Kes
Kes

En el Imaginación necesito de nuevo un buen carpintero cinéfilo que coloque un cartelón en el exterior, con fondo azul, blanco y rojo, como la bandera francesa. Se borra rápidamente el color de la libertad, la igualdad y la fraternidad. No hay pintura y no hay escalera para subir allá arriba a armarlo. Hay temblor en mi Cine Imaginación, atenazado por su oscuro leviatán. Es la batalla del cine contra el olvido, es ser memoria de las cosas.
Estoy desanimado. He olvidado a Ken Loach. Tantas películas que vi del cineasta británico y las he olvidado. Queda agazaparse en alguna de ellas para tener en cuenta a Loach, su memoria, su ilusión, para poder escribir esto. Seguramente todas sus películas son una única película. Ecos de una película gigante. Un montón de años dedicados al cine. Me gustan esos cineastas veteranos que han filmado tanto cine y que décadas después siguen trabajando, siempre defendiendo el cine.
Ahora, con “The old oak” (“El viejo roble”), Loach vuelve a plantearse la retirada, ya cerca de los noventa años. Ojalá siga filmando. Hasta el fin. Ojalá encuentre fuerza, porque no hay otro cineasta como él. La escritora Clotilde Chinnici ha escrito sobre esa nueva película. El viejo roble es el nombre de un bar. Chinnici dice lo siguiente: “Montones de cosas pueden decirse de la película, como la belleza de la cinematografía, excelente actuación y maravillosa dirección, todo lo que hace que la historia cobre vida, pero lo que realmente importa en la película es la humanidad que brilla en toda ella. Es un bello recordatorio de lo que una comunidad es y puede ser, no importa el país o el origen, religión o color de piel”.
¿Es posible cambiar las cosas? ¿Un mundo mejor? ¿Ser cínicos o románticos? Quizá hemos olvidado estas preguntas. “Humanidad”, nos dice el texto de Chinnici; ella también nos cuenta que ese viejo roble comunica nuestro poder para hacer algo, para cambiar nuestra realidad, sea a través del arte, la protesta o cualquier otra forma de solidaridad.
Humanidad. Solidaridad. ¡Qué palabras olvidadas!

 

the old oak
the old oak

Me pregunto si todavía hay cinéfilos interesados en Loach. ¿Existen? Muchos pensaran que está desfasado, caduco. El capitalismo salvaje ha triunfado. Es el mejor peor sistema. Pero Loach crea la voz de los que no tienen voz. La esperanza: “Es una cuestión política. Cuando la gente la pierde, vota al fascismo”.
¿Ken Loach es optimista o no? “Tengo que serlo, maldita sea. Esto es como el fútbol. Hay un partido nuevo cada sábado. Puede que hayamos perdido los últimos tres, pero volvemos a jugar el sábado y puede que ganemos. La esperanza es un asunto político, porque si la gente tiene esperanza y se les dice que tienen la fuerza de cambiar las cosas podremos avanzar”.
¿Es excesivo Loach al denunciar la muerte de la solidaridad? Cuando lo ha dicho ha sido quizá un mal momento, porque luego en su cine aparece la esperanza. Pero él afirma que la solidaridad sólo existe en pequeños grupos. No quiero pensar así. ¿Muerte de la solidaridad? Sería una pesadilla en carne y hueso. ¿Tendrá razón Loach? No lo sé.
Podemos preguntarnos por el trampolín de su cine: “¿Qué me impulsa a filmar, entonces…? Lo que me lleva a querer hacer una película son esos pequeños momentos que descubro entre la gente, pequeños intercambios, algunas experiencias, fragmentos de la realidad a los que yo trato de dar cierta unidad, a través de una narrativa y de un conflicto dramático… Eso es lo que me lleva a filmar”.
Y se distancia del cine como arte. Lo ve de otra manera: “En realidad creo que la palabra “arte” es muy peligrosa. Creo que simplemente lo que ocurre es que uno comunica lo que uno quiere comunicar de la manera en que mejor le sale. Quizás deberíamos hablar de “comunicador” en vez de “artista” porque es una palabra menos ambiciosa. Si uno está en la situación de poder comunicar tiene la responsabilidad (como ser humano) de tratar de interpretar el mundo en el que vivimos, expresar dicha visión y compartirla”.
Y sigue: “El problema es que el cine es visto básicamente como un bien, como una mercancía. No es considerado un medio de comunicación sino un producto. Es una inversión en la cual la gente que está en la industria busca conseguir recuperar las inversiones que han hecho y sacar ganancias”.

