Michelle Pfeiffer en una escena de ‘Cuando llega la noche’ (1985).
Michelle Pfeiffer en una escena de ‘Cuando llega la noche’ (1985).

Empiezo en la noche en blanco, confuso. Recuerdo, como no, a Al Pacino intentando dormir, desquiciado en “Insomnio”. El lunático vuelve a las andadas si el protagonista no concilia el sueño. El protagonista es el lunático.

Viejo , escribo esto para ti, para sacarte de la noche sin fin, del silencio.

¡Y llega de nuevo por un instante el Cine Pineda! Sólo hay ya hormigón. Al aire libre, sobre él el cielo estrellado, estrellas en el techo infinito y en la pantalla iluminada. Se pone el sol y queremos que se pinte el firmamento con estrellas, dice la escritora Roma Ryan.

¿Qué es la noche? A veces dura veinticuatro horas. Noche es el pequeño observatorio del protagonista de ‘Sweet sixteen', la estupenda película de Ken Loach arrinconada en el tiempo. Yo la recuerdo porque vuelvo a verla. El asombro del gran cine que pide volver a la pantalla, a nuestra pantalla. Vuelvo a ver al héroe mirando las estrellas. La realidad del día poco tiene que ver. Es asfixia.

Y el gran observatorio nocturno es el de ‘Magic in the moonlight', de Woody Allen, película en la que la joven pareja protagonista (Colin Firth y Emma Stone) se refugia de la tormenta. Calados hasta los huesos, el mago y la vidente observan las estrellas de la noche a la luz de la luna. El firmamento es aterrador, infinito, o es algo romántico. El espectador elige. Y Woody Allen también elige, como no.

Apunto títulos de películas, intento recordar algo de ellas. Escribo para salir de la oscuridad de la noche. Esas películas son ya estrellas lejanas; pero me rebelo con mi pequeño catalejo astrónomo.

Está en el listado ‘Le trou' de Jacques Becker, con esos prisioneros que en la noche martillean y martillean intentando escapar de la cárcel, de la opresión. Es la noche buen momento, muchas veces, para trabajar sin distracciones, como también le sucede al joven estudiante lector de ‘Tierras de penumbra' (sólo ahí puede degustar absolutamente la lectura): es ese gran filme de Richard Attenborough, con Debra Winger y Anthony Hopkins, uno de esos escasos ejemplos de la distancia que el gran cine puede recorrer. Y Hopkins (C.S. Lewis) nos da un arma frente a las sombras, frente a esas ‘Shadowlands'. La respuesta está en los libros: la magia nunca acaba.

Paul Newman se agarra a un clavo ardiendo en ‘Twilight', el crepúsculo para su trabajo detectivesco dirigido por Robert Benton. Cuidado, Paul, con Susan Sarandon.

Cierro los ojos intentando hallar más títulos que me guíen: ‘La noche del cazador', con el terror más horrible, ahí cerca de nosotros. El terror es Robert Mitchum.

Vuelvo al asaltante nocturno, como decíamos, el de Al Pacino en ‘Insomnia'. Ya no lo padezco y cada noche me acuesto siempre con el miedo de que pueda volver. Para intentar evitarlo tomo medicación, hipnóticos.

Es no poder dormir por la noche ni poder dormir durante el día; y llega la siguiente noche y el hombre cuerdo estará por explotar. Aparecerá la locura si no está atento, si se ha confiado. Para el enfermo de insomnio, unas horas de sueño, de descanso, eso es todo lo que pide. Para él no existe la fantasía de la noche romántica. La noche es terror, desesperanza, soledad. La noche cuece la locura. No llegan, no llegan, no llegan las horas de descanso. El día es agotamiento. No hay tiempo para contemplar la luna ni las estrellas. El boxeador está a punto de caer.

Si no se recupera el sueño, como decía, la noche es siempre una amenaza siniestra, desasosegante. El lunático aspirará a encontrar un eclipse raro, una magia que le haga dormir.

Día y noche. Dependemos siempre del punto de vista.

Lo dice el poeta Claudio Rodríguez: “Y es que en la noche hay siempre un fuego oculto”.

