS OBLATAS
Segovia vivió un momento en el que cualquier espacio parecía bueno para plantar un árbol -ciprés si estaba aledaño al ábside de un templo- o preparar un jardín, aunque fuera de pequeñas dimensiones.

Uno de esos espacios fue el mínimo patio separado de la calle por sencilla verja de hierro que había en el antiguo convento de capuchinos, luego de religiosas oblatas. La fotografía casi hace innecesaria la descripción: caminos en cruz y rotonda ancha, con un pequeño macizo de aligustre y tronco seco de ciprés. Los setos estaban bien recortados y se adornaban con bolas. Lo más atractivo eran sus rosales luciendo en medio de tanto muro ocre. Nuevo propietario, obra nueva y jardín eliminado.

Nos pagamos de controlar los centímetros que rebasan las alturas permitidas, y está bien que se haga, pero también hubo un decreto que velaba por la salvaguarda del patrimonio verde. ¿Seguirá estando vigente?

Jardines claustrales fuera de los monasterios (y II)

JARDÍN DEL PATIO DE LOS TILOS EN EL CASERÍO DE LOBONES
El antiguo caserío de Lobones, hoy posada real, tiene diferentes espacios verdes, aunque aquí sólo comento el que es un jardín claustral alejado de cualquier claustro, y que vemos en esta fotografía promocional.

Data del año 2.000 y se trazó siguiendo el proyecto de nuestro paisajista uruguayo, Leandro Silva quien, ignoro por qué signo movido, supo enlazar con nuestra vieja tradición. Como el espacio era cuadrado resultaba idóneo para este tipo de jardines y así lo diseñó. Cuatro senderos convergiendo hacia el centro, donde hay un estanque octogonal sobre el que se alza una pila lobulada que fue la bautismal de la capilla del caserío. Los recuadros, bien cortados, se adaptan al círculo; se plantaron tilos, de ellos tomó nombre el patio, y se pusieron rosales capaces de extasiar al más reacio a admirar el encanto de las flores.

Han pasado 1000 años y la tradición, en este caso la de nuestra más antigua jardinería, que sabe trasmitirse por extraños caminos, perdura.

EL DESAPARECIDO JARDIN DEL HOSPITAL DE LA MISERICORDIA
El venerable y viejo Hospital de la Misericordia tiene un patio al que se entra por una gran portada de granito -siglo XVI- que, a su vez, da acceso a la sección de consultas, quirófanos y salas de pacientes. Para recreo de estos, bien entrado el siglo XIX recibió un jardín, pequeño como el patio pero que se hacía notar, sobre todo por su emplazamiento. ¿Qué tenía, además, aquel jardín? Fue uno de los pocos jardines segovianos, junto al de la Casa de la Moneda y al del Palacio Episcopal, que adoptó el hierro para, en este caso, armar una mínima estructura, un pequeño templete circular situado en el centro. Sólo por eso, por haber aceptado tan tempranamente el hierro, ya merecía respeto.

Jardines claustrales fuera de los monasterios (y II)

El patio es cuadrado, paredes a oeste y este, puerta y gran muro al sur y galería de dos pisos al norte. A la derecha de la puerta había una adelfa de flores rojas. Es una planta que crece mal en Segovia, pues sufre con las heladas, pero al abrigo de los muros se había convertido en un ejemplar formidable. A la izquierda de la puerta de entrada, descentrada con relación al eje del patio, había una celinda, tan grande como la adelfa y de semejante porte.

En el centro estaba el templete de hierro, cobijando una gran fuente que servía de pedestal a una imagen, blanca, de la Virgen Milagrosa. Dando realce al templete había un viejo rosal de enredadas ramas pinchudas y rosas blancas. Y completando la vegetación en torno al templete y por los otros dos lados, se ponían plantas diversas y casi siempre de floración abundante, ya fueran margaritas, dalias, cannas, minutisas…

De las semillas que germinaban libremente, se dejaba que crecieran las ipomeas, una enredadera que se pegaba a las columnas para subir hasta la galería superior. Pocas combinaciones he visto más hermosas que la trilogía que formaban el gris del granito, la transparencia del vidrio y el suave colorido, entre fucsia y malva, de las leves ipomeas.

Pero… Eso no lo vemos ahora en esas fotografías, dirán ustedes. Claro que no. El jardín que las Hijas de la Caridad, a cuya atención estaba, atendían con mimo y en el que cada planta y cada flor tenían su tiempo y su sitio, ya no existe.

Nuevos rectores y nuevas necesidades han impuesto otros usos para el espacio y en él ya no tiene cabida el mínimo jardín romántico. Ahora que soy viejo y que tengo que ir al Hospital muchas veces -consultas. análisis, operaciones, curas…-, miro con nostalgia el patio para echar de menos el verdor de las plantas y el colorido de las flores que en él daban entidad al jardín que lo ocupaba.

Patio de las Carmelitas Descalzas.
Patio de las Carmelitas Descalzas.
Patio de las Carmelitas Descalzas.
Patio de las Carmelitas Descalzas.

*Académico de San Quirce.
Porunasegoviamasverde.wordpress.com