 

el viento que agita la cebada
El viento que agita la cebada

El mundo de las plataformas, las nuevas maneras de ver cine: “Soy bastante mayor ya, y creo que el cine funciona mejor cuando ves las películas con gente, cuando tienes una experiencia común, nos reímos juntos, nos tocamos, hay una respuesta común. Eso es enriquecedor, más fuerte que sentarte en casa solo y verlo en un portátil. Sientes que entras en la película, en casa no hay nadie con quien compartir. Pero bueno, es que no tengo ni ordenador”.
Su guionista durante tantos años, Paul Laverty: “Nosotros tenemos mucha suerte, porque hacemos películas de bajo presupuesto. Eso quiere decir que terminan siendo bastante rentables. Nadie gana una fortuna, pero todo el mundo recupera su dinero, lo que nos permite hacer la siguiente película”.
Hacer memoria para luchar contra el poder omnipotente del olvido. Escribiendo aquí, en El Adelantado, hago memoria, recuerdo, veo cine que se había borrado de mi cabeza, como si nunca hubiera existido. La frase tótem de Carlos Gracia: “El cine se hace también viéndolo”.
Loach surge, curiosamente, de la actuación teatral, aunque él mismo dice que no era nada bueno en esta faceta. Es en 1963 cuando obtiene una beca para trabajar en la BBC. Hace en esos años televisión, documentales, y su película clave, “Kes”, en 1969. En “Kes” está todo.
Afirma que ahora vivimos la avaricia de las grandes corporaciones, que todo se rige por el deseo y el afán de dinero. El dinero, siempre el dinero. Ahí está todo el asunto.
Sobre los premios a “Yo, Daniel Blake”: “Los premios, todos, dan validez a las películas. Esta película es un retrato de la vida de la gente en Europa. Un tipo de vida que está padeciendo mucha gente y la película les da una fuerza añadida, les dice que vale la pena resistir y que tienen una voz”.
Se ha dicho que Loach es un revolucionario sin fusil. ¿Qué pretende realmente Loach con su cine? Me fijo en una de sus películas, “La cuadrilla” (“The navigators”). Habrá quien diga que es una película de lo público frente a lo privado, de la putrefacción sin límite del dinero.
Yo la he visto como una película sobre el compañerismo y más allá, sobre la amistad. Me encanta esa palabra: “compañerismo”. ¿Pueden el compañerismo y la amistad ser corrompidos por el dinero? ¿Puede pudrir el dinero todo, incluso esas palabras? ¿Es posible? Esa es la gran pregunta que Loach nos plantea en esa película olvidada, escondida, que el cinéfilo puede encontrar.
¿Qué debe contar un cineasta? Loach responde película a película, en esa gran película gigantesca que abarca todo su cine. Como en “Lloviendo piedras”, la historia de un padre que quiere comprar un traje de primera comunión a su hija y que anda humillado, sin poder hacer
realidad ese deseo. La humillación económica le atenaza. Y encima le roban su furgoneta, su pequeño medio de subsistencia. Intentará con su viejo amigo vender las chuletas de un cordero robado o estará dispuesto a cualquier trabajo. Pero no hay escapatoria.
De nuevo es una amistad verdadera, como pequeña esperanza o unión. ¡Pero es tan difícil encontrarla! ¿Y como mantener el optimismo y no hundirse en la desesperación?
Me dirijo a mi viejo amigo Rubén Sánchez y le pregunto por Loach. Me centro en las miradas cinéfilas, por si yo ando cegato. Sobre Loach me dice lo siguiente: “El último director de cine político, pero también un as en momentos más ligeros”.
Jorge Andrés, de La Casa del Cine, templo para cinéfilos, reflexiona: “Le conocí en el Parlamento Europeo durante la presentación de “Sorry, we missed you”. Tras la presentación me quedé con la sensación de ser un soñador que aún cree a su edad que se puede despertar a la clase obrera con el único medio artístico que consumen”.
Sí, “soñador”, me dice Jorge. Y el cine es sueño, sin duda. La pregunta que constantemente me hago durante este escrito: ¿Por qué Ken Loach no ha dejado de filmar? Me fijo en lo que decía Chinnici sobre “The Old Oak”: “”Oak” comunica nuestro poder para hacer algo para cambiar nuestra realidad, sea a través del arte, la protesta o cualquier otra forma de solidaridad”. La esperanza, dice Loach: “La esperanza es una cuestión política. Cuando la gente la pierde, vota al fascismo”.
Así que Loach, consecuentemente, no puede dejar de filmar.