Para aligerar el peso se aparecerá un fuego oculto a Jeff Goldblum en ‘Cuando llega la noche', que vemos en nuestro cine pequeñito de dos butacas. Estamos en los años ochenta, en una película de comedia de John Landis, rodeado de sus amigos cineastas en una apoteosis de cameos. ¿Hablábamos de insomnio? Pues este villano acosa a Goldblum, un pringado al que engaña su mujer. Goldblum se entrega a la noche con lucidez. Se aparece la problemática Michelle Pfeiffer, que tiene aún más lío que él. No sabemos si ella será el fuego oculto que Goldblum necesita. No sabemos si Goldblum le dará la espalda a la Pfeiffer. Yo sigo la película con atención. Me interesan las películas o las escenas en las que un personaje le da o no le da la espalda a otro, si deja tirado al prójimo que es bombardeado y está sin esperanza. De ellas se puede aprender algo. Y para Goldblum y Pfeiffer esa noche no es ninguna broma, aunque Landis haga cine ligero como una pluma, cine inocencia y sencillez de los años ochenta.

Escribo a tientas, intentando ser cuidadoso para no tropezar. Tenemos a Claudio Rodríguez y su fuego oculto, y de nuevo nos susurra: “Sigo. Seguir es mi única esperanza. Seguir oyendo el ruido de mis pasos”.

Fotograma de la película ‘La noche del cazador' (1955) con Robert Mitchum.
Fotograma de la película ‘La noche del cazador' (1955) con Robert Mitchum.

Son mis pasos en la noche. Estoy siempre buscando luz, un candil, una bombilla, lámpara, antorcha, una linterna, un mechero. Siempre buscando carburante. ¿Qué quedará de mis escritos? ¿Tienen lectores? El sueño es recopilarlo todo en un libro para poder regalarlo, para tenerlo cerca, sin dispersión, sin olvido. De momento van ahí todos juntos a una caja, con un buen puñado de fotografías. Existen en la noche.

También el cine acaba, esa luz en la oscuridad. Busquemos rápidamente más cine. Escribe, escribe más. Escribe, lector. Lee, lector.

Cuando Adolfo Aristarain me sugiere dormir menos para poder trabajar más no le contesto porque sé que eso no es solución para mí. Quiero dormir, pensar que nunca más caeré en el insomnio, en la desesperación del sinsentido. Quiero dormir.

Me apresuro por la calle cuando acaban las horas de luz. La noche es enemiga para mí. Cada vez me gusta menos. Invita al alcohol, a la euforia y a la desolación. Despierto de ella y durante un rato estoy en el pleno desánimo, hasta que me voy acostumbrando de nuevo a la luz del día.

El viejo cine quedó en la frialdad de una tumba, a oscuras, en una noche permanente para las salas. No hay lámpara xenon. Ahora, yo, en el Cine Imaginación, uso mi pequeña linterna, imagino las hileras de butacas, abro las puertas de salida con la ilusión de más espectadores para las películas.

Fotograma de la película ‘Insomnia' con Alpacino (2002).
Fotograma de la película ‘Insomnia' con Alpacino (2002).

Cuando abro la puerta de entrada o la persiana de salida proyecto película. Proyecto película escribiendo aquí. El gerente Jesús Hernando cambia plafones y fluorescentes. Crea ilusión, crea luz. Oscar Cubel le ayuda o antes llega Jiménez y enciende la torre de control de cada proyector, enciende todas las luces que están a su alcance.
Yo les recuerdo y me invade la nostalgia. Pero mi Cine Imaginación es poderoso y aparece en estos escritos para ‘El Adelantado', escritos repletos de películas que piden perpetua proyección. Nuestras luces son esperanza de cine.
Acudo a ‘La noche oscura' de Carlos Saura, con un gigante Juan Diego. De la obra de San Juan de la Cruz de ese título: “3. En la noche dichosa/ en secreto, que nadie me veía,/ ni yo miraba cosa,/ sin otra luz y guía/ sino la que en el corazón ardía./ 4. Aquésta me guiaba/ más cierto que la luz del mediodía,/ adonde me esperaba/ quien yo bien me sabía,/ en parte donde nadie parecía./ 5. ¡Qué noche que guiaste!/ ¡Oh, noche amable más que la alborada!/ ¡Oh noche que juntaste/ Amado con amada,/ amada en el Amado transformada! (…)”.

Se nos une Kavafis rápidamente: “Sombra y noche es el silencio,/ día de luz la palabra”.

Quiero volver a Kavafis todo lo posible, a esta aparición. ¡La palabra! ¡Día de luz la palabra!

‘La noche de los muertos vivientes' porque estamos rodeados de zombis. ‘Midnight in Paris' porque queremos viajar con ese coche al pasado, disfrutar de la vida más intensa, saliendo de lo grisáceo. Queremos viajar con Owen Wilson en la medianoche. ‘Antes del anochecer'porque queremos vivir con Jesse y Celine en el permanente paseo, en la divagación, para que cuando llegan los fantasmas nocturnos, la desilusión, el hastío, podamos unirnos en esa terraza nocturna y ver si ellos son capaces de superar esos fantasmas.

