“Irrealidades veladas”

8

De las primeras exposiciones que recordamos de Carmen Gómez, con obras más cercanas al comic, a la ilustración, incluso a la figuración pop de los grandes lenguajes de masas, a la actual exposición en la sala de exposiciones del Campus público María Zambrano de Segovia de la Universidad de Valladolid, hay una importante evolución en su obra basada en parte en un riguroso proceso de experimentación artística y también en un ambicioso proceso de formación teórica, en el que la producción de textos especializados, reflexionando acerca de procesos creativos y las relaciones de lo artístico con diferentes ámbitos sociales, pedagógicos y psicológicos, han ido viendo la luz en diversas publicaciones. Como en pocas ocasiones en la obra de Carmen Gómez se integra el proceso artístico con la reflexión estética.

Este proceso formativo y performativo ha tenido reflejo en su obra que se ha ido separando del lenguaje figurativo hacia una abstracción que finalmente representa conceptos complejos y emociones sensibles, conforma relatos sutiles y expresiones contenidas.

Carmen Gómez reconoce que esta transformación en su obra surge de un diálogo intenso y exigente con la obra de Esteban Vicente, con la síntesis que éste hace entre el Expresionismo abstracto americano y la memoria conservada de las grandes vanguardias española y europea que conoció en Madrid, Barcelona y París. Hay que reconocer que este empeño de continuidad histórica y artística de Carmen Gómez y otras artistas de Segovia, tal vez sea en sí mismo un gran logro del Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente de Segovia y su impagable labor de modernidad y de familiaridad con los proyectos y métodos creativos que representa la obra de Esteban Vicente.

En esta herencia descubrimos algunas claves de la obra de Carmen Gómez expuesta en Segovia: El valor del proceso frente al producto; el anclaje de la temporalidad en su obra; la obra como una superposición de capas plásticas que conforman historias transidas de reivindicaciones justas; el carácter reductivo del color; la abstracción como figuración concreta, al estilo del movimiento MAC; el tratamiento respetuoso y expresivo de los materiales cotidianos y sencillos empleados, herencia del informalismo de Dau al Set a El Paso; la consistencia precisa de composiciones equilibradas en formas, texturas y técnicas que tanto nos recuerdan a Esteban Vicente.

Y los elementos y los colores cálidos, ocres, marrones, y el reto sublime de dar color al blanco, a los blancos íntimos, profundos, sutiles. Carmen Gómez está interesada en acoger en sus abstracciones matéricas la paleta de color local de los paisajes simbolizados castellanos, como Esteban Vicente, como Díaz Caneja. Es un arte austero y exuberante, a la par. Matérico y barroco, y se nos viene a la memoria la imaginería de Zurbarán a Esteban Vicente.

“Cada obra – comenta la autora – deviene y construye su propio ecosistema de signos”, en el que los materiales usados, como la madera, el papel, el alambre, las manchas, los emplastes, los cosidos, alcanzan un sobresignificado complejo más allá de la aparente fragilidad de las estructuras en que presentan las obras que vemos.

Cada obra alcanza un equilibrio visual y emocional por encima de la mera información perceptiva, no exenta de desdoblamientos de fondo y forma ambiguos, en el que la misma textura de la tela en sus diferentes entramados adquiere protagonismo y significado. No son obras inacabadas, la tela en su silencio soporta el debate de signos y tensiones, de líneas y rupturas, de formas y perspectivas. Cada obra conlleva su sorpresa, de ahí que nos invite a un diálogo, a una búsqueda. Cada obra tiene su secreto, una obra oculta por encima de las apariencias, una sugerencia más que una solución. No es olvido, pero la ausencia de títulos y cartelas refuerza el carácter abierto de la obra.

De las “irrealidades veladas”, título con el que entramos a la exposición, llegamos no sin sorpresa a las “realidades desveladas” en este juego de representaciones simuladas, de figuraciones imaginarias, de propuestas cómplices.

Y de nuevo, intentando conciliar el caos y orden, lo simple y lo complejo, lo pobre de los recursos y la riqueza de los significados, recuperamos de V. Kandisnky la “necesidad interna” del proceso como lógica creadora que sintetiza la autonomía de la obra y la proyección expresiva de cada composición.

Las obras expuestas surgieron pacientemente, como recomendara Esteban Vicente, sin prisas, sin decisiones precipitadas. Sorprende que el azar y la necesidad en el proceso creativo vayan de la mano. Así es el quehacer artístico de Carmen Gómez. Proceso lento y atento a la palabra silenciosa que cada trozo de papel, de tela, de alambres, representa, hasta configurar que cada obra es en sí mismo un mundo, una invención, un símbolo.

Carmen Gómez recurre a dos métodos creativos en sus obras, el origami japonés, arte y meditación, amor y pedagogía, según proponía Unamuno, y el collage, como proceso y relato de la cultura contemporánea (G. Dorfles), recuperando materiales cotidianos, residuales, de papel o textil, y transferencias en acetatos.

Del collage al cosido, del paisaje a la caja de costura. Qué significativos son los cosidos en las obras de Carmen Gómez, improvisados en los papeles, delicados en los textiles, dramáticos en las perforaciones del estaño. Un recuerdo a Judith Scott, Magda Bolumar, Aurelia Muñoz. Denuncia de suturas violentas, patrones de paisajes imaginarios de libertad compositiva e igualdad creativa. Una reivindicación simbólica del valor de género en el arte.