 

Loach surge, curiosamente, de la actuación teatral, aunque él mismo dice que no era nada bueno en esta faceta. Es en 1963 cuando obtiene una beca para trabajar
en la BBC. Hace en esos años televisión, documentales,
y su película clave, “Kes”, en 1969. En “Kes” está todo

El veterano Ken Loach lleva más de cincuenta años haciendo cine, curtido en la BBC, documentalista, cineasta de ficción, y una idea fija que no ha salido de su mente, una idea que sólo un británico, quizá, podía llevar a cabo: “La gente que decide que películas se hacen, es decir, los productores, los distribuidores y las televisiones, ninguno de ellos quiere hacer películas radicales. Y es lógico: son parte del sistema. (…) A la hora de elegir prefieren una comedia romántica o una película de superhéroes. Conozco montones de jóvenes a los que les gustaría contar este tipo de historias sociales pero no encuentran financiación. Yo tuve mucha suerte cuando empecé en televisión en 1963. Podíamos hacer ficción contemporánea con bastante libertad. Si yo empezara a trabajar hoy, no me darían esa oportunidad. Ahora la televisión es un vehículo para el espectáculo y está muy controlada. Hay una enorme burocracia, con un montón de filtros: jefes, desarrolladores de proyecto, productores, directores de área, directores de canales. Y todos tienen una opinión. Todo el mundo quiere meter la cuchara en un guiso que no es el suyo. Cuando mi generación empezó a trabajar, esa gente no existía”.
Vuelvo a aquella película: “Lloviendo piedras”. Nos coge y nos coge del cuello. Nos retuerce, nos aplasta la cabeza con una bota. ¿Cómo sobrevivir? ¿Nos dejará respirar el villano?
La esperanza. Los nuestros. Nuestros seres queridos, nuestros amigos, si tenemos la suerte de que existan.
Incluso, a veces, el buen humor ante la desesperación, como en “Buscando a Eric”, la película de otro personaje en un callejón sin salida. En esta película el fútbol es el guiño, con el futbolista Eric Cantona que se aparece al cartero protagonista. ¿Es ese Cantona un fantasma? ¿Es una imaginación inventada por el protagonista para escapar, para intentar encontrar soluciones? Me quedo detenido en una afirmación del fantasma: “Tienes que confiar en tus compañeros. Si no, estás perdido”.

 

ken loach y paul laverty
Ken Loach y Paul Laverty

Cantona le dice que su mejor jugada no fue un gol, sino un pase a un compañero.
¡Qué película sencilla y maravillosa!
Pero yo me quedo con “Kes”, su pelicula de 1969. Ya allí estaba todo. Allí ya estaba la asfixia de un villano opresivo. Es la película que quizá mejor resume el pensamiento de Ken Loach (también otro “quizá”: es su obra maestra). Loach era un treintañero cineasta que quiso contar la historia de un niño, Billy Casper, que habita un ambiente irrespirable.
Billy tiene al villano metido en su propia cama. El villano no le deja dormir, no le deja pensar con claridad, le deja sin bicicleta o juega con maldad con el libro guía que Casper atesora y estudia.
El villano está en cada rincón de su pueblo, en uno u otro maestro esperpéntico, penoso. El maestro verdadero está muy escondido. ¡Hay que encontrarlo! Casper tiene que ser su propio maestro para resistir a la asfixia, al agua helada con la que el villano le tortura. Pero… ¡Vamos, Casper!
Loach está de nuestra parte, se une al héroe. Aparece la ilusión, la propia iniciativa y un libro escondido. Aparece Kes. ¡Qué belleza de película! Una película para la historia del cine.
Ken, espero con ansiedad tu nueva película. E intentaré recuperar tantas otras que he olvidado.