Ines Pastor Marazuela Astrofisica KAM9283
Inés Pastor Mazaruela, astrofísica segoviana, en la hemeroteca de El Adelantado. / KAMARERO

Inés Pastor es una de las grandes promesas de la ciencia en el mundo entero. Natural de Segovia, Pastor está a meses de terminar su doctorado en Ámsterdam, donde ha realizado el descubrimiento que la catapultó este agosto a una de las cimas más altas a las que puede aspirar cualquier científico: publicar un artículo propio en la revista especializada ‘Nature’. Pastor lleva muchos años fuera de su tierra. Después de terminar el ‘Bachibap’ en su ciudad, se fue a Toulouse, donde se graduó en Física y realizó un máster en Astrofísica. Con solo 25 años y tras su descubrimiento durante la observación de ondas rápidas de radio, se ha convertido en una de las mujeres más jóvenes en lograr este hito.

— ¿Ha habido algún cambio en tu vida tras publicar en ‘Nature’?

— Pues no diría un cambio en sí. Antes estábamos haciendo las observaciones a la vez que buscábamos otras ráfagas rápidas de radio que no se habían visto nunca antes. Ahora, hemos detectado varias de ellas, por lo que en vez de estar observando la misma fuente y ver si pasa algo nuevo, también estoy investigando algunas de las fuentes que hemos descubierto.

— Parece que la investigación está dando sus frutos, pero, ¿qué son exactamente las ráfagas rápidas de radio?

— Son un fenómeno astrofísico que se ha descubierto hace relativamente poco. Se descubrieron por primera vez en 2007 y son unas emisiones de radio que solo duran unos milisegundos, es decir, menos de lo que se tarda en parpadear.

— ¿Y de dónde proceden?

— Sabemos que vienen de otras galaxias, que tardan cientos de millones o incluso miles de millones de años en llegar desde dónde se han producido hasta la tierra.

— Por tanto, el descubrimiento está basado en la observación. ¿Qué buscáis en ellas?

— Aunque estén tan lejos estas ráfagas, somos capaces de observarlas, lo que significa que tienen que ser muy brillantes para que nos llegue su señal. Desde que se descubrieron ha habido muchas observaciones y se vio que algunas de estas se repetían. Una de ellas lo hacía con un ciclo de actividad periódico, es decir, durante unos días emitía varias ráfagas, pero luego no se medía nada. No obstante, luego se volvía a repetir.

— ¿Cuándo sucedía esto?

— Tenía lugar en un periodo de 16 días. Cuando se descubrió, decidimos observar está ráfaga rápida de radio usando dos radiotelescopios en los Países Bajos. Uno de ellos observa a mayores frecuencias y otro, a menor frecuencia. Y nosotros no solo lo detectamos a altas, sino también a bajas frecuencias.

— ¿Cómo es esto posible?

— Esta era la primera vez que se veía y, además, vimos que las ráfagas llegaban antes a altas frecuencias y durante menos tiempo. Después, al cabo de dos días aproximadamente, se veían a bajas frecuencias durante un tiempo más largo. Esto era un comportamiento del que no tenían constancia algunos de los modelos que habían intentado dar una explicación a la periodicidad

— ¿Por qué se produce?

— En el artículo para Nature, explicamos que la fuente que emite la ráfagas rápidas de radio es un magnetar, es decir, una estrella de neutrones con un campo magnético muy fuerte que está en un sistema binario con una estrella masiva o con otra de neutrones, la cual emite vientos. Estos impiden que la emisión de las ráfagas rápidas de radio lo atraviesen, por lo que, según giran, hay un momento de la órbita en que la el magnetar que emite las ráfagas rápidas de radio está dirigido hacia la Tierra. Ahí escapan las ráfagas que vemos.

— Este descubrimiento es de gran relevancia en la astrofísica. Sin embargo, ¿cómo puede afectar a una persona que no tenga grandes conocimientos sobre ello?

— Muchas veces la investigación se hace con un objetivo determinado de aplicarlo a la sociedad. A veces, esto se ve años más tarde, incluso décadas. No obstante, las ráfagas rápidas de radio, como es un fenómeno que emite tanta energía en tan poco tiempo, podría servir para ver cómo se produce esa energía. De hecho, sería útil reproducirlo en la tierra para encontrar una manera alternativa de producir energía. Aunque tampoco sabemos si este fenómeno astrofísico tiene cabida, ya que quizá se requieren unas condiciones físicas que no somos capaces de imitar.

— Entonces, ¿qué cabe esperar?

— Creo que esto sucede en todas las ramas científicas. Muchas veces se investiga algo y a veces no le encuentras ninguna aplicación o, a modo contrario, son aplicaciones muy inesperadas, como puede pasar también en el campo de la medicina con las vacunas y el MMR (la vacuna combinada contra el sarampión, las paperas y la rubéola), que se lleva investigando desde hace años y al principio no se pensaba que fuera a ser útil.

— Esta profesión implicará mucha presión, ¿cómo consigues sobrellevarla?

— Es difícil y tengo que reconocer que también hay mucha competencia entre diferentes equipos de investigación, sobre todo si es un tema que está de moda. Pero al final hay bastantes telescopios en todo el mundo, cada uno con unas propiedades de observación diferentes. Por ejemplo, puede haber equipos trabajen con un telescopio específico y que observen la misma fuente, pero no van a descubrir exactamente lo mismo, porque está en otra parte del mundo. No se puede observar lo mismo a la vez. Quizá en algunos casos no es visible lo que nosotros observamos, y viceversa.

— ¿Hay alguna cuestión determinante?

— Las diferentes características que pueden tener son la frecuencia y la resolución temporal. Todo eso afecta lo que vamos a ver al final.

— ¿Y qué otras posibilidades hay para llevar a cabo la observación?

— Por ejemplo, dos equipos pueden pedir tiempo de observación con el mismo telescopio para investigar Pues aunque todos intentemos observar lo mismo, siempre vamos a ver cosas diferentes. Es información complementaria y tampoco tiene que superponerse, sino que podemos ayudarnos entre todos.