Iván Vélez.
Iván Vélez.

—¿Qué significa para Vd. descolonizar un Museo?
—En rigor, podría pensarse que se trata de devolver a las naciones políticas que han cristalizado a partir de colonias, una serie de objetos que se hallan en poder de las potencias colonialistas. O lo que es lo mismo, una restitución de lo que se entiende como un expolio. Sin embargo, la cuestión es más compleja, pues no se detiene en la devolución, sino que busca la implantación de un muy determinado discurso ideológico: lo que se viene llamando, en términos posmodernos, el relato. En ese sentido, se trataría de devolver reliquias, pero también de compensar de algún modo los abusos del colonialismo.

—¿Cómo cree que una política de cuotas de sexos, géneros o razas afectaría a las instituciones museísticas?
—Alterándolas totalmente y deshaciendo, en muchos casos, sus colecciones, pues se trata de una división llena de actualismo y anacronismos. La idea de sociedades paritarias, configurada según cuotas sexuales o raciales, no encaja con una serie de cursos históricos que se estructuraron de un modo muy distinto, razón por la cual hay que forzar la configuración de unos museos que, en muchos casos, no son más que contenedores de activismos varios.

—¿Qué museo español cree que es colonial?
—A mi juicio, ninguno, pues España no tuvo colonias.

—¿Qué peligros entraña apuntar a políticas de “devolución” de patrimonio? ¿Es la situación en España la misma que en el British Museum o el Louvre?
—Las políticas de devolución entrañan el peligro de que, en muchos casos, naciones ya constituidas durante aquel tiempo deben entregar una serie de reliquias a naciones que se constituyeron posteriormente, algunas de ellas no precisamente de un modo impecable. La situación en España, en cualquier caso, es muy distinta a la de las naciones colonialistas que han iniciado este proceso de devoluciones. El Prado no es, en modo alguno, comparable al British Museum ni al Louvre, pues su origen son las colecciones reales, las de unos monarcas que regían un imperio no depredador, sino generador. Por decirlo de otro modo, Perú o la Nueva España, no fueron ni el Egipto ni la India por las que se movieron los ingleses.

—¿Cree que se podría aprovechar esta ola descolonizadora para reclamar o al menos hacer un censo de lo que expolió Francia en España durante las guerras napoleónicas?

—Se podría, pero no bajo el argumento colonialista, sino bajo el de la pura y dura rapiña. Es curioso que en España esté tan arraigado el mito de la Ilustración, el de la Europa sublime, sin caer en la cuenta de que los ilustrados soldados franceses se dedicaron a la destrucción de gran parte de nuestro patrimonio, empleándose con particular saña, probablemente fruto de sus frustraciones históricas, con algunas obras y reliquias particularmente simbólicas.