Ismael, a la derecha, respondiendo a los asistentes después del documental.
Ismael, a la derecha, respondiendo a los asistentes después del documental. / NEREA LLORENTE

Qué difícil resulta ser profeta en tierra propia. Y ese seguramente no sea más que el logro más modesto de la extensa y apasionante carrera musical de Ismael Peña, el juglar rebelde. El folclorista, entre otras muchas cosas, ha logrado triunfar cantando en dos idiomas, ha recuperado numerosas canciones del campo castellano y, además, ha reunido una extensa colección de instrumentos y juguetes que, hace unos años, estuvieron a punto de ser la “primera piedra” de un hipotético museo de la música en Madrid.

Ayer por la mañana, el gran folclorista, al que algunos ya se dirigen como el heredero de Agapito Marazuela, recibió un homenaje a la altura de su carrera, en el que pudo sentir el calor de la gente de su Segovia. Se visionó un documental realizado por el camarógrafo Ramón Moratalla, en el que Ismael rememoró los hitos más relevantes de su vida. Desde la aventura parisina, donde grabó sus primeros discos, hasta su estrecha relación con los grandes poetas del siglo pasado, como Gloria Fuertes, con la que le unía una fuerte amistad, o Miguel Hernández, al que musicó antes de que otros genios, como Serrat o Morente, se atrevieran.

Sin embargo, el gran proyecto de Ismael ha sido el folclore. En el documental, define la música tradicional como un “milagro” que la naturaleza obra en las personas, especialmente en zonas como Labajos, donde creció. Este pueblo, maldito para el franquismo, ofreció a Ismael las primeras muestras de folclore. No tenían ni agua ni sacerdote, pero tenían un patrimonio inmaterial que caló hondo en el joven artista.

Tras el documental, las charangas recorrieron la ciudad
Tras el documental, los asistentes pudieron disfrutar de los pasacalles que recorrieron la ciudad durante la mañana

Gran coleccionista

Dentro de la gran pasión que Ismael ha mantenido por el folclore, había espacio para más muestras de la cultura popular. Es por ello que, desde hace mucho tiempo, el segoviano ha ido reuniendo objetos, juguetes e instrumentos de muchos rincones del mundo.

Una de sus ambiciones es que todo ese patrimonio tenga como destino un museo o una exposición donde las muestras puedan perdurar. Ismael contó que había llegado a un acuerdo con el Ayuntamiento de Navalcarnero, cediéndoles su gran colección de piezas de alfarería. Sin embargo, con el cambio de alcalde en 2015, el proyecto se paralizó y los objetos permanecen olvidados en un sótano del consistorio madrileño.

Algo similar ocurrió con el Ayuntamiento de Madrid. Ismael estuvo en el pleno en el que se aprobó la creación de ese Museo de la Música Popular, en el que su colección sería la base. Sin embargo, con el último cambio en la alcaldía, la idea se desechó.

Ayer, el folclorista no dudó en denunciar que si estos proyectos no se llevan a cabo es porque no hay un “verdadero interés en la cultura”. No descartó que, si Madrid no retoma el museo, pueda ser aquí donde realice ese proyecto.