Mi fantasma es la ausencia del espectador prójimo. Mi fantasma es la incapacidad para superar el duelo; mi fantasma es mi olvido.

El humo oscurece nuestra visión de tinieblas. Los villanos son los hombres grises de ‘Momo'.

Juan Diego en la película ‘La noche oscura' (1989).
Juan Diego en la película ‘La noche oscura' (1989).

Tiemblo en la noche, recuerdo. ¿Qué representa la noche para cada uno de nosotros? ¿Cómo convivimos con la noche en el cine? ¿Qué sucede cuando amenaza un amanecer frío, desagradable? A veces el día es más oscuro que la noche. Es un bombardeo constante, surge lo peor del ser humano, que es ser pero no es humano. El villano de la película se dirige a nosotros. No habrá clemencia. No quedará piedra sobre piedra.
Tenemos a Walt Whitman… “Cuando escuché al docto astrónomo,/ cuando me presentaron en columnas/ las pruebas y guarismos,/ cuando me mostraron las tablas y diagramas/ para medir, sumar y dividir,/ cuando escuché al astrónomo discurrir/ con gran aplauso de la sala,/ qué pronto me sentí inexplicablemente/ hastiado,/ hasta que me escabullí de mi asiento y/ me fui a caminar solo,/ en el húmedo y místico aire nocturno,/ mirando de rato en rato,/ en silencio perfecto a las estrellas”.

Mirando de rato en rato, en silencio perfecto a las estrellas. Siempre las estrellas. Sigamos a Whitman, sigamos a Kavafis y su luz de la palabra. Leer frente a la inquietud, para sentirnos menos solos, como recuerda C.S. Lewis en ‘Tierras de penumbra'.

Muchos libros y cine cerca ante la noche, ante el vértigo. Leer agazapado.

El médico héroe de ‘Eyes wide shut' recorre una Nueva York nocturna, una ciudad inquietante, desasosegante, mientras Batman es el Caballero Oscuro que lleva a prisión al Espantapájaros, el Joker o Enigma. Están ahí en Arkham. Bill Murray viaja por la noche y el tiempo en compañía de fantasmas, en la historia de Dickens. La película es ‘Scrooged!'. Y Alex de la Iglesia, el loco Alex, discurre su algarabía en ‘Mi gran noche'. Vampirismo y terror en el ‘Drácula' de Coppola. ‘¡Jo, qué noche!' es un Scorsese ligero como una pluma. ‘La última noche' de Spike Lee con un gigante Edward Norton en el papel de su vida. Estupenda. Harrison Ford y Anne Heche hacen diabluras en ‘Seis días, siete noches' y Marion Cotillard en carrera desesperada, angustiante, en la extraordinaria ‘Dos días, una noche'. No olvides la película champán nocturna… ‘Medianoche' de Mitchell Leisen. Vamos con los inigualables Marx al camarote superpoblado de ‘Una noche en la Ópera'. Sigamos a Tony Manero y su bailoteo en ‘Fiebre del sábado noche'. Terror en ‘Una noche en el Soho' y cine dentro del cine en ‘La noche americana'. ‘Blade runner' es noche, fantasía, la búsqueda del vivir más.

Y… ¡Gracias Carlos!… … ‘Fuga de noche'. Gracias a tí descubrí esta película de Delbert Mann. ¡Qué John Hurt! ¡Qué actor! La prisión es la Alemania del Este. El muro de Berlín es el villano, monolítico, ¿indestructible?, vigilado. ¿Cómo escapar? Parece que nadie escapa. ¿Y si construimos un globo clandestinamente? ¿Es posible? ¿Un globo en la noche? Sería una cosa de locos.

¿Cómo siento el cine? Lo siento como fugacidad. Esa es la palabra que busco. Estamos, ya lo dijo Ángel Fernández Santos, en la batalla del cine contra el olvido. Hagamos presente al cine, sacándolo de la oscuridad, de la noche, de la pantalla en blanco, el de un cine sin uso o desmantelado. Hay que reconstruirlo. Hay que reconstruir a los cineastas, porque todos somos cineastas.

Tengo mi cine pequeñito de dos butacas. Programamos juntos Elena y yo, nos gusta la versión original y repetir nuestro cine común favorito; es nuestro eco luminoso. Manta ante el frío. Chocolates y roscones porque soy barman.

Y me despido con el poeta Ángel González… “(…) y te dejo colgada allá en lo alto/ -¡Hasta mañana, noche!-,/ negra, deshabitada, misteriosa”.