IV Concurso “AR Los Huertos” de esculturas con materiales reciclados de construcción

Esculturas recicladas

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Es emocionante ver el empeño y la ilusión que Reyes Lobo, coordinadora del concurso, pone en este proyecto cada día más asentado, con una idea más ajustada y exigente, contando las ideas a desarrollar en un futuro inmediato y las iniciativas que ya tiene en cartera para implementar el concurso y convertir el concurso, su concurso, un proyecto de gran relevancia artística y empresarial. Y todo sin apenas ayudas, y no se piden subvenciones por cierto, sino apoyos sumatorios privados o públicos a esta verdadera iniciativa de responsabilidad social empresarial, coherente, sostenible, creativa, implicativo y que busca ampliarse no solo en el entorno artístico, sino también educativo, social, de emprendimiento social.

Merece la pena ver esta muestra de esculturas recuperando residuos inservibles, para reutilizarlos sorprendentemente y convertirlos en obras de arte. Los residuos procedentes de la construcción y la demolición, son evocadores de vivencias y recuerdos, de “historias pasadas”, permiten desarrollar la creatividad y compartir emociones, dando así una segunda oportunidad de máximo valor creativo a materiales que con frecuencia tiramos, anulamos, destruimos. Desechos y materiales abandonados y reencontrados, redivivos para una nueva significación, descontextualizados y desfuncionalizados de su valor original con una relectura valiente y atrevida, adquiriendo de esta forma una nueva apariencia, presencia e identidad.

Cada convocatoria amplia el uso de materiales reciclados, del papel y el cartón al hierro, de los materiales cerámicos (ladrillos, tejas, bovedillas…) al hormigón, de la madera a la piedra, de los materiales sintéticos a los vidrios…los artistas participantes refuerzas sus proyectos con referencias explícitas a grandes autores, movimientos o tendencias.

Las perspectivas que se abren son muy sugerentes, la riqueza de las miradas nos permiten desvelar proyectos esperanzadores. Transgrediendo medidas y proporciones, rompiendo perspectivas y buscando nuevas síntesis de elementos con frecuencia extraños, se crea un nuevo lenguaje de paradojas, dicotomías, tensiones y contradicciones (“Oveja zombi”, de Guillermo Mansilla), buscando desequilibrios (“Escaleras al cielo”, de Susana Moreno ) y aceptando el azar, la sorpresa, lo imprevisto (“Jazz en la bóveda”, Jorge de Ibáñez)), para proponer nuevas identidades (“Presión”, de Jorge Aráujo), metáforas de otro mundo (“Fragment Home (Fragmento de casa)”, de Ana Isabel Angulo). Con ironía y provocación (“Merda d’arquitectura / Spanish Souvenir”, de Jacobo Muñoz) se propone una crítica a una actividad profesional con frecuencia engrandecida y en exceso falta de autocrítica, recordando la obra desmitificadora de Piero Manzoni. Con frecuencia se insiste en el valor y en la reflexión sobre el proceso creativo (“Juego de lleno y vacío”, de Urko Serrano). Propuestas a veces barrocas, acumulativas, sobreabundantes (“Vida interior”, de Sergio Idoate o “Recycling Fashion”, de Laura Tapias y Francesc Tort), otras reductivas, minimalistas (“Celosía”, de Candela Muniozguren), buscando el aire, el vacío, el silencio con J, Oteiza como referencia ineludible.

Sorprende la variedad y diversidad de materiales encontrados, renacen los “objets trouvées” de las vanguardias dadaístas. Cajas de materiales diversos (“Arquitecturas soñadas de tu niñez”, de Igancio Rojo). Botes de pintura vacíos, que soportan micromundos aislados (“Islas”, de Rodrigo Romero). Restos de muestrarios de pavimentos de gres y alicatados. Adhesivo de montaje (“Gignendi Tempus Proficiebat”, de Henrique Prado). Herramientas antiguas recicladas, palas como caras enigmáticas (“Dama”, de Aurelio Robles). Collage y decollage, de nuevo, constructo de maderas como proyecto de casa para habitar la soledad (“Mísera págoda”, de Mara Ona Lapiedra y “Observatorio”, de José Manuel Vidal). Integración y reconstrucción de nuevos objetos, como maleta de sueños posibles para nuevos idearios de vida (“Con la casa a cuestas”, de Roberto Astudillo) o seres creíbles con las piezas tipográficas de una vieja máquina de escribir a la espera de dar continuidad a tantos relatos pendientes (“Observando sin ver, antes del caos”, de Rafael Chehín).

Y de nuevo hay que repetir que arte y ciudadanía. No solo reciclado sino también repensado en una actitud de sostenibilidad como compromiso medioambiental y ético. Obras que tratan de cuestionar el modelo de vida de la sociedad actual, basado en el crecimiento económico insostenible, el neoliberalismo especulativo, el productivismo salvaje y el consumismo despilfarrador.